Imponentes
torreones de piedra gris oscura se alzaban ante mí y me dejaban sin aliento, ya
que poseían una gran belleza que hacía que cada vez me sintiera más pequeña en
el extraño mundo en el que había empezado a introducirme.
Estaba
contemplando un enorme castillo de siglo desconocido para mí, pero no era eso lo que me
dejaba extasiada, sino un sentimiento de fuerza y estabilidad que me transmitía
aquel lugar y me llenaba de energía.
Antes de
salir en el vuelo hacia Inglaterra, la directora Soret me había llamado para
informarme de que me llevarían a un internado privado en el que solo
residiríamos los doce elegidos, pero no me esperaba que con internado se
refiriese a un enorme castillo.
Miré a mí
alrededor algo desesperada ya que me encontraba totalmente a las afueras de
Londres, dónde la zona social más próxima estaba a dos horas de trayecto en
coche, es decir, aislamiento absoluto. Suspiré en un momento de nostalgia, pero
al segundo levante la cabeza firmemente y me dije a mi misma que debía continuar
adelante.
Me di cuenta
de que en realidad el paisaje era muy hermoso, en los alrededores era todo
hierba verde muy bien cuidada, sin embargo fuera del área cercana al castillo
el suelo era terroso y húmedo y todo estaba poblado por un bosque de hayas; muy
al fondo de la explanada trasera del castillo se apreciaba un acantilado que
daba al mar grisáceo y removido. A penas se veía el sendero de tierra por el
que había venido ya que todo el bosque de hayas lo tapaba; sin embargo al
llegar cerca del castillo, pude reparar algo sorprendida en que los tonos de
verde de la hierba que brillaban por los rayos de sol escondidos tras las
nubes, iban acompañados de los suaves tonos blanco y malva de las campanillas y
las lavandas de mar que crecían por todos lados creando un efecto óptico que me
hacía creer que estaba en un sueño en el que se respiraba paz y armonía; me
sentía tan abrumada que tuve que sacudir la cabeza un par de veces para
despertar de la ensoñación.
Di un paso
al frente y antes de entrar admiré las enormes puertas que tenía frente a mí,
eran de madera maciza y tenían pinta de ser muy pesadas; posé mi mano en una de
las puertas y con mis dedos recorrí los bonitos labrados que decoraban la
puerta, en la palma de mi mano sentía un cosquilleo, como miles de hormigas que
me recorrían; se fue extendiendo por la muñeca, el brazo y el hombro, mi cuerpo
entero se sentía cargado de una energía inexplicable que me hacía sentir más
fuerte y segura. Aparté lentamente la mano de la puerta y la dejé caer a mi lado,
ya no sentía esa corriente de energía, pero las secuelas seguían ahí y mi
cuerpo me pedía más, como si tuviera sed, pero no era de agua sino de algo más
complicado que no entendía. Poco a poco la sensación desapareció y la fuerza
que me había dado se esfumó, por lo que me llevó unos minutos reunir el coraje
suficiente para llamar a la puerta del que sería mi nuevo hogar.
Al pasar
hacia el interior me quedé encantada por la belleza de la estancia, sin duda el
estilo de los muebles iba a juego con la fachada, todo parecía impreso
directamente del pasado, sin embargo, todos y cada uno de los muebles no
estaban viejos ni carcomidos por el paso de los años, como cabía esperar, sino
que estaban nuevos y relucientes, lo cual significaba que no hacía mucho habían
remodelado el interior pero manteniendo el aspecto inicial.
Mis pasos
lentos y el rodar de mi gran maleta quedaban ahogados por la larga alfombra
persa que se extendía casi por toda la entrada, sus colores granate y ocre se
mimetizaban con el entorno. En las paredes había inscripciones enmarcadas y
escritas en diferentes idiomas de los cuales solo identifiqué latín, inglés y
portugués; además de retratos de personas que no reconocía, aunque todas tenían
aire de importancia. Lo que me pareció muy extraño fue que en todos los
retratos solo había chicos y chicas jóvenes de entre 16 y 18 años; de repente
me fijé en un retrato que por un momento me dejó sin aire, me acerqué a él cada
vez más y me quedé perpleja al contemplar que la chica del retrato era idéntica
a mí, bueno, casi.
Tendría unos 17 años y tenía los
ojos tan negros que apenas se distinguía la pupila, pero tenía un brillo y una
viveza que eran inexplicables, su pelo era igual que el mío, ondulado,
indomable y negro como el azabache, su boca, su barbilla eran idénticas a las
mías, los únicos rasgos que eran diferentes, eran los ojos, los suyos eran
negros y algo pequeños, y los míos son grises y más bien grandes; también había
una pequeña diferencia, ella tenía tres lunares en el final del ojo, cerca de
la sien, y lo más raro es que los tres tenían forma de media luna. Todo en
conjunto la hacía parecer exótica y atractiva, bajé la vista hacia una placa
dorada debajo del retrato, en ella rezaba <<Yeira Arafat: 1945.
Generación 11, número 11. Poder: Espacio. >>, ahora si me cuadraba, ella
era mi abuela, de joven claro, pero al fin y al cabo mi abuela.
-Vaya, es
idéntica a ti.- dijo una voz femenina detrás de mí que me hizo
sobresaltar.-Excepto por los ojos claro. Oh, ¿te he asustado?
-No. Bueno
si, pero no importa.-Dije con una media sonrisa.
Miré a la
mujer que tenía frente a mí, no tendría más de 25 años, su pelo era pelirrojo y
muy lacio, sus ojos grandes eran color avellana y en la nariz y en los pómulos
tenía unas pocas pecas casi imperceptibles. Era algo más alta que yo, pero creo
que se debía a los altos botines negros que llevaba, es más, vestía un modelito
bastante caro y exclusivo como para ser una simple empleada de por allí,
llevaba unos pantalones pitillo negros con un botón dorado en el que se leía en
letras pequeñas <<Dolce & Gabanna>>, también iba a juego una
camisa blanca de manga larga que tenía los tres primeros botones desabrochados donde
colgaba un largo collar doble de perlas negras, su colonia era suave, y me
sonaba a una que usaba Kate, ¿era Dior? No sé, el caso es que parecía tener
bastante dinero a pesar de lo joven que era.
-Eres
Táhmina, ¿cierto?-Por su tono de voz parecía una pregunta retórica, pero aun
así asentí.- Yo soy, Anneliese Black, pero todos me llaman Annie o entrenadora
Black. Voy a ser tu entrenadora en distintos tipos de lucha cuerpo a cuerpo,
aunque por el momento solo me voy a encargar de enseñarte esto.
Me lanzó una
sonrisa que me dio escalofríos, pero luego pensé que era imposible que ella
supiera ningún tipo de lucha por la pinta de Barbie rica que tenía, sin embargo
había algo más en su forma de andar, como si estuviese a la defensiva todo el
rato.
La seguí a
través de la sala mientras miraba con curiosidad cada rincón, me fijé en que
había una alta mesa semiesférica con una gran placa que decía
<<C.I.E.P.>>, y detrás de ella se encontraba una mujer algo mayor, de
unos 50 años o así, tenía pelo rubio claro y ojos azules enmarcados por grandes
arrugas causadas por el paso de los años.
-Yulia, ¿te
importaría darnos un plano del internado?-Su voz denotaba cariño, aunque
también autoridad y respeto. Hizo una pausa.-Ah, y también danos una copia con
el horario y las normas.
-Claro,
señorita Black.-Sonrió. Su acento era extraño, parecía de Rusia, pero no estaba
segura porque a penas se percibía.
La
entrenadora Black suspiró levemente y dibujó una pequeña sonrisa en su rostro.
-Yulia,
sabes que en el trabajo también puedes llamarme Annie.-dijo la entrenadora Black.
Yulia
levantó la vista del ordenador para darle lo que había pedido a la entrenadora
Black y se fijó en mí. Me miró directamente a los ojos sin pestañear ni
sonreír, pero no me dio miedo que se me quedase mirando así.
-¿Tú eres la
número 11?-preguntó con voz neutra y quizá algo de fingida curiosidad.
Asentí
lentamente y ella se levantó de la silla y salió de detrás de la mesa,
observándome como si me estuviese estudiando y calificando. Me cogió de la
barbilla y asintió.
-Una niña
muy bonita.-Sonrió dulcemente e hizo una pausa. Luego puso una mueca de
concentración y pasó sus manos por mis hombros y mis brazos apretándolos con
fuerza, pero sin hacerme daño. Era muy extraño.-Hummm…Si. Tiene buena
musculatura, aunque está poco trabajada. Señorita Bl…Annie, espero que te
encargues bien de ella, parece tener potencial.
Miré
extrañada a la mujer y luego a la entrenadora Black, ¿qué quería decir con que
parecía tener potencial?
La
entrenadora Black asintió solemnemente y se despidió de Yulia con una sacudida
de cabeza. Me tocó el brazo para indicarme que la siguiera y me despedí de
Yulia con la mano, mientras que ella me respondía con una media sonrisa.
Caminamos
hacia la derecha de la sala y la entrenadora Black abrió una puerta del mismo
estilo que la de la entrada y al pasar a través de ella me quedé sin
respiración del asombro.
Todo lo que
había ante mis ojos era hermoso y verlo me dejaba sin aliento. Al pasar a
través de la puerta de la sala de recepción accedimos a un pasillo del mismo
estilo que la fachada del internado, la pared derecha era de piedra gris oscura
y algo gastada, en ella había puertas siguiendo el estilo de los labrados de
las puertas que había visto anteriormente alternadas con arcos de piedra que
hacían de ventanas que daban al paisaje exterior, sin embargo, en el lado
derecho, donde debería haber estado otra pared de piedra, había grandes arcos
que hacían de entrada a un jardín de tamaño monumental, casi no se podía ver el
fondo del jardín; en la zona sur de este se encontraba un pequeño lago con unos
nenúfares en el centro de este y los bordes llenos de hierba que se extendía
por toda la explanada como un manto verde sin fin dónde descansaban preciosas
campanillas y lavandas de mar que junto con los arces japones y los sauces
llorones que rodeaban unos bancos de piedra gris clara creaban un paisaje
surrealista, ¿cómo era posible que esos tipos de plantas crecieran en el mismo
ambiente? Parecía imposible...
El conjunto
natural creaba un ambiente mágico e inexplicable, observarlo me llenaba de paz
y estabilidad.
-Bonito,
¿verdad?-dijo la entrenadora Black.
-Es…increíble.-casi
no me salía la voz.
Sacudí un
poco la cabeza para volver en mí, y me acordé de que mi cabeza estaba llena de
preguntas que necesitaban respuesta.
-Entrenadora
Black, ¿cómo es posible que todas estas plantas crezcan juntas?-pregunté frunciendo el ceño, no me entraba en la cabeza que eso fuese
posible.-No parece posible...
-En realidad
no me corresponde a mí darte esa respuesta, pero te veo algo ansiosa.-dijo
suspirando levemente.-Todo este jardín lleva aquí desde la primera generación
de los doce, nacida en 1445, ellos fueron quienes construyeron este gran
castillo, más o menos tiene unos 6 siglos de vida, y aunque parece imposible es
cierto. Cada vez que una generación pierde sus poderes para traspasarlos a sus
descendientes el jardín muere, pero en cuanto la siguiente generación nace y
los poderes empiezan a resurgir de nuevo el jardín revive para convertirse de
nuevo en lo que era. En realidad no hay una explicación científica para determinar la vida de este jardín, pero tenemos la teoría de que morirá cuando vosotros perdáis vuestros poderes y no podrá volver a recuperarse... Es algo triste.
-Vaya…-no
sabía que decir, así que cambié de tema.- ¿Dónde nos dirigimos?
-A mi
despacho, tengo que registrar y verificar ciertos datos sobre ti.-Ni si quiera
se dio la vuelta para mirarme, solo siguió andando rápidamente a pesar de los
altos botines que llevaba.
La seguí lo
más de prisa que pude, pero el jardín me tenía hipnotizada. La entrenadora
Black se paró ante una puerta en la que había una placa dorada con letras grabadas.
-Este es mi
despacho.-Hizo una pausa para mirarme antes de abrirlo y suspiró.-Mira Táhmina, sé que esto es bastante difícil de
asimilar, pero debes hacerlo cuanto antes porque mañana empezarás con tu
horario y si no te adaptas rápido no habrá resultados.
Giró la
llave que abría el despacho y entramos. Era pequeño pero con buena luz ya que
había una gran ventana que ocupaba de ancho casi toda la pared del fondo, pero
no era muy alta, estaba enmarcada por largas cortinas color vino oscuro sujetas
por gruesas cuerdas color ocre. En la pared de la puerta y de la derecha estaba
llena de fotos de la entrenadora Black, solo que en una de ellas la entrenadora
Black tendría unos 13 años y sujetaba un enorme trofeo acompañada de Yulia con
casi treinta años, diría yo; también me fijé en que había muchas medallas y
una vitrina en la pared con infinidad de trofeos con distintas fechas y formas.
En la pared de la derecha había dos estanterías repletas de libros que parecían
hablar de distintos tipos de lucha. Los negros botines de la entrenadora hacían
crujir el suelo de madera oscura a juego con las paredes color granate oscurecido,
quizá por la antigüedad; la entrenadora Black se dirigió hacia su mesa, que se
encontraba en el centro de la habitación, esta era de un estilo al igual que
los muebles que había visto en la entrada del internado, robusta y oscura, en
ella había un ordenador sobremesa de Apple junto con su teclado
correspondiente, también había un par de gruesas carpetas negras y dos
lapiceros negros con bolígrafos y portaminas. La entrenadora tomó asiento en una silla del estilo de la mesa, la tapicería era del mismo color
que las paredes. Me hizo un gesto con la mano para que yo
también tomase asiento, abrió un cajón de su mesa y sacó un fina carpeta marrón
en la que ponía en letras azules <<Confidencial. Propiedad del Círculo
Interior>>.
-Veamos…-dijo
la entrenadora mientras se rascaba la sién.-Esto, por así decirlo es tu
expediente…Sólo tienes que responder unas pocas preguntas.
Asentí preparándome
para lo que viniese, fuese lo que fuese.
-¿Cuál es tu
nombre?- dijo sin mirarme.
Arqueé una
ceja, era una pregunta bastante tonta.
-Táhmina
Nava…Arafat. Táhmina Arafat.-Tosí levemente, quizás la pregunta no fuese tan
tonta como parecía.
-Naciste el
diecinueve de noviembre de 1995, ¿cierto?
-Sí.
-¿Cuál es tu
poder?
-Humm…-Bajé
la cabeza y me miré las manos.-Controlo todo lo que tiene que ver con el
espacio.
-Así es.
Bien.-Hizo una pausa y me miró indecisa.- Táhmina, ¿te encuentras bien?
-Sí,
claro.-Levanté lentamente la cabeza y me fijé en que la entrenadora Black me
miraba, estaba mareada, pero seguramente sería por los nervios.-Sigue, no me
pasa nada.
-Está bien.
Solo quedan un par de preguntas y podrás irte.- ¿Dónde naciste?
-En Madrid,
España.
-¿Mantienes
relaciones de amistad o amorosas con alguien fuera del círculo?
-Humm…Sí, de
amistad sí.
-Bien. ¿Y dentro del círculo?
Esa pregunta
hizo que todos los músculos de mi cuerpo se tensaran y solo me viniese un nombre a la mente, James.
-N-No…-En
cierto sentido estaba diciendo la verdad, lo nuestro solo había sido una noche,
no significaba nada, o eso creía.
-Vale, ahora
te daré una hoja con las normas de convivencia y… me tienes que dar tu móvil y
todo aparato electrónico que te pueda poner en contacto con tu familia o con
tus antiguos amigos.
-P-Pero… ¿Por
qué?- No quería dejar de hablar con mis padres, ni con Kate, los necesitaba.
-Mira
Táhmina, es una norma del centro, y lo siento mucho, pero es una medida de
precaución, podrías poner en peligro a tu familia o a tus amigos, o
incluso a ti misma. Por favor dámelo.
Metí mi
temblorosa mano en el bolsillo del abrigo y saqué mi móvil, la entrenadora
Black lo guardo en uno de sus cajones y lo cerró con la misma llave que había
abierto su despacho. Vi que abría otro cajón y sacaba una caja blanca y me la
tendía.
-Este es
otro móvil, es nuevo, pero me he encargado de ponerte los números de tus
compañeros del círculo y de algunos miembros que trabajan aquí.
Asentí y me
di media vuelta para coger mi maleta y marcharme de aquel lugar. Me sentía muy
cansada, entre el viaje y las estúpidas preguntas no soportaba nada. Miré que
tenía el puño derecho cerrado con fuerza y que dentro de él había una hoja muy
arrugada. Vi que se trataba de la hoja de normas que me había dado la
entrenadora, intenté alisar un poco las arrugas y comencé a leer.
*Primera
norma: Está terminantemente prohibido hablar del círculo con personas ajenas a la existencia de este o que no sean miembros directos de él.
Bien,
primera norma fallada, ya le había contado a Kate la existencia del círculo.
*Segunda
norma: No mantener ningún contacto con personas de la vida fuera del círculo,
familiares incluidos.
La cosa iba
mejorando…
*Tercera
norma: No mantener ningún tipo de relación amorosa con ninguno de los miembros
del círculo.
Chuta, remate y gol. Las
normas ya me estaban tocando un poco las narices, anduve enérgicamente mientras
leía enfurecida sin razón alguna, y no me di cuenta hasta que fue tarde.
Me choqué
con algo duro y todo lo que llevaba en las manos cayó al suelo estrepitosamente
mientras yo rebotaba hacia atrás y miraba confundida para ver con qué o quién
había chocado.
-Perdona, no
te había visto.- Se me paró el corazón y me dieron ganas de caerme de rodillas
al suelo del susto.- Tam, ¿te encuentras bien?
James se
agachó para recoger las cosas mientras yo, con mi cara de imbécil pasmada, lo
miraba boquiabierta.
-Sí. Humm…gracias.-
Cogí las cosas rápidamente y me dispuse a irme, pero James fue más rápido y me
sujetó por el brazo; a pesar de las capas de ropa su contacto fue como un
pequeño latigazo de electricidad que se extendía rápidamente por todo mi
cuerpo.
-Tam,
espera. Por favor.- Me giré poco a poco y me encontré muy cerca de él. Mi
corazón iba a mil por hora.-Todavía tenemos que hablar, me tienes que explicar
que te pasó cuando hablaste con la directora Soret.
El mero
hecho de recordarlo hizo que me doliera todo el cuerpo y me quedase paralizada
con un nudo en la garganta.
-James, lo
siento, pero no tengo nada que explicarte.- Contuve un segundo la respiración y
volví a hablar.- Lo que ocurrió esa noche fue un error.
-¿Lo dices
en serio?-Parecía como si el corazón se le estuviese quebrando en miles de
pedazos.-No entiendo por qué…
-No, James.
Yo…-Hice una pausa para poder aguantarme las lágrimas y tener coraje suficiente como para
decirle algo que le destrozaría.- Te respeto como compañero y…tendremos que
protegernos el uno al otro porque somos miembros del círculo, pero… no te
quiero. No me importas nada y quiero que olvides lo de esa noche, porque yo ya
lo he olvidado.
Soltó mi
brazo y dejó caer su mano, como si se hubiese quedado sin fuerzas, me miró como
si fuese la peor persona del mundo.
-Ya nos
veremos en los entrenamientos…- dije para despedirme, y me fui apresuradamente.
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