jueves, 11 de octubre de 2012

Capítulo 3

Metí la llave en la cerradura de mi casa, pero antes de girarla miré a James.
-Esto es muy extraño...-dije lentamente. Me fijé en una cartera negra que llevaba colgada, con los nervios de antes no me había fijado en ella.
-Sé que es duro, pero acabarás aceptándolo.-dijo y sacudió la cabeza en dirección a la puerta para que abriera. Giré la llave y al entrar vi que mi madre  estaba bajando las escaleras.
-¡Hola Tami! Veo que ya has lleg...- paró de hablar súbitamente al darse cuenta de que James estaba a mi lado. Su expresión de asombro duró una milésima de segundo, pero fue suficiente como para darme cuenta de que había reconocido a James.
-Anda, pero si traes a un amigo, ¿me lo presentas?.- dijo sin convencerme.
-Celia, no pasa nada, ya se lo he contado casi todo, veníamos a hablar contigo.- dijo James mirándome de reojo.
-Oh...claro, esto...voy a hacer un té, esperadme en el salón.- dijo con una forzada sonrisa.
James giró hacia la puerta del salón, pero antes de que entrara hablé.
-Ve entrando tú, tengo que ir al baño un segundo.- dije dirigiéndome hacia las escaleras.
Asintió y fue hacia el interior de la estancia. Subí las escaleras temblando, aún no podía creer que esto estuviera pasando, entré al cuarto de baño de mi habitación allí estaría más tranquila.
Apoyé las manos en la encimera del lavabo  y me miré al espejo; vi como una lágrima caía por mi mejilla, y luego más. Lloraba en silencio, eran lágrimas suaves y finas, no sentía dolor, era... miedo, miedo por el cambio, mi vida había dado un giro completamente inesperado. Decidí sentarme en el suelo, cerré los ojos lentamente, pero a malas penas fueron dos segundos, ya que oí el crujido de la puerta del baño. Miré rápidamente hacia la puerta y vi como James entraba y miraba hacia donde yo estaba.
-¿Te encuentras bien? - dijo con voz preocupada al mismo tiempo que yo me secaba con el dorso de la mano las últimas lágrimas que aún mojaban mis mejillas.
-Em...si, estoy perfectamente.- dije forzando una sonrisa.
Me acerqué a donde James estaba, y le di la espalda mirando hacia la puerta de la habitación, él me miró inseguro y después me puso la mano en el hombro y dijo:
-Bajemos, aún hay cosas que debes saber...
Estábamos sentados en el sofá del salón cuando entró mi madre, me miró con tristeza como si quisiera arreglar algo que había echo mal, acto seguido se sentó en el sillón de enfrente nuestra y echó té en las tres tazas, vi que la mano le temblaba ligeramente, se notaba que estaba nerviosa.
-¿Vais a responder a todas las preguntas que os haga? - dije mirando a James.
Mi madre levantó la mirada de las tazas a la misma vez que James decía:
-Depende, hay cosas que quizás debas saber más adelante.
Resoplé y mire por la ventana, quizás en este momento si tuviera una vida normal, como la de antes, estaría con Kate en su casa viendo una película y no en el salón de mi casa con un chico al que acababa de conocer y con mi madre... adoptiva....ahora que lo pensaba...
-¿Quién es....-no sabía como decirlo sin herir los sentimientos de mi madre- ...mi madre biológica?
Instintivamente miré a mi madre, su expresión era neutra, no surgió ningún cambio cuando pronuncié la pregunta, y después miré a James, que miró hacia todas direcciones menos a mí,
-Verás...- dijo lentamente mientras mi madre ponía su mano sobre mi rodilla. Algo no iba bien.- Tus padres también formaban parte de nuestra organización, cuando tú naciste nadie sabía que serías el número once, y meses después de que tu nacieras a tus padres se les encomendó la misión de investigar sobre quién era el número once, obviamente era una confusión, pero lo supimos más tarde...
Mientras escuchaba temiéndome lo peor mire a mi madre, tenía la vista fija en el suelo, como ausente, perdida.
-Tus padres tenían que viajar al extrangero, y puesto que era una misión importante no querían ponerte en peligro y te dejaron con las personas en las que más confiaban.- Seguí la mirada de James, que me llevó hasta mi madre, que tenía una amarga sonrisa en su cara.- Pensaron que sería temporal, algo de dos meses, tres como mucho...- Algo me decía que no me iba a gustar lo que me iba a decir.- Pero la cosa se complicó, cuando ya llevaban 1 mes y medio de trabajo, decidieron volver, ambos decían que tenían que contarnos algo de vital importancia, y que debían volver ya, era algo que tenían que decir en persona, así que el día que tenían que venir de regreso a Londres, perdimos el contacto con ellos, y al ver que los días pasaban y no venían, decidimos ver si estaban en tu casa, pero no los encontramos, y los pusimos en búsqueda...- paró y me miró a los ojos, comprendí que iba a decir, pero aún así lo dijo:
-Desde ese día seguimos su pista, los primeros meses habían rastros y pistas suyas, pero por mucho que investigamos no encontramos nada, y hasta entonces...siguen desaparecidos.
¡¿QUÉ?! Puede que si, que esperara que dijera muertos, o algo por el estilo, pero desaparecidos era muchísimo peor, si estuvieran muertos al menos sabría que están ahí, pero al estar desaparecidos nada era seguro, podrían estar muertos, o vivos, pero si ya estaban casi diecisiete años desaparecidos, sería imposible encontrarlos. No me salía la voz, solo podía mirar horrorizada tanto a James como a mi madre. James puso su mano en mi hombro y me dio un pequeño apretón, mientras mi madre se levantaba y me abrazaba a mi se me escapaban unas lágrimas, todo empeoraba por momentos.
-Bueno... tengo que hacer unas llamadas, en seguida vuelvo.- Echó una rápida mirada hacia atrás mientras se levantaba, parecía preocupado.
Cuando cerró las puertas correderas tras él miré a mi madre.
-¿Por qué no me lo has contado antes, eh? - dije frustrada.
-Yo... - ella miraba al suelo si saber que decir.
-¿Yo qué? Podías haberme contado esto hace mucho tiempo, y así estar preparada para cualquier cosa de lo que sea esto, ¿sabes lo duro que es asimilar todo esto? Primero me dicen que toda mi vida a sido una mentira, después que soy parte de no se qué secta siniestra y ya lo peor lo dejáis para lo último de todo, ¿no? ¡Cómo te sentaría a ti que te dijeran todo esto y que encima le añadieran que tus verdaderos padres andan desaparecidos casi 17 años y que las probabilidades de que estén muertos son muy altas! - Esto último lo dije gritando y con grandes y saladas lágrimas resbalando por mis mejillas.
-Táhmina.- dijo firmemente.- No es así como dices, lo primero, se que pensabas que llevabas una vida normal, pero era para protegerte, y si, es duro asimilar todo esto de golpe, pero es imposible cambiar algo a estas alturas. Y nuestra organización no es una secta siniestra como tu dices, es una organización secreta que investiga vuestros casos y porqué os pasa desde generaciones atrás, y lo de tus padres...no lo hemos dejado para lo último de todo porque sea lo peor, sino porque es duro contarle a alguien esto, y a mí también me duele lo de tus padres, nos conocíamos desde que teníamos tu edad...
-Es que... es muy difícil....- Al pensar en todo se me ocurrió una idea.- ¿Y si estáis equivocados? ¿Y si yo no soy la número once de la que habláis? Ni si quiera se que es ''eso'' que decís que tengo, lo más posibles es que estéis equivocados.
- A ver... te lo voy a explicar mejor para que lo entiendas. En total sois doce chicos de la misma edad, y sois los Doce Elegidos, y cada uno nace en diferentes partes del mundo, así como cada uno tiene diferentes... dones, sois especiales y solo poseéis uno cada uno, aunque hay una profecía que dice que el numero doce tiene más de uno:
                           
                    Los Doce Elegidos, juntos el poder se alzará,
                    once estrellas posicionadas junto a la luna brillarán, 
                    poder rebosante, fuerza luchadora,
                    pero el fin llegará, y el doce no sobrevivirá,
                    donde asciende la oscuridad sus tres poderes perderá, 
                    aunque última esperanza habrá,
                    antes de morir sus poderes cederá,
                    los Doce ascenderán.

-Suena un poco... siniestro.- Conteste mirándola atentamente. Parecía haberse aprendido la profecía hacía años y la recordaba como si fuera su nombre.
- Si, de todas formas no es algo que se tome muy enserio, es una profecía antigua.
-¿ A qué se refiere con lo de las estrellas? - dije, había partes que no entendía.
- Cada elegido se le asigna una estrella diferente, esta influye en su poder.
- ¿Cuál es mi estrella? - esa no era exactamente la pregunta que quería hacer, pero también quería saber la respuesta.
- La tuya, si no recuerdo mal es... Rigil Kentaurus, una estrella muy bonita por cierto.
Sonreí para mis adentros, pero quería preguntarle algo más importante.
- ¿Cuál es mi poder? ¿Y el de los demás?
- Hasta el día de tu cumpleaños es imposible saber cuál es tu poder, pero falta poco, muy poco...y respecto a los demás... no están todos, cuesta localizarlos, pero pronto estarán todos, hasta el momento tenemos al número uno, al seis, al diez y ahora a ti; el número once.- Lo último, extrañamente lo dijo con ligera solemnidad.
En ese mismo instante las puertas del salón se abrieron, y James apareció con algo de timidez, pero al ver la expresión menos tensa de mi cara se relajó notablemente.
- Bueno, hay cosas que aún hay que ajustar, el 19 de noviembre es tu cumpleaños, lo cual será el día en que descubramos tu poder.- Paró para observarme y ver si preguntaba algo, pero seguí callada.- Así que cuando lo sepamos, llamaré al  C.I.E.P. para informar sobre ello, y a los dos días nos iremos.
- ¿Irnos? - no me gustaba eso.- ¿Irnos a dónde? 
-Pues al C.I.E.P., te tendrán que hacer unas pruebas y entrenarte.
-Vale, hasta ahí bien, pero ¿dónde se supone que esta el C.I.E.P. ?- No quería oír la respuesta...
-En Londres, ¿dónde si no?
-¡¿ En Londres?! Pe-pero, ¿y el instituto? ¿Y Kate?- Madre mía, no podía estar sin Kate.
-Por eso mismo nos vamos a los dos días y no en el mismo instante de tu cumpleaños; para que te de tiempo a despedirte, y prepararte las maletas.
-¿Pero cuánto tiempo va a ser?- miré a mi madre.
Ninguno de los dos quiso responder.