martes, 17 de septiembre de 2013

Capítulo 11

Caí de rodillas al suelo frío, ya no estaba sujeta ni a Yamir ni a Rose, veía algo borroso, pero conseguí divisar una mano tendida frente a mí, la cogí para poder levantarme y sacudirme los vaqueros.
-La primera vez siempre es difícil mantenerse en pie, pero verás cómo te acostumbras.- Dijo una voz cerca de mí, parecía que era Yamir.
Pestañeé un par de veces hasta que mi vista se centró, me fijé en que había entrado en una especie de túnel estrecho dónde las paredes eran de piedra con antorchas encendidas y el suelo estaba terroso y polvoriento.
-¿Dónde estamos?-Dije aún confundida.- ¿Cómo hemos entrado aquí? ¿Y dónde están Rose y James?
-Ven, te lo explicaré de camino, ellos ya se nos han adelantado.
Lo seguí mientras se metía por distintos pasadizos, parecía que sabía con seguridad el camino que tenía que coger.
-Hemos llegado hasta aquí saltando por un portal que solo nosotros podemos crear con nuestros poderes. Nosotros lo llamamos los pasadizos secretos, aunque ya no son tan secretos, todos los miembros del C.I.E.P. conocen su existencia, aunque solo nosotros podemos usarlos, ya que para entrar en los pasadizos se necesita abrir un portal y para eso se usa nuestra magia.
-Vaya...- Dije alucinada.- Pero, ¿porqué usar estos pasadizos si podemos salir del internado e ir en coche al instituto?
-Buena pregunta.-dijo sonriendo.- Usamos estos pasadizos principalmente por dos razones, la primera es por nuestra seguridad, en estos momentos vivimos a las afueras de Dover, es decir, estamos a muchos kilómetros de nuestro instituto, que se encuentra en Londres, si fuésemos en cualquier medio de transporte podríamos alertar a la Alianza Yegobita y nos podrían seguir la pista hasta aquí, por eso estudiamos en Londres para despistarlos y que crean que residimos en Londres y no aquí.
-Humm... ¿Quiénes son la Alianza Yegobita?-dije pensativa.- Espera… ¿Pero no era la O.C.C.?
-Sí, la Alianza Yegobita es el nombre con el que se hacen llamar los cazadores de la O.C.C.,  ya que la organización no solo está formada por cazadores, sino que los ayudan muchos científicos e investigadores de todas partes del mundo, ya que están en contra de lo que somos, su único propósito es matarnos a los doce elegidos y así evitar que se cierre el círculo. Ellos son nuestros mayores enemigos, pero eso ya te lo explicará la profesora Black.- Hizo una pausa para coger aire y siguió.- Y la segunda razón es porque por aquí se llega antes a Londres.
-Pero tú mismo has dicho que estamos a kilómetros, ¿cómo es posible que por aquí se llegue antes?- Dije confundida.
-Es simple, estos pasadizos fueron creados poco después que el castillo, en esa época servían para que nuestros antepasados se desplazasen por tierras enemigas sin ser vistos, ya que los consideraba brujos por usar ''magia prohibida'', además los doce miembros del círculo de la primera generación crearon una especie de conjuro que hace que por aquí el tiempo pase de forma diferente, es decir, en 10 minutos o así estaremos en Londres, justo al lado de nuestro instituto, mientras que si fuésemos en coche tardaríamos una hora y media o más.
Giramos unas cuantas veces más hasta llegar al final de un pasadizo sin salida, en la pared vi apoyados a James y a Rose esperándonos con algo de impaciencia. James subió el primero por unas escaleras de hierro pegadas a la pared, dibujó el mismo cuadrado luminoso que había hecho Rose antes, solo que este no succionaba a nadie, simplemente dejaba escapar un viento helado que provenía del exterior. Subimos uno a uno, yo fui la última en salir y me quedé impresionada al ver Londres con mis propios ojos, estábamos en un callejón algo oscuro, pero ya desde ahí se podía ver todo, el ensordecedor ruido de un motor me despertó de mi ensoñación y giré la vista hacia el lugar del ruido justo a tiempo para ver a Rose y a James, cada uno subido en una Ducati 848 negra. Eran preciosas y en el lateral de cada una había un número grabado rodeado de doce estrellas negras; en la de Rose era un 6 y en la de James un 10, aquellas doce estrellas me recordaron a algo, pero no supe a qué...
Yamir chasqueó los dedos delante de mi cara para llamar mi atención.
-¿Nos vamos?- Dijo señalando con el pulgar un todoterreno Chevrolet negro.- Como aún no te han dado a elegir entre conducir una moto o un coche te llevaré yo.
Asentí y me monté en el asiento del copiloto mientras Yamir arrancaba el coche.
-No sabía que con 17 años ya tuvieses el carnet.- Dije arqueando una ceja desconfiadamente.
-En realidad no se puede decir que tenga el carnet de conducir oficialmente, pero sé conducir.- Dijo mientras se ponía el cinturón.
-¿Rose y James tampoco tienen el carnet de conducir?- Dije mientras me abrochaba el cinturón.- Eso es bastante irresponsable por parte del C.I.E.P., tanto decir que estamos en peligro por esa tal Alianza Yegobita y luego nos dejan conducir sin carnet a nuestras anchas.
-En realidad no es del todo así.- Hizo una pausa mientras que giraba en una calle.- Rose tiene bastante experiencia, lleva robando coches y motos desde... los 13 años creo y a los 16 se sacó el carnet de conducir en Estados Unidos, aquí se lo dieron por válido así que ella si tiene carnet de conducir; James es más como yo, los dos sabemos conducir pero no tenemos el carnet, nuestras responsabilidades como miembros del Círculo nos mantienen lo suficientemente ocupados como para preocuparnos por sacárnoslo.
Se paró en un semáforo en rojo y me miró.
-Espera, espera, espera.-dije mirando atónita a Yamir.- ¿Rose robaba coches?
-Sí.-dijo frunciendo el ceño.-No sé de qué te extrañas.
-Pues es de lo más evidente- Dije arqueando una ceja.-Va vestida como una pija, y además es creída hasta las cejas.
Resoplé acordándome de nuestro desafortunado encuentro en el desayuno.
-Tam, no tienes ni idea.-dijo suspirando.- Rose no es tal cuál la ves, ella al igual que tú y que todos no ha tenido un pasado fácil. Sé que no me corresponde a mí contártelo, pero es para que mires a Rose con otros ojos. Hace 5 meses más o menos fui a Texas para recoger a Rose, era totalmente diferente de cómo es ahora. Ella vivía de la calle, su madre murió asesinada por su padre alcohólico cuando tan solo tenía 6 años, además lo presenció, su padre se escapó y todavía siguen buscándolo por lo que hizo; luego servicios sociales se ocupó de Rose y de su hermana pequeña Melanie, pero ambas ya de muy pequeñas se escapaban de sus casas de acogida y vivían solas por las calles, a los 16 años Rose se metió a trabajar para pagar un apartamento, pero el sueldo no le daba para mucho así que también vivía de pasar drogas, por suerte ella no se enganchó a ninguna. Cuando fui a recogerla para traerla aquí se negó rotundamente, decía que no podía dejar sola a su hermana y sin dinero, pero el C.I.E.P. le propuso que le pagarían a Melanie mensualmente una buena suma de dinero, y aunque me costó convencerla vino conmigo.
-Vaya…-dije sin saber exactamente qué decir.-No tenía ni idea…Pero si tú mismo dices que el aire pijo no va con Rose, ¿por qué se viste así?
-Ella ya te lo ha respondido en el desayuno, en este instituto van todos vestidos de marcas muy caras, por eso te pregunté si querías volver a cambiarte, aquí todos te miraran por no ir vestida como ellos, es discriminatorio sí, pero es lo que hay.
Miré mi desgastada ropa y enseguida me arrepentí de no haberme cambiado, pero ya no había vuelta a atrás.
Para distraernos un rato Yamir puso la música a un volumen altísimo mientras que se reía y cantaba desafinando un poco en los tonos agudos; hasta ahora Yamir era quien mejor me había tratado sin juzgarme, me caía muy bien y esperaba que nos convirtiésemos en grandes amigos, era guapo y me atraía de la manera que atrae cualquier chico guapo como él, sin embargo, para mí sería como un hermano, mi compañero y amigo, no como James...Mi conciencia me estaba matando, le había hecho tanto daño, y... le había mentido, sí que me importaba, más que nadie en el mundo, pero era imposible estar juntos, nos distraeríamos en los entrenamientos, no me concentraría en los estudios, además de decir que iba contra las normas. No, eso no podía pasar, quería a James, sí, pero por su seguridad tendría que estar lejos de él, porque si algo le pasara por mi culpa, yo... no me lo perdonaría nunca.
Yamir aparcó por fin el coche, mi primer día en un nuevo instituto empezaba.

                                                          * * *
En realidad... pensé que el día me iría mejor de lo que había sido, pero no, ni por asomo había sido bueno, conforme habían pasado las horas estaba de peor humor. 
Para empezar las clases eran muy aburridas y si me despistaba un segundo perdía el hilo y no me enteraba de nada. Ese día había compartido una clase con Rose, que se había encargado de molestarme como fuera posible; y dos con Yamir; a James no lo había visto en todo el día, ni si quiera en el descanso. A partir de la tercera hora decidí que por el momento atender a la clase era una pérdida de tiempo, así que decidí hacerme una lista con todas las preguntas que tenía y que nadie me había respondido aún e intenté encontrarles mi propia respuesta, pero ninguna tenía sentido realmente…
Por si fuera poco en los pasillos todo el mundo me miraba, unos con irritación y asco, otros con vergüenza, y otros con desdén, y todo se resumía en algo sencillo, mi ropa. Rose no se había equivocado, el instituto estaba lleno de pijos estirados y pedantes que miraban mi sudadera como si fuese algo sucio y repugnante, las niñatas ricachonas iban vestidas enteras de marca, pero encima tenían la pinta de ser todas unas golfas ya que sus camisas entalladas transparentaban sus sujetadores de encaje caros y además las llevaban con tres botones bien abiertos.
Una de las muchas alumnas de por allí tuvo el valor de chocar conmigo. Era de pelo rizado rubio muy claro, y a pesar de que muchas chicas de allí eran rubias de bote, su pelo era totalmente natural, lo llevaba recogido suavemente con horquillas hacia un lado, sus ojos eran de un azul tan eléctrico que te cortaba la respiración, y sus labios eran rosados y carnosos; si no fuera por la mueca de desprecio que puso habría pensado que era igual de inocente que su rostro.
-Lleva cuidado por dónde vas.- dijo mordazmente.- Y a ver si el director aprende ya a traer alumnas que puedan permitirse comprarse algo de ropa decente para venir.  
Chocó con mi hombro aposta y empezó a andar con aires de superioridad. Apreté los puños harta ya de todo en general y me volví hacia ella
-¡Tú niñata engreída!- Le espeté, y se giró sorprendida señalándose a sí misma con aires de inocencia.-Has sido tú la que has chocado conmigo, deberías disculparte.
Se acercó desafiante hacia a mí, mientras los demás alumnos se acercaban y hacían un corro al rededor nuestra sacando los móviles en vista de una posible pelea. Mi mal humor cada vez iba creciendo más.
-¿Perdona?- dijo con voz envenenada en odio.- Aquí la gente que no tiene dinero se está calladita en un rincón sin hacer ruido, y tú no eres más que un bicho insignificante que no tiene ni para comer. Seguro que tus papis no te han podido pagar el curso y estás aquí con una beca.
Sonrió mientras todo el mundo gritaba a coro <<¡Uoo!>>,  lo único que yo quería en ese momento era reventarle a golpes su estúpida y vacía cabeza, pero entonces oí algo que me dejó petrificada. James me hablaba, pero no estaba entre la gente, sólo vi a Rose sonriendo divertida por la situación, sin embargo, en mi cabeza oí la voz de James, por lo que comprendí que estaría usando sus poderes, <<Tam, no lo hagas, déjala en paz o te meterás en líos con el director, él no es del C.I.E.P., si te metes en una pelea te expulsará y eso será malo para todos. >>
No quería hacer caso a James, pero tenía razón.
-¿Es que te has quedado sin palabras mona?- dijo sonriendo maliciosamente.
-Que va, pero como no soy una zorra como tú me voy a callar.-Dije sonriendo irónicamente.
Me di media vuelta y la rubia pija se quedó en mitad del pasillo con sus tacones altos y su ropa ajustada mientras el corro de gente se disipaba.
Vi a James a lo lejos, me miró de reojo y metió las manos en los bolsillos de sus pantalones mientras daba media vuelta y giraba en otro pasillo. Me dirigí sofocada al cuarto de baño que por suerte estaba vacío; me eché un poco de agua en la cara y respiré lentamente un par de veces hasta que pude relajarme un poco; me miré al espejo y vi el mal aspecto de mi cara, tenía profundas ojeras, las mejillas estaban enrojecidas por la rabia contenida anteriormente y la cabeza me dolía bastante. La falta de sueño y el estrés de los acontecimientos de los últimos días se me estaban acumulando, eso no podía ser bueno.
Salí al pasillo y me dirigí a mi taquilla, quedaban 10 minutos para que empezase la última clase así que abrí rápidamente la estrecha puerta metálica y cambié los libros, luego vi que tenía aspirinas así que me tomé una para aliviar el dolor de cabeza. Cerré la puerta de mi taquilla con fuerza y me sobresalté, pero no fue por el ruido sino porque Yamir estaba ahí apoyado en la taquilla del al lado mirándome con el ceño fruncido.
-Eso que estabas haciendo era una estupidez.- dijo algo enfadado.-Estamos en este instituto para no llamar la atención y pasar desapercibidos, y tú vas y en tu primer día te metes en una pelea plantándole cara a Jessica Laroche, una de las alumnas más importantes de este instituto.
-No me he metido en ninguna pelea.- dije cortante y le di la espalda para dirigirme a la siguiente clase.
Yamir me tocó el hombro y me hizo retroceder y dar la vuelta para mirarle.
-No, no te has metido, pero has estado a punto de usar tus poderes, y podías haber causado una catástrofe. Nos hubiesen descubierto, o peor, nos habrías puesto en grave peligro.
-Eso no es cierto, yo no he usado mis poderes, ni si quiera lo he pensado.- dije enfadada.
-Ahí está el problema, que no lo piensas. No lo sabes controlar y es peligroso.- Dijo alzando un poco la voz un poco irritado.
-¡Pero tú ni si quiera lo sabes!- grité harta de que me riñese por algo que ni si quiera he hecho.- ¿Cómo puedes explicarme que sabías que iba a utilizar mis poderes?
-Ven.- dijo agarrándome de la muñeca y llevándome lejos de dónde estábamos.
Me arrastró contra mi voluntad a una clase vacía, y cerró la puerta tras de sí.
-¿Qué haces?- dije confundida.- Voy a llegar tarde a clase.
-No importa, no se enterarán. Voy a enseñarte como he sabido que ibas a utilizar tus poderes.
Cogió una silla de un rincón de la clase y la puso entre él y yo, entonces Yamir me miró fijamente y sentí que algo salía de mi interior, como si me estuviesen arrancando parte de mí, era muy extraño y molesto, pero no doloroso, la garganta me quemaba y el corazón cada vez me latía más fuerte, volví a sentir esa sed que había sentido al tocar la puerta del castillo, pero esta vez más fuerte y abundante, parecía algo más que una sensación de sed, por un momento mis sentidos se agudizaron, oía cosas que antes no percibía, veía con detalle objetos lejanos que una persona normal no podría ver, incluso percibía olores que no estaban allí conmigo; no sabría cómo explicarlo, pero sentía la ansiedad de Yamir, observé sus ojos, tenía las pupilas dilatadas y brillaban mucho, de repente se oyó un ruido, como el crepitar del fuego, solo que muy cerca de mí, entonces vi la silla, había comenzado a arder súbitamente en un poderoso llamarada anaranjada.
-Lo sientes, ¿verdad?- dijo frunciendo el ceño.
-Sí.-dije con voz ronca.
Yamir bajó la vista, y durante unos instantes estuvo mirando fascinado como crepitaban las llamas y hacían cenizas lo que antes había sido una silla, luego, como si se despertara de un sueño, parpadeó varias veces y agitó la mano derecha, lo que hizo que de repente el fuego desapareciese y solo quedasen restos de cenizas y finas columnas de humo gris.
Yamir se sentó encima de la mesa del profesor mientras que yo cogía otra silla y me sentaba algo agotada por las sensaciones de antes.
-Y… ¿Esto ocurre siempre?- dije sin saber bien cómo explicarme.- Es decir, esta sensación tan extraña surge siempre, ¿o solo de vez en cuando?
-Se llama polidipsia instintiva, y sí, surge siempre.- dijo suspirando.- Al principio no afecta demasiado, solo la encuentras extraña y fascinante a la vez, tus sentidos mejoran, te sientes más poderosa e incluso percibes cosas de las que antes no podías darte cuenta, como por ejemplo, notas el miedo o la alegría de una persona cercana a ti.
-¿Y siempre es en la misma intensidad?- dije a la misma vez que miles de dudas me llenaban la cabeza.
-No, eso es lo malo. Cada vez que uno de nosotros utilizamos los poderes, los demás lo notan, da igual la distancia que haya, siempre lo notas, cuánto más cerca estés más sentirás esa sensación, y es peor, porque la polidipsia instintiva tiene efectos secundarios, por decirlo así. Cuanto más cerca estés la sensación es más fuerte, tu mente se compenetra con tus poderes, te haces más fuerte, pero eres como un animal, apenas puedes pensar con claridad, y tienes ganas de usar los poderes de forma descontrolada, dejándolos salir sin rumbo y eso, es muy peligroso ya que aunque no lo parezca nuestros poderes no tienen límite.
-Vaya…- dije fascinada a la vez que aterrada.- Y cuando usamos los poderes, ¿no lo notamos?
-No exactamente.- Miró a la ventana meditabundo.- Nosotros usamos los poderes conscientemente, por eso la polidipsia no nos afecta, porque controlamos lo que hacemos, sin embargo, en nuestro interior siempre notamos algo, un nudo en la garganta, el corazón se nos acelera, o si usamos nuestros poderes con mucha potencia sentimos pinchazos en las sienes o en las muñecas...
En ese mismo instante sonó el timbre que indicaba que las clases habían acabado, Yamir se sobresaltó levemente y se bajó de la mesa del profesor mientras que yo dejaba la silla en su sitio, miré a las cenizas algo dudosa.
-Esto… Yamir, ¿qué hacemos con las cenizas?- dije mordiéndome el labio inferior.
-Bah, no importa, ya las recogerá el conserje.- dijo sonriéndome. Luego se acercó a mí y me puso una mano en la espalda para indicarme que fuese hasta la puerta.
Puse la mano en el picaporte, pero cuando fui a abrir Yamir puso una mano en la puerta e impidió que abriese.
-Espera.- dijo mirándome directamente a los ojos.- Me tienes que prometer que no vas a usar tus poderes, a no ser que sea estrictamente necesario, si nos descubren puede ser muy peligroso.
-Te lo prometo.-dije seriamente.
Apartó la mano de la puerta y pasamos al pasillo, donde la muchedumbre cada vez crecía más.
-Escucha Tam.- dijo Yamir intentando hablar por encima del ruido de los alumnos.- Ha empezado a llover, así que voy a traer el coche a la entrada, tu mientras fíjate en si Rose y James van a sus motos, tenemos que ir todos juntos a los pasadizos, ¿vale?
Asentí y me dirigí a mi taquilla para coger la mochila, de camino vi a Rose con el casco de la moto en un brazo y el bolso en otro, seguramente iría directa a su moto.
Me dirigí a la entrada y me puse la capucha de la sudadera dispuesta a salir, pero al no ver aún a Yamir decidí quedarme bajo el techo. A unos metros de mí pude ver a James montado en su moto a punto de ponerse el casco, pero en ese momento la chica rubia con la que casi me peleaba antes se le acercaba con un paraguas, esto…¿Cómo se llamaba? Hummm… ¡Jessica! Eso era, Jessica Laroche.
Jessica se le acercó sonriendo adorablemente, cualquier chico hubiese querido estar con ella, sin embargo James miraba a otro lado, aunque de vez en cuando sonreía a lo que le decía, parecía que se conocían bastante. En ese instante James me miró por el rabillo del ojo, pero solo fueron unos segundos, después miró a los ojos a Jessica y pude leer lo que le decía en sus labios: <<Te echado mucho de menos. >>, Jessica enrojeció levemente, su aspecto era encantador, James le pasó un mechón suelto de la trenza por detrás de la oreja y ella sonrió tímidamente mientras le pasaba las manos por el cuello. Sentía un tremendo nudo en la garganta que casi me impedía respirar, Jessica y James cada vez estaban más cerca, hasta que se besaron.
Mi corazón se hizo en mil pedazos, mientras que las lágrimas salían de mis ojos sin que pudiese hacer nada. James le pasó una mano por la cintura, mientras que ella le rodeaba el cuello. Luego se separaron y James arrancó la moto haciendo que el motor resonara tan fuerte que el sonido rebotó en mi pecho, Jessica le despedía alegremente con la mano mientras que volvía con su grupo de amigas.
Vi a Yamir poniéndose justo en frente de la entrada, y salí corriendo al coche mientras que las gotas de lluvia se mezclaban con mis lágrimas, abrí la puerta y entré en el coche estrepitosamente.
Durante el trayecto nadie dijo nada, ni si quiera pusimos la radio, Yamir conducía concentrado en la carretera, mientras que yo tenía la frente pegada en el frío cristal e intentaba concentrarme en el ruido de las gotas que caían incesablemente y no en el hecho de me que mi corazón estaba hecho trizas; paramos en un semáforo en rojo antes de llegar al callejón por donde habíamos salido antes.
-Estás muy callada.- Dijo Yamir con una media sonrisa.- ¿No tienes ninguna pregunta que hacerme?
-No.- dije tosiendo falsamente para disimular la voz ronca y el disgusto.
Yamir se giró para mirarme, pero yo seguía de espaldas a él con la cabeza pegada a la ventana.
-¿Te pasa algo?- Dijo cautelosamente.
-Nada.- dije secamente.
-Humm… está bien.- dijo mientras se movía en su asiento algo incómodo por la situación.
Llegamos al callejón y Yamir apagó el coche, pero antes de abrir la puerta me miró seriamente.
-Tam.- dijo mirándome con perturbadora sinceridad.- Sea lo que sea lo que te pase, sabes que puedes confiar en mí, estaré a tu lado para lo que necesites, no lo dudes, ¿vale?
Asentí a punto de echarme a llorar, lo único que necesitaba era mi casa, mi familia, mi antigua vida.
                                                  * * *
Al entrar de nuevo en los pasadizos la temperatura había bajado, hacía más frío que antes y por desgracia mi sudadera no era tan gruesa como para protegerme del frío, además estaba un poco húmeda.
Poco a poco me quedé atrás, iba lenta por el frío que hacía, pero no era eso lo que me ralentizaba, sino la imagen que veía una y otra vez en mi cabeza de James besando a Jessica.
Al principio Yamir quiso esperarme, pero le dije que se adelantara que yo lo seguiría sin problema, Rose también se adelantó y se puso al lado de Yamir mientras al parecer mantenían una divertida conversación. James iba unos pasos por detrás de ellos, y detrás de él iba yo a bastantes pasos de distancia.
En diez minutos llegamos de nuevo por donde habíamos entrado a los pasadizos y Yamir y Rose subieron los primeros. Me dispuse a subir yo también cuando James me cogió de la muñeca y me arrastró hacia atrás poniéndome frente a él.
-¿Pero a ti que te pasa?- Le dije fríamente. Estaba furiosa con él, ya que me había besado hacía un par de días teniendo novia; pero aún estaba más furiosa conmigo misma por ser tan estúpida.
-No, que te pasa a ti.- Dijo aún más cortante que yo.- Primero me tratas como una mierda, luego sales corriendo; y hoy has estado a punto de utilizar tus poderes para atacar a Jessica.
-¡Ha sido inconscientemente!- Dije alzando la voz.
-Ya seguro…- Dijo haciendo una pausa.- ¿Y conmigo que te pasa?
-No sé a lo que te refieres.- dije mirando hacia otro lado.
-Desde que hablaste con la directora Soret en aquella sala estas distinta y…
-No, no estoy distinta.- Dije cortándole antes de acabar la frase.- James, déjame de una vez, tú y yo no podemos estar juntos, ya te lo expliqué ayer.
-Sí, pero no me creo ni una sola palabra de lo que me dijiste.- Dijo acercándose cada vez más a mí.
A cada paso que daba, yo retrocedía resistiéndome a aquella atracción permanente que ejercía sobre mí, hasta que me topé con una de las paredes.
-Sé que lo que dijiste no es verdad.- dijo susurrando.- Me fijo en cómo me miras.
-Yo…- mi corazón se aceleraba cada vez más, James se acercó  aún más y puso su brazos a cada lado de mi cabeza, dejándome sin ningún lado por el que salir.
-Sé que está mal, pero…- dijo haciendo una pequeña pausa.- he estado intentando leerte la mente, para ver si lo que me decías era realmente cierto, pero no sé por qué no podía.
Fruncí el ceño disgustada por lo que estaba oyendo, pero casi no podía centrarme en lo que decía, ya que estaba intentando controlar los latidos de mi corazón y mis ganas de besarle.
Nos quedamos callados sin decir nada, su respiración chocaba con la mía, sus labios estaban a punto de rozar los míos, casi estaba dejándome por vencida.
-James…- dije susurrando ya que un gran nudo se apoderaba de mi garganta.- Lo siento, esto no puede ser.
Lo empujé suavemente y me separé todo lo que pude de él.
-No lo entiendo.- dijo bastante irritado.- No entiendo qué te pasa.
-James…- dije entrecortadamente.- Las normas son las normas.
-No te tenía por alguien que siguiera las normas cuando me arrastraste fuera de aquel hospital en Madrid y me decías que me querías.- dijo bastante enfadado.- Además, no creo que te importen mucho la normas cuando haces novillos en la última clase con Yamir, seguro que con él no te importaba saltarte las normas. A saber que estabais haciendo juntos…
-¡Oh, por Dios!- Dije aún más enfadada con él.- Yo no estaba haciendo nada con nadie, Yamir  y yo solo… Espera, yo no te tengo que dar explicaciones de lo que hago o dejo de hacer.
Me lanzó una mirada asesina y yo le lancé otra para contrarrestar.
-.Además, no deberías ir detrás de mí y pedirme explicaciones cuando ya tienes a tu querida novia. – Dije mientras me disponía a subir las escaleras.- Seguro que no le hace ninguna gracia lo que haces.
-Yo no…

-No, James.- Le corté.- Yo no quiero darte explicaciones, así que tú tampoco me las des.