lunes, 26 de agosto de 2013

Capítulo 10

Había corrido tanto que casi no podía respirar y el corazón me latía tan fuerte que pensaba que se me iba a salir, todo había sido rápido y doloroso, muy doloroso. Después de dejar atrás a James las lágrimas habían salido rápidas y abundantes de mis ojos, había sido muy cruel con él, pero lo había hecho para protegerlo, además las normas eran muy estrictas, debía centrarme en mi trabajo como miembro del círculo, y debía encontrar a los que faltaba, esa era mi prioridad, el círculo.
Antes de quedarme dormida la entrenadora Black me había llamado para decirme que al día siguiente tendría que encontrarme con una tal Rose, según la entrenadora se trataba del miembro número 6 del círculo, tendría que ir con ella y con los demás miembros del círculo al instituto.     
                                                                 * * *
Di vueltas sin parar en la cama, eran las cinco y cuarto de la madrugada y era incapaz de dormir. Había tenido pesadillas con James, con los miembros del círculo, y con una chica, creo que también era miembro del círculo, pero no estaba segura.
En mi pesadilla me torturaban y me hacían ver como mataban a James; todos los demás miembros del círculo estaban desaparecidos o muertos, sin embargo había una chica, de rasgos asiáticos que me miraba tranquila y me susurraba una y otra vez: -Tú…tú eres la verdadera elegida…
Luego desaparecía y se oía un grito de terror.
Me desperté llorando y sudando a las cinco menos veinte de la madrugada y desde entonces no había conseguido dormir. A las cinco y media decidí que lo mejor era levantarse y distraerse con cualquier cosa.
Mi habitación era preciosa; era rectangular a pesar de que el edificio dónde se encontraban las habitaciones de las chicas era un alto torreón cilíndrico de tres pisos;  la cama era de matrimonio con cuatro palos de madera que sujetaban unas cortinas doradas con bordados marrones de distintas tonalidades, a sus pies había un gran baúl de madera oscura y de labrados impresionantes; en el lado izquierdo de la cama había una mesita de noche de madera oscura con tres cajones a juego con todo el mobiliario de la habitación junto con una lamparita; en el lado derecho había un chaise longue de tapizado también dorado y de madera oscura que daba a un gran ventanal por el que se salía a un pequeño balcón redondo. Al lado del ventanal había dos ventanas más de tamaño normal dónde también se encontraba un escritorio de madera robusta y oscura con dos cajones a los lados y una silla de madera del mismo tapizado que el chaise longue. En la pared de en frente a la cama había colgada una gran televisión, a su derecha había una puerta que daba al baño y a la izquierda la puerta por la que se salía de la habitación.
Di vueltas por la habitación sin saber qué hacer realmente, hasta que se me ocurrió deshacer la maleta y poner la ropa en su sitio, pero… ¿dónde estaba el armario?
Me fijé en que al lado de la mesita de noche había una puerta, me acerqué a ella y toque el pomo redondo, frío y dorado, lo giré y entré. <<Vaya…>>, pensé. Había entrado en otra habitación rectangular que se trataba de un gran vestidor, pero lo que me sorprendió fue que estaba lleno de ropa maravillosa y por la pinta que tenía parecía muy cara. Fui caminando lentamente, rozando la ropa, en un lado había ropa de vestir normal, pantalones pitillo, vaqueros, camisas, vestidos…, en el otro, sin embargo, era ropa de gala, vestidos largos y elegantes, de distintos cortes y colores. En la pared del fondo vi tres botones negros, pulsé el primero y vi, para mi asombro, que una de las partes de la pared se abría, dejándome ver infinidad de zapatos y sandalias, collares y pendientes, bolsos…todos iban a juego con la ropa de vestir normal; lo mismo pasó con el segundo botón, solo que para los trajes de gala, pero con el tercero fue diferente, lo pulsé y vi como otro trozo de pared se abría y me mostraba algo totalmente diferente a lo que había visto, observé que en vez de ropa cara y elegante o complementos había un mono de licra negro con dos gruesas líneas doradas que iban desde la zona del tobillo a la del cuello, en la zona del pecho, encima del corazón había una especie de placa dorada y redonda donde estaban grabados en relieve el número once rodeado de doce estrellas negras. Toqué el mono y me di cuenta de que la tela parecía más rígida y flexible que la licra. Bajé la vista y vi que unas botas de piel negra, alto tacón y punta redonda iban junto con el mono, eran increíbles pero, ¿para que eran?
Volví a pulsar el botón para que se cerrase la pared y salí del vestidor, vi mi maleta en mitad de la habitación, y no supe qué hacer con ella, el vestidor estaba lleno de ropa y no cabía toda la que me había traído, así que la dejé ahí, en mitad de la habitación, ya pensaría que hacer con ella.
Me di una ducha bastante prolongada y al salir cogí uno de los albornoces que había al lado de la ducha, salí al balcón a pesar de que hacía mucho frío, observé el bonito paisaje que estaba ante mis ojos, una prolongada explanada verde se extendía como un aterciopelado manto y acababa en un alto acantilado, todo cubierto por un manto negro poblado de estrellas, me preguntaba en que zona de Inglaterra estaríamos, porque eso no parecía Londres…
Vi el sol salir y me di cuenta de que ya llegaba la hora de prepararme para el instituto, me vestí pero no con la ropa del vestidor, sino con la ya muy usada ropa de mi maleta, no es que tuviese una razón exacta para hacerlo, pero sentía que si me vestía con la ropa nueva que me habían proporcionado estaría olvidando mi antigua vida, mi familia y todo lo que me importaba. Cogí unos vaqueros desgastados, una sudadera rosa con letras blancas, mis deportivas, unos guantes de lana blanca y mi desgastada cartera del instituto que llevaba en Madrid; me recogí el pelo en una trenza de espiga larga al lado y fui al escritorio para mirar mi horario, vi que junto a él estaban los libros nuevos de mi instituto, los metí en mi mochila y miré el despertador de mi mesita de noche, casi era la hora del desayuno, pero decidí bajar antes, quería ver ese precioso jardín antes de empezar con mi nueva rutina.
                                                                    * * *
Me senté en uno de los bancos de piedra, estaba rodeado de sauces llorones y arces japoneses que a pesar del frío estaban poblados de preciosas hojas rosas y rojizas que caían en el lago. Todo estaba en paz y tranquilidad, y me encantaba, entonces oí un ruido, como si fuese un crujido de una rama, pero más leve. Divisé destellos rojizos y anaranjados en uno de los árboles que separaban una mitad del jardín de la otra mitad y decidí levantarme para ver de qué se trataba. Tras los árboles vi a un chico de pelo negro y piel muy bronceada moviendo las manos en el aire lentamente, me quedé pasmada al ver lo que hacía, estaba manejando fuego con las manos desnudas, hacía estelas de llamaradas finas a su alrededor, el fuego salía directamente de sus manos, quería ver más pero la densidad de algunos árboles me tapaba la vista, así que decidí acercarme más, pero mi mala suerte me jugó una mala pasada haciéndome pisar una fina rama que ni si quiera había visto, esta crujió lo que hizo que el corazón me latiese muy fuerte y me quedase paralizada. El fuego desapareció al instante y el chico se giró casi de inmediato.
-¿Quién está ahí?- Habló en ingles, pero por suerte lo entendía perfectamente. Hizo una pausa y miró en mi dirección.- ¿Hola?
Salí lentamente de detrás de los árboles y me puse frente al chico.
-Esto…hola.- Dije con un hilo de voz. Me daba un poco de vergüenza que me hubiese pillado espiándolo incluso sin conocerlo.
-¿Tú quien eres?- Dijo sonriendo amablemente, al menos era simpático.- Oh, espera, ¿tú eres la número once? ¿Táhmina Arafat?
-Vaya… Aquí todo el mundo parece saber quien soy…- Sonreí a pesar de la vergüenza y le tendí la mano para presentarme, le hablé en ingles.- Sí, soy Táhmina Arafat, pero puedes llamarme Tam, si quieres claro.
-Hablas muy bien el inglés, pero si quieres podemos hablar en español, también se hablarlo.-Dijo pasándose al español para mi alivio, la verdad es que el chico lo hablaba muy bien, aunque con un poco de acento que no supe identificar.
Sus rasgos eran muy evidentes, parecía provenir de la India, su pelo era tan negro como el mío, lo tenía corto y algo ondulado, su piel era bastante morena, era poco más alto que yo y aunque llevaba una chaqueta gruesa parecía ser bastante fuerte.
-Aún no es la hora de desayunar, podemos sentarnos si quieres.- Dijo sonriéndome. Asentí aceptando su propuesta.
-Vaya, que despistado. Me llamo Yamir, Yamir Shuari.- Hizo una pausa y me sonrió.- Como habrás visto yo también tengo un poder, es el fuego.
-Sí, es increíble. ¿Cómo lo haces?- Hasta que lo dije no me di cuenta de que había sonado bastante tonta.
-Pues igual que tu controlas tu poder, solo que yo ya llevo muchos meses de práctica y entrenamiento. He leído que tu familia transmite el poder del espacio, y aunque había muchas explicaciones no lo he visto nunca con mis propios ojos, ¿me harías una demostración?
-Yo…esto…a penas se controlar mi poder…
-No importa, tú haz lo que te salga.
-Está bien…
Me concentré en la palma de mi mano, e intenté dejar fluir la energía que recorría mi cuerpo proporcionada por el mágico ambiente que me rodeaba, en realidad no sabía lo que hacía realmente, solo seguía mi instinto. Noté que de mi mano salían pequeños destellos blancos, de repente del centro de la palma de mi mano salió disparado un rayo de luz blanca que se prolongó rápido casi hasta el cielo, del asombro que me causó perdí mi concentración y el rayo desapareció, lentamente cayeron de uno de los árboles unas cuantas hojas quemadas.
-Vaya… ¿Y dices que apenas sabes controlarlo? Pues no quiero saber qué pasará cuando lo controles por completo.- Dijo entre risas.- Ha sido alucinante.
- Si te digo la verdad, no tenía ni idea de cómo usar mi poder.- Dije yo también entre risas.
Se oyeron pasos rápidos que se dirigían a nosotros y al instante apareció la entrenadora Black, solo que estaba algo más cambiada que ayer, esperaba que llevase ropa negra y discreta como ayer, pero esta vez llevaba un vestido rosa palo de tela muy suave hasta las rodillas con un cinturón marrón claro debajo del pecho. También llevaba unas botas de tacón blancas y un abrigo de charol blanco con botones negros que le llegaba hasta las rodillas, pero lo más extraño es que no recordaba que la entrenadora Black llevase gafas; también llevaba una diadema doble de color dorada y unos pendientes largos de color rosa a juego con un colgante dorado con forma de clave de sol, parecía otra.
-¿Qué ha sido eso?- Preguntó en inglés la cambiada entrenadora Black. Hasta su voz era diferente, parecía más aguda y alegre.
- He sido yo…- Dije mirando el suelo avergonzada.
-Oh, Táhmina, no sabía que ya habías llegado, mi hermana no me ha dicho nada.-Dijo la entrenadora Black.- Buenos días Yamir.
-Buenos días profesora Black.-Dijo Yamir alegremente.
-¿Profesora?- Dije confusa, pero… ¿ella no era la entrenadora?
-¡No me digas que mi hermana no te lo ha dicho!- Dijo la entrenadora algo indignada.- Lo siento Táhmina, yo soy la hermana gemela de Annie, bueno, de la entrenadora Black. Me llamo Kimberley Black, todos me llaman Kim o profesora Black.
-Vaya… sois idénticas.-dije alucinada.
La profesora Black rió alegremente, su risa era como oír cascabeles, era suave y algo aguda.
-Bueno, Yamir, Táhmina, creo que es hora del desayuno y yo tengo que preparar algunas cosas, ya nos veremos en clase esta tarde. Un placer Táhmina.-Dijo despidiéndose y sonriendo.
-Igualmente.-dije despidiéndola con la mano. Miré a Yamir.-Vaya, físicamente son idénticas, pero en la forma de ser…
-No podría estar más de acuerdo contigo, ya verás cuando empieces el entrenamiento con la entrenadora Black, es muy exigente, acabarás agotada.
-Vaya, gracias por los ánimos.- Dije frunciendo el ceño.
Yamir rió y anduvimos juntos a través del jardín para llegar hasta el comedor. Al llegar no había nadie excepto una cocinera a quién Yamir llamó Gretta. Yamir y yo cogimos sitio en la gran mesa del centro del comedor, realmente ahí podíamos caber doce personas perfectamente.
Al rato llegó una chica de pelo rubio oscuro muy corto en la zona de la nuca y que se iba alargando en pico hasta la barbilla, sus ojos eran marrones muy claros con el borde verde muy oscuro. Era muy guapa, su cara era fina, sus labios eran gruesos y sus pestañas eran largas. Llevaba puestos unos vaqueros azul oscuro ajustados, unos botines grises a juego con un bolso y una chupa del mismo color, también llevaba una camisa ajustada de color blanco con los tres primeros botones desabrochados, en la cabeza llevaba unas gafas de aviador Ray-Ban y ya desde lejos se podía percibir su perfume de marca cara. Se sentó a la mesa con su aire de pija estirada y se quitó con indiferencia  unos guantes de piel gris que llevaba.
Fruncí el ceño, no sabía porqué pero notaba que me iba a llevar mal con ella…
-¿Y tú que miras?- Me dijo con voz irritada en inglés.
-Nada que te importe guapa.-Le dije en español esperando que no me hubiese entendido.
-Para tu información te entiendo perfectamente.- Dijo aún más irritada.- Ah por cierto, ¿es que en tu casa no te enseñaban a vestirte? Vas como una pobretona, al instituto que vamos está lleno de niños y niñas de papá, ricachones que te mirarán mal, así que mona, más te vale vestirte decentemente, es solo un consejo.
Apreté los puños e intenté calmarme, me centré en mi cuenco de cereales y respiré lentamente para relajarme.
-Rose, ya vale- Dijo Yamir.
¡¿Esa era Rose?! ¡¿Ella tenía que acompañarme al instituto?! O Dios mío…
Rose gruñó y empezó a comerse los trozos de una manzana; por si fuera poco James entró por la puerta y al verme frunció el ceño.
-Vaya…Creo que se me ha quitado el apetito.- Dijo gruñendo y se dio media vuelta.
-¡Hey, James!- Dijo Yamir.- Siéntate con nosotros, ¿conoces ya a Táhmina?
James dio media vuelta y sonrió a Yamir, sin embargo, cuando me miró lo hizo con rabia. Se sentó al lado de Rose, esta le sonrió y le tocó de un modo algo más que amistoso, lo que hizo que a mí me entrase un ataque de celos que casi me tira de espaldas.
-Esto…sí, si la conozco, yo la encontré.- Dijo sin mirarme.
Yamir sacó su móvil y me miró acercándose a mí.
-Todavía quedan quince minutos antes de que nos vayamos, ¿quieres ir a cambiarte?- Dijo susurrándome al oído.
Me separé rápidamente y arqueé una ceja algo enfadada.
-Vaya… eso es que no.- Dijo rascándose la nuca.
Los cuatro nos quedamos en un silencio incómodo, exceptuando los irritantes sonidos del móvil de Rose y los comentarios que Yamir hacía de vez en cuando para romper la incómoda situación.
Al terminar todos nos dirigimos fuera del comedor.
-Bueno, ¿qué os parece si hoy nos vamos por la biblioteca?- Dijo Yamir.
Nadie dijo nada así que él se lo tomó como un sí, pero yo no entendía a lo que se refería.
Llegamos a la biblioteca, pero en vez de entrar a ella, Yamir se dirigió a la esquina que giraba a otro pasillo.
-Rose, ¿quieres hacer los honores?- Dijo Yamir.
-Claro.-Gruñó Rose.
Rose se acercó a la esquina y se agachó, apoyó el dedo índice en el suelo de piedra y dibujó la forma de un gran cuadrado dónde al menos cabrían cuatro personas, entonces apareció una luz brillante siguiendo la línea imaginaria que había trazado Rose, de repente noté un fuerte viento que me tiraba hacia dentro del cuadrado, Yamir me agarró la mano derecha y Rose la izquierda mientras que los cuatro saltamos dentro del cuadrado.


domingo, 25 de agosto de 2013

Capítulo 9

Imponentes torreones de piedra gris oscura se alzaban ante mí y me dejaban sin aliento, ya que poseían una gran belleza que hacía que cada vez me sintiera más pequeña en el extraño mundo en el que había empezado a introducirme.
Estaba contemplando un enorme castillo de siglo desconocido para mí, pero no era eso lo que me dejaba extasiada, sino un sentimiento de fuerza y estabilidad que me transmitía aquel lugar y me llenaba de energía.
Antes de salir en el vuelo hacia Inglaterra, la directora Soret me había llamado para informarme de que me llevarían a un internado privado en el que solo residiríamos los doce elegidos, pero no me esperaba que con internado se refiriese a un enorme castillo.
Miré a mí alrededor algo desesperada ya que me encontraba totalmente a las afueras de Londres, dónde la zona social más próxima estaba a dos horas de trayecto en coche, es decir, aislamiento absoluto. Suspiré en un momento de nostalgia, pero al segundo levante la cabeza firmemente y me dije a mi misma que debía continuar adelante.
Me di cuenta de que en realidad el paisaje era muy hermoso, en los alrededores era todo hierba verde muy bien cuidada, sin embargo fuera del área cercana al castillo el suelo era terroso y húmedo y todo estaba poblado por un bosque de hayas; muy al fondo de la explanada trasera del castillo se apreciaba un acantilado que daba al mar grisáceo y removido. A penas se veía el sendero de tierra por el que había venido ya que todo el bosque de hayas lo tapaba; sin embargo al llegar cerca del castillo, pude reparar algo sorprendida en que los tonos de verde de la hierba que brillaban por los rayos de sol escondidos tras las nubes, iban acompañados de los suaves tonos blanco y malva de las campanillas y las lavandas de mar que crecían por todos lados creando un efecto óptico que me hacía creer que estaba en un sueño en el que se respiraba paz y armonía; me sentía tan abrumada que tuve que sacudir la cabeza un par de veces para despertar de la ensoñación.
Di un paso al frente y antes de entrar admiré las enormes puertas que tenía frente a mí, eran de madera maciza y tenían pinta de ser muy pesadas; posé mi mano en una de las puertas y con mis dedos recorrí los bonitos labrados que decoraban la puerta, en la palma de mi mano sentía un cosquilleo, como miles de hormigas que me recorrían; se fue extendiendo por la muñeca, el brazo y el hombro, mi cuerpo entero se sentía cargado de una energía inexplicable que me hacía sentir más fuerte y segura. Aparté lentamente la mano de la puerta y la dejé caer a mi lado, ya no sentía esa corriente de energía, pero las secuelas seguían ahí y mi cuerpo me pedía más, como si tuviera sed, pero no era de agua sino de algo más complicado que no entendía. Poco a poco la sensación desapareció y la fuerza que me había dado se esfumó, por lo que me llevó unos minutos reunir el coraje suficiente para llamar a la puerta del que sería mi nuevo hogar.

Al pasar hacia el interior me quedé encantada por la belleza de la estancia, sin duda el estilo de los muebles iba a juego con la fachada, todo parecía impreso directamente del pasado, sin embargo, todos y cada uno de los muebles no estaban viejos ni carcomidos por el paso de los años, como cabía esperar, sino que estaban nuevos y relucientes, lo cual significaba que no hacía mucho habían remodelado el interior pero manteniendo el aspecto inicial.
Mis pasos lentos y el rodar de mi gran maleta quedaban ahogados por la larga alfombra persa que se extendía casi por toda la entrada, sus colores granate y ocre se mimetizaban con el entorno. En las paredes había inscripciones enmarcadas y escritas en diferentes idiomas de los cuales solo identifiqué latín, inglés y portugués; además de retratos de personas que no reconocía, aunque todas tenían aire de importancia. Lo que me pareció muy extraño fue que en todos los retratos solo había chicos y chicas jóvenes de entre 16 y 18 años; de repente me fijé en un retrato que por un momento me dejó sin aire, me acerqué a él cada vez más y me quedé perpleja al contemplar que la chica del retrato era idéntica a mí, bueno, casi.
Tendría unos 17 años y tenía los ojos tan negros que apenas se distinguía la pupila, pero tenía un brillo y una viveza que eran inexplicables, su pelo era igual que el mío, ondulado, indomable y negro como el azabache, su boca, su barbilla eran idénticas a las mías, los únicos rasgos que eran diferentes, eran los ojos, los suyos eran negros y algo pequeños, y los míos son grises y más bien grandes; también había una pequeña diferencia, ella tenía tres lunares en el final del ojo, cerca de la sien, y lo más raro es que los tres tenían forma de media luna. Todo en conjunto la hacía parecer exótica y atractiva, bajé la vista hacia una placa dorada debajo del retrato, en ella rezaba <<Yeira Arafat: 1945. Generación 11, número 11. Poder: Espacio. >>, ahora si me cuadraba, ella era mi abuela, de joven claro, pero al fin y al cabo mi abuela.
-Vaya, es idéntica a ti.- dijo una voz femenina detrás de mí que me hizo sobresaltar.-Excepto por los ojos claro. Oh, ¿te he asustado?
-No. Bueno si, pero no importa.-Dije con una media sonrisa.
Miré a la mujer que tenía frente a mí, no tendría más de 25 años, su pelo era pelirrojo y muy lacio, sus ojos grandes eran color avellana y en la nariz y en los pómulos tenía unas pocas pecas casi imperceptibles. Era algo más alta que yo, pero creo que se debía a los altos botines negros que llevaba, es más, vestía un modelito bastante caro y exclusivo como para ser una simple empleada de por allí, llevaba unos pantalones pitillo negros con un botón dorado en el que se leía en letras pequeñas <<Dolce & Gabanna>>, también iba a juego una camisa blanca de manga larga que tenía los tres primeros botones desabrochados donde colgaba un largo collar doble de perlas negras, su colonia era suave, y me sonaba a una que usaba Kate, ¿era Dior? No sé, el caso es que parecía tener bastante dinero a pesar de lo joven que era.
-Eres Táhmina, ¿cierto?-Por su tono de voz parecía una pregunta retórica, pero aun así asentí.- Yo soy, Anneliese Black, pero todos me llaman Annie o entrenadora Black. Voy a ser tu entrenadora en distintos tipos de lucha cuerpo a cuerpo, aunque por el momento solo me voy a encargar de enseñarte esto.
Me lanzó una sonrisa que me dio escalofríos, pero luego pensé que era imposible que ella supiera ningún tipo de lucha por la pinta de Barbie rica que tenía, sin embargo había algo más en su forma de andar, como si estuviese a la defensiva todo el rato.
La seguí a través de la sala mientras miraba con curiosidad cada rincón, me fijé en que había una alta mesa semiesférica con una gran placa que decía <<C.I.E.P.>>, y detrás de ella se encontraba una mujer algo mayor, de unos 50 años o así, tenía pelo rubio claro y ojos azules enmarcados por grandes arrugas causadas por el paso de los años.
-Yulia, ¿te importaría darnos un plano del internado?-Su voz denotaba cariño, aunque también autoridad y respeto. Hizo una pausa.-Ah, y también danos una copia con el horario y las normas.
-Claro, señorita Black.-Sonrió. Su acento era extraño, parecía de Rusia, pero no estaba segura porque a penas se percibía.
La entrenadora Black suspiró levemente y dibujó una pequeña sonrisa en su rostro.
-Yulia, sabes que en el trabajo también puedes llamarme Annie.-dijo la entrenadora Black.
Yulia levantó la vista del ordenador para darle lo que había pedido a la entrenadora Black y se fijó en mí. Me miró directamente a los ojos sin pestañear ni sonreír, pero no me dio miedo que se me quedase mirando así.
-¿Tú eres la número 11?-preguntó con voz neutra y quizá algo de fingida curiosidad.
Asentí lentamente y ella se levantó de la silla y salió de detrás de la mesa, observándome como si me estuviese estudiando y calificando. Me cogió de la barbilla y asintió.
-Una niña muy bonita.-Sonrió dulcemente e hizo una pausa. Luego puso una mueca de concentración y pasó sus manos por mis hombros y mis brazos apretándolos con fuerza, pero sin hacerme daño. Era muy extraño.-Hummm…Si. Tiene buena musculatura, aunque está poco trabajada. Señorita Bl…Annie, espero que te encargues bien de ella, parece tener potencial.
Miré extrañada a la mujer y luego a la entrenadora Black, ¿qué quería decir con que parecía tener potencial?
La entrenadora Black asintió solemnemente y se despidió de Yulia con una sacudida de cabeza. Me tocó el brazo para indicarme que la siguiera y me despedí de Yulia con la mano, mientras que ella me respondía con una media sonrisa.
Caminamos hacia la derecha de la sala y la entrenadora Black abrió una puerta del mismo estilo que la de la entrada y al pasar a través de ella me quedé sin respiración del asombro.
Todo lo que había ante mis ojos era hermoso y verlo me dejaba sin aliento. Al pasar a través de la puerta de la sala de recepción accedimos a un pasillo del mismo estilo que la fachada del internado, la pared derecha era de piedra gris oscura y algo gastada, en ella había puertas siguiendo el estilo de los labrados de las puertas que había visto anteriormente alternadas con arcos de piedra que hacían de ventanas que daban al paisaje exterior, sin embargo, en el lado derecho, donde debería haber estado otra pared de piedra, había grandes arcos que hacían de entrada a un jardín de tamaño monumental, casi no se podía ver el fondo del jardín; en la zona sur de este se encontraba un pequeño lago con unos nenúfares en el centro de este y los bordes llenos de hierba que se extendía por toda la explanada como un manto verde sin fin dónde descansaban preciosas campanillas y lavandas de mar que junto con los arces japones y los sauces llorones que rodeaban unos bancos de piedra gris clara creaban un paisaje surrealista, ¿cómo era posible que esos tipos de plantas crecieran en el mismo ambiente? Parecía imposible...
El conjunto natural creaba un ambiente mágico e inexplicable, observarlo me llenaba de paz y estabilidad.
-Bonito, ¿verdad?-dijo la entrenadora Black.
-Es…increíble.-casi no me salía la voz.
Sacudí un poco la cabeza para volver en mí, y me acordé de que mi cabeza estaba llena de preguntas que necesitaban respuesta.
-Entrenadora Black, ¿cómo es posible que todas estas plantas crezcan juntas?-pregunté frunciendo el ceño, no me entraba en la cabeza que eso fuese posible.-No parece posible...
-En realidad no me corresponde a mí darte esa respuesta, pero te veo algo ansiosa.-dijo suspirando levemente.-Todo este jardín lleva aquí desde la primera generación de los doce, nacida en 1445, ellos fueron quienes construyeron este gran castillo, más o menos tiene unos 6 siglos de vida, y aunque parece imposible es cierto. Cada vez que una generación pierde sus poderes para traspasarlos a sus descendientes el jardín muere, pero en cuanto la siguiente generación nace y los poderes empiezan a resurgir de nuevo el jardín revive para convertirse de nuevo en lo que era. En realidad no hay una explicación científica para determinar la vida de este jardín, pero tenemos la teoría de que morirá cuando vosotros perdáis vuestros poderes y no podrá volver a recuperarse... Es algo triste.
-Vaya…-no sabía que decir, así que cambié de tema.- ¿Dónde nos dirigimos?
-A mi despacho, tengo que registrar y verificar ciertos datos sobre ti.-Ni si quiera se dio la vuelta para mirarme, solo siguió andando rápidamente a pesar de los altos botines que llevaba.
La seguí lo más de prisa que pude, pero el jardín me tenía hipnotizada. La entrenadora Black se paró ante una puerta en la que había una placa dorada con letras grabadas.
-Este es mi despacho.-Hizo una pausa para mirarme antes de abrirlo y suspiró.-Mira  Táhmina, sé que esto es bastante difícil de asimilar, pero debes hacerlo cuanto antes porque mañana empezarás con tu horario y si no te adaptas rápido no habrá resultados.
Giró la llave que abría el despacho y entramos. Era pequeño pero con buena luz ya que había una gran ventana que ocupaba de ancho casi toda la pared del fondo, pero no era muy alta, estaba enmarcada por largas cortinas color vino oscuro sujetas por gruesas cuerdas color ocre. En la pared de la puerta y de la derecha estaba llena de fotos de la entrenadora Black, solo que en una de ellas la entrenadora Black tendría unos 13 años y sujetaba un enorme trofeo acompañada de Yulia con casi treinta años, diría yo; también me fijé en que había muchas medallas y una vitrina en la pared con infinidad de trofeos con distintas fechas y formas. En la pared de la derecha había dos estanterías repletas de libros que parecían hablar de distintos tipos de lucha. Los negros botines de la entrenadora hacían crujir el suelo de madera oscura a juego con las paredes color granate oscurecido, quizá por la antigüedad; la entrenadora Black se dirigió hacia su mesa, que se encontraba en el centro de la habitación, esta era de un estilo al igual que los muebles que había visto en la entrada del internado, robusta y oscura, en ella había un ordenador sobremesa de Apple junto con su teclado correspondiente, también había un par de gruesas carpetas negras y dos lapiceros negros con bolígrafos y portaminas. La entrenadora tomó asiento en una silla del estilo de la mesa, la tapicería era del mismo color que las paredes. Me hizo un gesto con la mano para que yo también tomase asiento, abrió un cajón de su mesa y sacó un fina carpeta marrón en la que ponía en letras azules <<Confidencial. Propiedad del Círculo Interior>>.
-Veamos…-dijo la entrenadora mientras se rascaba la sién.-Esto, por así decirlo es tu expediente…Sólo tienes que responder unas pocas preguntas.
Asentí preparándome para lo que viniese, fuese lo que fuese.
-¿Cuál es tu nombre?- dijo sin mirarme.
Arqueé una ceja, era una pregunta bastante tonta.
-Táhmina Nava…Arafat. Táhmina Arafat.-Tosí levemente, quizás la pregunta no fuese tan tonta como parecía.
-Naciste el diecinueve de noviembre de 1995, ¿cierto?
-Sí.
-¿Cuál es tu poder?
-Humm…-Bajé la cabeza y me miré las manos.-Controlo todo lo que tiene que ver con el espacio.
-Así es. Bien.-Hizo una pausa y me miró indecisa.- Táhmina, ¿te encuentras bien?
-Sí, claro.-Levanté lentamente la cabeza y me fijé en que la entrenadora Black me miraba, estaba mareada, pero seguramente sería por los nervios.-Sigue, no me pasa nada.
-Está bien. Solo quedan un par de preguntas y podrás irte.- ¿Dónde naciste?
-En Madrid, España.
-¿Mantienes relaciones de amistad o amorosas con alguien fuera del círculo?
-Humm…Sí, de amistad sí.
-Bien. ¿Y dentro del círculo?
Esa pregunta hizo que todos los músculos de mi cuerpo se tensaran y solo me viniese un nombre a la mente, James.
-N-No…-En cierto sentido estaba diciendo la verdad, lo nuestro solo había sido una noche, no significaba nada, o eso creía.
-Vale, ahora te daré una hoja con las normas de convivencia y… me tienes que dar tu móvil y todo aparato electrónico que te pueda poner en contacto con tu familia o con tus antiguos amigos.
-P-Pero… ¿Por qué?- No quería dejar de hablar con mis padres, ni con Kate, los necesitaba.
-Mira Táhmina, es una norma del centro, y lo siento mucho, pero es una medida de precaución, podrías poner en peligro a tu familia o a tus amigos, o incluso  a ti misma. Por favor dámelo.
Metí mi temblorosa mano en el bolsillo del abrigo y saqué mi móvil, la entrenadora Black lo guardo en uno de sus cajones y lo cerró con la misma llave que había abierto su despacho. Vi que abría otro cajón y sacaba una caja blanca y me la tendía.
-Este es otro móvil, es nuevo, pero me he encargado de ponerte los números de tus compañeros del círculo y de algunos miembros que trabajan aquí.
Asentí y me di media vuelta para coger mi maleta y marcharme de aquel lugar. Me sentía muy cansada, entre el viaje y las estúpidas preguntas no soportaba nada. Miré que tenía el puño derecho cerrado con fuerza y que dentro de él había una hoja muy arrugada. Vi que se trataba de la hoja de normas que me había dado la entrenadora, intenté alisar un poco las arrugas y comencé a leer.
*Primera norma: Está terminantemente prohibido hablar del círculo con personas ajenas a la existencia de este o que no sean miembros directos de él.
Bien, primera norma fallada, ya le había contado a Kate la existencia del círculo.
*Segunda norma: No mantener ningún contacto con personas de la vida fuera del círculo, familiares incluidos.
La cosa iba mejorando…
*Tercera norma: No mantener ningún tipo de relación amorosa con ninguno de los miembros del círculo.
Chuta, remate y gol. Las normas ya me estaban tocando un poco las narices, anduve enérgicamente mientras leía enfurecida sin razón alguna, y no me di cuenta hasta que fue tarde.
Me choqué con algo duro y todo lo que llevaba en las manos cayó al suelo estrepitosamente mientras yo rebotaba hacia atrás y miraba confundida para ver con qué o quién había chocado.
-Perdona, no te había visto.- Se me paró el corazón y me dieron ganas de caerme de rodillas al suelo del susto.- Tam, ¿te encuentras bien?
James se agachó para recoger las cosas mientras yo, con mi cara de imbécil pasmada, lo miraba boquiabierta.
-Sí. Humm…gracias.- Cogí las cosas rápidamente y me dispuse a irme, pero James fue más rápido y me sujetó por el brazo; a pesar de las capas de ropa su contacto fue como un pequeño latigazo de electricidad que se extendía rápidamente por todo mi cuerpo.
-Tam, espera. Por favor.- Me giré poco a poco y me encontré muy cerca de él. Mi corazón iba a mil por hora.-Todavía tenemos que hablar, me tienes que explicar que te pasó cuando hablaste con la directora Soret.
El mero hecho de recordarlo hizo que me doliera todo el cuerpo y me quedase paralizada con un nudo en la garganta.
-James, lo siento, pero no tengo nada que explicarte.- Contuve un segundo la respiración y volví a hablar.- Lo que ocurrió esa noche fue un error.
-¿Lo dices en serio?-Parecía como si el corazón se le estuviese quebrando en miles de pedazos.-No entiendo por qué…
-No, James. Yo…-Hice una pausa para poder aguantarme las lágrimas y tener coraje suficiente como para decirle algo que le destrozaría.- Te respeto como compañero y…tendremos que protegernos el uno al otro porque somos miembros del círculo, pero… no te quiero. No me importas nada y quiero que olvides lo de esa noche, porque yo ya lo he olvidado.
Soltó mi brazo y dejó caer su mano, como si se hubiese quedado sin fuerzas, me miró como si fuese la peor persona del mundo.

-Ya nos veremos en los entrenamientos…- dije para despedirme, y me fui apresuradamente.