domingo, 17 de marzo de 2013

Capítulo 8

Salí del baño y fui directamente hacia los ascensores para bajar a la planta baja, no tenía que pasar por la habitación ya que lo único que llevaba era el móvil y el uniforme del instituto.
Llegué a la salida del edificio y vi un coche diferente al que me había recogido en el instituto, era un volvo s60 negro,la verdad es que era bastante elegante, pero no tanto como el que me había recogido en el instituto; aunque realmente no reparé en esos detalles, todavía seguía afligida por los acontecimientos recientes.
Entré en el coche y lo primero que vi fue el rostro de preocupación de la directora Soret, intenté sonreír para suavizar la situación, pero lo único que conseguí fue hacer una mueca de desconsuelo que apenas se asemejaba a una sonrisa.
Me senté en el lado derecho del coche e inconscientemente miré al espejo retrovisor de delante; vi a James, su cara reflejaba una enorme preocupación e incomprensión, y noté que me faltaba el aire del dolor que provocaba su mirada en mi. Aparté inmediatamente la mirada y me aguanté las lágrimas como pude, miré al exterior y recordé con ansiedad todo lo que había pasado desde anoche; noté una mano posarse encima de mi rodilla y di un respingo, miré a la directora algo extrañada pero en sus ojos pude notar un atisvo de apoyo. Miré por la ventana tintada de negro, el paisaje avanzaba cada vez más rápido, realmente no sabía en qué lugar exacto me encontraba, pero presentía que el viaje sería largo.
                                                 
                                           * * *

Busqué las llaves torpemente debajo del felpudo de mi casa, abrí la puerta y entré por fin en mi casa, cerré con fuerza la puerta y miré en derredor.
-¿Mamá?- esperé una respuesta.-Ya he llegado.
Seguramente se había ido a trabajar, suspiré ruidosamente y me dirigí hacia la cocina. Al entrar vi una nota que decía: ''Cariño, si llegas y yo no estoy llámame por favor, quiero que nos despidamos. Te quiere, mamá.'' Arrugué la nota y la hice una bola, estaba frustrada y las ganas de llorar eran cada vez más grandes, pero debía aguantar, si no era por mi misma, lo haría por las personas que se preocupan por mi. Subí a mi habitación, ya llamaría a mamá después, aunque solo tenía una hora antes de salir al aeropuerto. Saqué una maleta verde oscura y la abrí encima de mi cama, era tan grande que casi se salía del colchón. Abrí el armario y empecé a echar la ropa sin ton ni son a la maleta. Cuando acabé me di cuenta de que en la maleta todavía quedaba espacio en un amplio bolsillo, allí podría meter algún objeto personal; abrí la cremallera del bolsillo, y allí encontré un fotografía algo arrugada, la cogí lentamente y me senté en el borde de la cama. En la foto aparecíamos Kate y yo, era finales de primavera, prácticamente verano, esa foto nos la habíamos echado en Oia, una de las islas de Grecia. Fuimos allí en nuestro viaje de estudios en 4º de la ESO, esa foto nos la echó Andrés, un amigo que se fue del instituto al siguiente año porque a su padre lo trasladaban a Galicia. Ese día habíamos visto el amanecer en la playa y horas después Kate y yo nos perdimos en una de las pintorescas calles de la isla. Sonreí al recordar los buenos momentos de ese viaje, una lágrima caliente y salada surcó mi rostro, intenté cazarla con el dedo, pero esta se deslizó rápida por mi mejilla y cayó en la foto, la limpié con el pulgar y miré al techo. Estaba desesperada, no quería irme a ningún sitio, solo quería seguir con mi vida y no tener que separarme de la gente que me quiere.
Me sequé la cara y metí de nuevo la foto en el bolsillo, me dirigí hacia el escritorio que estaba junto a la ventana, abrí uno de los cajones y encontré una libreta rosa con letras en purpurina plateada y morada, en ella ponía: ''nuestros mejores momentos desde 1995'', esa libreta guardaba muchísimos recuerdos capturados en fotos donde salían todos mis amigos y yo desde que éramos  pequeños hasta ahora; también  la guardé en la maleta. Por último cogí dos portafotos de mi mesita de noche, en uno de ellos aparecía mi familia en el patio trasero de mi casa, nos la habíamos echado tan solo hacía dos meses. En la otra aparecíamos Kate y yo haciendo las tontas en la fiesta de cumpleaños de Álex, una amiga de otro instituto. En ambas fotos sonreía felizmente; las guardé con nostalgia en la maleta, y la cerré con lentitud.
Bien, ya tenía la maleta hecha, ahora quedaba la parte más dificil, las despedidas.
Llamé a mamá y después a Kate. Primero llegó mamá acompañada de papá, Carla y Adrián.
Papá me dio un beso en la frente y un abrazo lo suficientemente fuerte como para dejarme sin aire durante unos segundos, le costó bastante separarse de mi; luego mamá me dio un abrazo más prolongado y cuando la miré sus ojos estaban empapados en lágrimas, se las secó rápidamente.
-Por favor Tam, lleva cuidado, y llámame siempre que puedas.- me sonrió dulcemente y acarició mi pelo.
Luego miré a mis hermanos, estaban muy callados para ser ellos.
-Tami...-musitó Adrián.
-No queremos que te vayas...-dijo Carla con voz temblorosa.
Los dos me miraban apunto de llorar, casi no podía soportarlo. Los arrastré junto a mi y les di un abrazo
a los dos a la vez, ambos se pusieron a sollozar ruidosamente y mis lágrimas empezaron a brotar rápidas de mis ojos, caían sin cesar. Los separé lentamente a regañadientes de mi.
-Venga peques, no lloréis más- sequé sus lágrimas y les acaricié con cariño su suave pelo.
-No llores tu tampoco.- me dijo Adrián e ipso facto me secó una lágrima que aún quedaba en mi mejilla.
Los volví a abrazar, cómo los iba a echar de menos...
Me puse en pie y miré hacia la puerta, vi que una figura se acercaba corriendo hacia nosotros, era Kate.
Salí a su encuentro, vi gratamente sorprendida que con ella estaba Andy, y sonreí para mis adentros.
-¡Tam, espera, no te vayas aún!- gritó desde la otra acera.
Me reí de su expresión cansada y enrojecida, le faltaba el aire, nunca había sido muy buena en los deportes.
-Kate, no te preocupes, todavía sigo aquí.- dije para calmarla.
Kate cruzó y tomo aire ruidosamente, Andy también se rió con ganas. Les sonreí agradecida de que estuvieran aquí conmigo, pero en ese instante mi sonrisa se borró de inmediato, vi como un volvo negro (esta vez un todoterreno) doblaba la esquina y se paraba enfrente de mi casa.
-Son ellos, ¿verdad?- dijo Kate observando mi rostro tenso. Me cogió de la mano, yo asentí tristemente y la miré a los ojos, ella sabía que no quería irme. Me soltó la mano y miró a Andy.
-Mira Tam, esto es de parte de toda la clase.- dijo Andy tendiéndome un marco verde que en su interior enmarcaba dos fotos.
En la primera aparecía mi clase de los 3 años, con Laura, nuestra tutora de aquella época, éramos muy pequeños, pero todos teníamos miradas curiosas y asustadizas. Después fije mi vista en la segunda fotografía, era de mi clase actual junto con la directora y mi tutor.Me quedé sin palabras, me encantaba. Alcé la vista hacia Andy y me aguanté las lágrimas una vez más.
-Gracias.- dije intentando que mi voz sonara firme.
-De verdad te lo mereces.- dijo Andy sonriendo.
Acto seguido me estrechó entre sus fuertes brazos, después me separó de él cogiéndome por los hombros-
-Te voy a echar de menos Tami.- dijo dándome un beso en la frente y removíéndome el pelo.
Sonreí y me giré hacia Kate que miraba con cariño la escena, aunque que ella también estaba apunto de echarse a llorar.
-Kate...-musité, y la abracé fuertemente.
Me derrumbé y comencé a llorar sin parar en su hombro, notaba que me faltaba el aire de tanto sollozar e intenté controlarme, pero al ver llorar también a Kate casi no podía tenerme en pie.
-¿Recuerdas que una vez prometimos que si una de las dos se iba haríamos un intercambio?- dije entre lágrima y lágrima.
Kate asintió y entendió lo que pretendía decirle. Ella cogió una de las pulseras de su muñeca, vi que era su favorita, la que se hizo con 7 años, era de bolitas rosas y blancas, estaba algo vieja, pero para mi era la más bonita de todas; yo me quité una de cuero negro con perlas blancas que me compré en el viaje de Grecia, esa era mi favorita.
Abracé una vez más a Kate, y me dirigí hacia la entrada de mi casa, vi que Carla sujetaba un folio.
-Toma, es un regalo.- dijo con voz aún llorosa.- Adri y yo lo hemos hecho para ti.
Lo cogí con delicadeza y miré el dibujo con cariño, salíamos la familia al completo, todos sonreíamos cogidos de la mano, había una especie de pancarta con letras de colores desiguales que rezaba: ''Te queremos Tami, te vamos a echar de menos''.
-¿Te gusta?- preguntó tímidamente Adrián.
-Pues claro, es precioso.- dije intentando que no se me rompiera la voz.
-Tami, ¿cuando vas a volver?- preguntó Carla mientras me cogía de la mano.
-Quizás...En Navidad- no lo había pensado todavía, pero sospechaba que si no quería ponerlos en peligro no los volvería a ver más.
Todos asintieron en silencio, intentando no poner pegas, pero yo sabía que odiaban la idea de que pasara tanto tiempo; posiblemente no podría contactar con ellos, ni volver a la vida que tenía antes, ni si quiera verlos en otra ocasión. Las lágrimas amenazaron con salir una vez más, pero resistí todo lo que pude.
Cogí mi maleta, un anorak y un gorro de lana blancos, salí por la puerta y observé una vez más el lugar: papá, mamá, mis hermanos, Kate y Andy.
Una vez entré en el coche miré por el cristal trasero y vi a mi familia despidiéndome con la mano, observé tristemente como Kate lloraba desconsolada en los brazos de Andy, mientras este le acariciaba suavemente la espalda.
Me volví hacia delante intentando borrar de mi mente sus caras llenas de tristeza, pero no pude, así que me distraje mirando hacia delante. Conducía un hombre cuya cara me resultaba muy familiar.
-¿Estás bien?- me preguntó con voz afable. Lo reconocí al instante. Era el hombre que se llamaba George y que estaba en el edificio del C.I.E.P. anoche.
-Si...-respondí con un hilo de voz y me recosté en el frío cristal.

                                                       * * *
Ya veía como entrábamos al aeropuerto, dos grandes edificios de cristal reflejaban a un montón de personas con infinidad de maletas y bolsas de viaje. George aparcó el coche cerca de una de las entradas y acto seguido bajó del coche para sacar las maletas. Me apeé del coche y fui a ayudar a George, pero cuando me acerqué al maletero ya había bajado mi equipaje, debía ser bastante fuerte, porque para bajar mi maleta él solo hacía falta fuerza.
Me fijé más en George, y me di cuenta de que al menos tendría que tener sesenta y algunos, su piel esta algo arrugada, y su pelo ya tenía algunas canas, pero el hombre quizás fue atractivo en su época.
Anduvimos en silencio hasta el interior del edificio, estaba plagado de gente, y el alegre ruido de maletas y conversaciones llenaba todo el espacio.
Dejé mis maletas en la cinta transportadora, y me fui junto a George a otra sala diferente, una triste y solitaria sala de espera.
Los asientos grises estaban distribuidos en cuatro filas por toda la sala, que era rectangular. En el fondo, un mostrador con dos personas, dónde había tres paneles con letras verdes que indicaban la hora de salida y llegada de los vuelos. La sala estaba casi desierta, a excepción de cinco personas que, con mirada tediosa miraban revistas o sus móviles.
-Tu vuelo sale en...unos tres minutos.-dijo George mirando su reloj de pulsera.
Asentí lentamente, no tenía ganas de hablar, y el labio inferior me temblaba, así que decidí disminuir el número de palabras.
-¿Te encuentras bien?- dijo George con expresión algo preocupada, asentí nuevamente, pero más dudosa que antes.- ¡Vamos anímate! Esta experiencia tiene que ser muy emocionante para ti, ¿te imaginas? ¡Podrías cerrar el círculo y salvar el mundo con tus poderes!
-¿Cómo dices? -dije arqueando las cejas, ¿de qué hablaba?
-Sí, ¿es que no te lo han explicado?- negué abriendo un poco más los ojos.- Si tú, James y los otros miembros que ya han sido encontrados cerráis el círculo, vuestros poderes se desarrollarán más y serán el doble de fuertes,  o por lo menos eso han supuesto los científicos que trabajan para el C.I.E.P., pero lo que si es seguro es que tendréis que luchar contra la O.C.C.
-¿L-luchar? Yo n-no se luchar...
-Por eso te diriges al C.I..E.P., para entrenarte y mejorar tu potencial- dijo sonriéndome amigablemente
-Por cierto...¿que significan C.I.E.P. y O.C.C.?- titubeé.
-Pues el C.I.E.P. es la sociedad a la que perteneces, significa Círculo Interior Especializado en Poderes, y la O.C.C. es contra quién probablemente lucharás, significa Organización de Cazadores contra el Círculo.- Temblé ligeramente al oír la palabra ''cazadores''.
Una pregunta dolora cruzó en ese momento mi mente.
-¿Y...James...va a viajar conmigo?-dije intentando disimular el dolor que sentía.
-Ah, James viajará en otro vuelo, para que si os siguen no te reconozcan, ya que en la O.C.C. no tienen aún el reconocimiento del número once, en cambio el del número diez sí.-volvió a mirar su reloj y abrió mucho los ojos.- ¡Táhmina te tienes que ir ya, que tu vuelo está apunto de salir!
Pegué un respingo y vi que George me daba un rápido, pero fuerte abrazo, y lo agradecí.
Me dirigí a la puerta de salida, la que me llevaría a mi nuevo destino, con la que cambiaría mi vida para siempre.
-¡Adiós George, y gracias!- dije desde la puerta y despidiéndome con la mano.
-¡Espera!- dijo con aire extrañado, y levanté una ceja dudosa.- Yo no te he dicho mi nombre.
-Intuición.- sonreí dándole la espalda y pasé a través de la puerta.