Acostada en mi cama miraba hacia la ventana con cara de tonta, estaba recordando todo lo que había pasado antes. Después de besarme (aún no me creía que hubiera pasado) nos estuvimos mirando un buen rato, ni siquiera el silencio que había entre nosotros después de eso había sido incómodo, sino un espacio llenos de sentimientos.
-Sé que ha sido muy poco tiempo, pero lo que siento por ti...nunca lo había sentido antes. Te quiero.- dijo James haciendo que esa frase me acelerara el corazón, miré al cielo estrellado para disimular mi repentina emoción, yo también sentía algo por James, pero estaba tan nerviosa que era incapaz de decírselo como él había hecho conmigo. Observé como se movía lentamente y se ponía detrás mi, rodeándome la cintura con sus brazos; al principio con timidez apoyé ligeramente mi espalda en su cuerpo, pero después estuve más relajada y apoyé mi cabeza en su hombro, los dos observábamos las estrellas absortos en nuestros pensamientos. Giré mi cabeza hacia él y mis labios rozaron su cuello, cerré los ojos y sentí cómo su olor me inundaba.
-James, yo...- Empecé a balbucear, sentí como mis mejillas volvían a arder, deseé que no lo notara.
-¿Si? - Respondió interesado.
-Qu-quería decirte que yo...te quiero.- casi no podía creer que lo hubiera dicho, era la primera vez que se lo decía a alguien enserio.
Vi que sus brazos se movían hasta despegarse de mi cuerpo, a la vez yo me incorporé preocupada, quizás no debería haberlo dicho en ese momento. Me giré para verle la cara y vi que una sonrisa empezaba a asomar en su semblante, me sentí más relajada. Acto seguido acunó mi rostro entre sus manos y su cara se acercaba poco a poco a la mía; noté su respiración nuevamente sobre mis labios, y mi anhelo por besarle era cada vez mayor. Tan solo quedaban unos pocos centímetros entre nuestros rostros, hasta que nos fundimos en un beso que me hizo sentir como si estuviera en una nube, cada beso que me daba me dejaba sin aliento, sus labios iban descendiendo por mi mandíbula lentamente, sus besos recorrieron mi cuello hasta llegar a la clavícula, con cada beso que me fue dando me estremecía más. No quería que parase nunca, pero para mi desgracia lo hizo, se separó lentamente de mi cuello dando paso a una pequeña brisa que recorrió todos los lugares donde él me había besado. James me miró expectante, y yo esbocé una sonrisa, mientras su mano se acercaba a mi mejilla y la acarició suavemente. Unos minutos después de estar uno junto al otro, James se fijó en la hora que era y para mi desgracia se separó de mí.
-Deberíamos irnos ya, son las dos de la madrugada y mañana seguramente tendremos poco tiempo para prepararnos.- dijo mientras se levantaba y me tendía una mano.
La cogí y me levanté a la vez que él me empujaba hacia su cuerpo y me rodeaba con sus brazos dándome un cálido abrazo. Nos dirigimos al interior del edificio.
# # #
Conseguí dormirme entre los dulces recuerdos de esa noche.
A la mañana siguiente me desperté de muy buen humor, solo pensaba en que quería ver a James y estar junto a él. Cuando me levanté de la cama me dirigí hacia la puerta para salir al baño, pero justo cuando toqué el picaporte la puerta se abrió y vi que alguien entraba.
- Buenos dias Tami.- dijo James sonriendo.- ¿Has dormido bien?
- Si.- dije con una gran sonrisa.
Entro a la habitación y cerró la puerta tras de sí. Vino hacia mi y me abrazó, nos miramos sonriendo.
-Feliz cumpleaños- me susurró al oído. Un escalofrío de placer me recorrió el cuerpo solamente por tenerlo tal cerca.
-Gracias- musité. Una alegría explosiva crecía cada vez más en mi interior.
Me volvió a besar, esto cada vez me iba gustando más. Seguimos unos minutos abrazados, hasta que nos sorprendimos al ver que la puerta se abría de nuevo.
-Vaya...¿interrumpo algo?- dijo la directora Soret abriendo los ojos.
-N-no...- respondió James mientras se separaba rápidamente de mí.
Recé porque no se me notara como me ruborizaba, últimamente lo hacía con una facilidad impresionante.
-Bueno, en ese caso...- dijo la directora.- Táhmina, deberías desayunar algo, en un rato nos iremos a tu casa a recoger algunas de tus pertenencias, en unas horas saldrá vuestro vuelo a Londres.
James y yo asentimos lentamente, su repentina visita nos había pillado de sopetón.
-Ah y,Táhmina, después de desayunar pásate por la sala de reuniones de la segunda planta...James te llevará hasta ella.- dijo seriamente y se marchó con paso enérgico y ligero.
James y yo nos volvimos a quedar solos.
-¿Sabes tú porqué quiere volver a verme después?- dije mirando a James interrogativa.
-La verdad, no tengo ni idea...- dijo encogiéndose de hombros.
Salimos de la habitación y seguí a James a través de diferentes pasillos hasta llegar a los ascensores, el recorrido me recordó al que hicimos por la noche, sonreí mentalmente.
-¿Dónde vamos a desayunar?- pregunté a James.
- Aquí.- dijo James señalando la máquina expendedora que había en un rincón cerca de los ascensores.- Por desgracia no solemos venir por aquí, así que no hay nada más que esto, ¿qué te apetece?
Me encogí de hombros y señalé un kit-kat, mientras James introducía unas monedas y la clave para sacarlo. Él en cambio, se cogió una bolsa de galletas oreo. Caminamos hacia la parte izquierda de la sala de los ascensores y abrimos una puerta, no me esperaba que hubiese algo así detrás de una puerta tan simple como aquella. Salimos a una pequeña terraza exterior, desde allí se veía toda la explanada verde, el estanque y el gran árbol que vimos por la noche. Era un paisaje realmente hermoso; mientras observaba el panorama abrí el kit-kat y empecé a comerlo con ganas, la verdad es que no me había dado cuenta del hambre que tenía hasta que comencé a comerlo.
Apoyé mis manos en la barandilla blanca de la terraza y cerré los ojos, los rayos de sol de aquella mañana me calentaban las mejillas y me hacían sentir libre, como si no estuviera allí. En seguida noté los brazos de James rodearme la cintura, y su barbilla encima de mi hombro, sentí como pegaba su mejilla contra la mía. Abrí los ojos y noté sus labios pegados a mi oído.
-Creo que deberíamos bajar...-me susurró. Yo abrí la boca con intención de renegar, pero la volví a cerrar, quería saber que es lo que tenía que decirme la directora Soret.
# # #
Entré en la sala con gran nerviosismo, James me había dicho que tenía que irse a hacer unas cosas, pero yo sabía que se quedaría rondando por el pasillo, esperando a que saliera.
La sala era algo pequeña y rectangular, las paredes estaban pintadas igual que la habitación dónde había dormido, solo que en este lugar había un gran mesa ovalada de madera oscura, como si fuera para reuniones como las de una empresa. En un rincón había una máquina de café y en la pared de la derecha una pantalla enorme de televisión , parecía bastante cara; en frente de la máquina de café había un armario algo más alto que yo, en una de sus puertas había una cerradura, quizá guardasen algo importante ahí dentro.
Encontré a la directora Soret dando vueltas por la habitación, seguramente esperándome.
-¿Directora Soret?- dije tímidamente, me sentí como si estuviera en el instituto de nuevo y me hubieran mandado al despacho de la directora.
- Ah, Táhmina, ya estás aquí.- dijo secamente, la noté extrañamente preocupada. Quizás fueran imaginaciones mías.- Siéntate por favor.
Cogí asiento en una silla negra giratoria, a simple vista parecía incómoda, pero realmente no lo era, pero por muy cómoda que fuera estaba demasiado nerviosa como para recostarme en la mullida silla.
Como no hablé porque temía que no me saliera la voz y quedase como una estúpida, la directora comenzó a hablar primero.
-Supongo que te estarás preguntando porqué quería verte.- Dijo mientras yo asentía a modo de respuesta.- Pues quería darte unas pequeñas advertencias antes de tu viaje, son importantes y lo más seguro es que yo no vaya a Londres hasta que arregle un par de cosas aquí.
Suspiré exhalando el aire contenido en mis pulmones, eran solo unas advertencias, seguro que serían del tipo <<No te separes de James, lleva cuidado con los hombres que os persiguen...>> Volví a asentir para que continuara hablando y, aunque yo no estaba tan nerviosa como antes, prefería dejar que hablase ella la mayoría del tiempo.
-Bien pues...cuando llegues a Londres irás a un piso franco, junto con James, allí es donde vivirás este mes, pero tendrás que ir todos los días a entrenarte, es muy duro Táhmina, pero confío en que podrás superarlo...- Tomó aire para hablar de nuevo.- Pero esto no es lo más importante que quería decirte.
Al decir esas palabras se sentó enfrente mía, yo aguanté la respiración nerviosa.
-No puedes estar con James, es peligroso...-calló esperando mi respuesta.
Se me paró el corazón, ¡¿porqué no podía?!
-P-pero...-tartamudeé
-¿Lo amas de verdad?- dijo seriamente; asentí.- Pues no puedes estar junto a él, vuestras misiones son muy duras y necesitáis el máximo de concentración, en cualquiera de vuestras misiones podríais morir por culpa de estar pendientes el uno del otro...
Las lágrimas empezaron a brotar de mis ojos y caían rápidas por mis mejillas.
-Si realmente quieres a James, no puedes acercarte a él...- paró un instante y me miró a los ojos.- No quiero hacerte daño Táhmina, pero es la verdad, ningún miembro del círculo puede estar enamorado entre ellos, sería vuestro pasaporte a la muerte. El amor es un punto débil, y las personas que quieren mataros no dudarán en usarlo contra vosotros, por eso se os separa de vuestra familia, amigos...y en un tiempo no podréis enamoraros de nadie, aunque no pertenezca al círculo.
Asentí lentamente, pero mi corazón no quería entenderlo, amaba a James, aunque nos hayamos conocido hace poco me sentía ligada a él y no sabía como lograría olvidarle...Pero si realmente su vida estaría en peligro por mi culpa ya encontraría la solución para sacármelo de mis pensamientos. Era la peor noticia que me habían dicho nunca: ni Celia, ni Kate, ni James...Personas que quería no podría tenerlas a mi lado.
La directora Soret puso una de sus manos sobre la mía, me miró y habló.
-Siento no habértelo dicho antes, pero no me di cuenta de lo tarde que había llegado hasta esta mañana...- cogió aire.- No sabemos cuando se arreglará, quizá en unos años, es posible que seáis la última generación de los doce, y en unos años podáis vivir una vida normal...
Lo dijo insegura, pero yo no la creí.Negué con la cabeza.
-No pasa nada...-mi voz sonaba rota.- Podré superarlo, olvidaré a James y a los demás para siempre.
-Táhmina, yo no te he pedido que te olvides para siempre, sino que no los tengas como una prioridad, lo que te debe importar es que el círculo se cierre y podamos completar la última misión.
-Pienso que es mejor que los olvide para siempre, sino no podré concentrarme...
Esas palabras salieron de mí, pero hicieron que mi corazón se rompiera en más trozos de los que ya estaba roto.Me levanté de la silla, un escalofrío recorrió mi cuerpo y me puse tensa.
-En tres horas nos vamos al aeropuerto, primero pasaremos por tu casa a que recojas unas cuantas cosas y te despidas de tu familia y amigos...- paró y miró a otro lado.- En media hora nos vemos abajo, ¿vale?
Me fui de la sala sin responderla, no sentía ganas de hablar, solo tenía nauseas y ganas de llorar más fuerte. Al salir de allí me encontré a James dando vueltas en el pasillo y mi corazón se encogió de dolor, verlo solo empeoraba las cosas; intenté secarme la cara pero no me dio tiempo y James me miró horrorizado.
-¡Tam!, ¿qué te pasa?¿estás bien?- dijo acercándose con la intención de abrazarme, yo lo esquivé.
-Solo hemos hablado de mis padres y del viaje, por favor, déjame.- Le hablé secamente y salí corriendo a la sala mas próxima de allí. Por suerte entré en un baño, estaba algo sucio, pero no me importó.
Cerré la puerta con el pestillo y apoyé mi espalda en ella, dejándome caer en el suelo.
-¡Tám, abre la puerta, quiero saber que te pasa!- oí como gritaba y aporreaba la puerta. De repente se calló, pero en mi cabeza sentí un contacto frío y supe lo que James intentaba.
-¡James Reeves, ni se te ocurra leerme la mente, lo que haya ocurrido antes es cosa mía, no tuya!- grité con todas mis fuerzas.
El contacto de mi mente con la suya se rompió en el mismo instante y oí como se alejaba, con mucha suerte no habría visto mis pensamientos, seguramente la puerta había impedido que lo intentara con más rapidez.
Doblé las piernas y las recogí con mis brazos, apoyando la frente en mis rodillas. Lloré como nunca lo había hecho.
Amaba a James, pero si moría por mi culpa en una de nuestras misiones nunca me lo perdonaría, la mejor forma de protegernos sería olvidarle. Miré mi móvil por suerte ya tenía batería y pude mirar la hora, solo faltaban diez minutos para ir a mi casa pero no tenía ganas de salir de allí, parecía como si moverme fuese el peor castigo que podían sufrir mis músculos, estaban entumecidos porque llevaba en la misma posición veinte minutos seguidos. Me miré al espejo, tenía ojeras profundas, estaba pálida; mis ojos estaban hinchados de tanto llorar, y mis mejillas enrojecidas. Una tristeza me ahogaba en mi propio interior pero la ignoré y me lavé la cara con agua fría. Volví a mirarme al espejo y me sequé la cara con mi jersey del instituto. Me juré a mi misma que sería fuerte y olvidaría a James para siempre.
Táhmina creía que era una chica normal, y lo que menos se imaginaba es que días antes de su cumpleaños su vida daría un giro inesperado. Formaba parte de los Doce Elegidos, y nada podría cambiar ese echo.
viernes, 28 de diciembre de 2012
lunes, 10 de diciembre de 2012
Capítulo 6
Abrí los ojos pero no podía ver con claridad, estaba muy confusa, ¿qué hacía? ¿dónde estaba? Enfoqué la vista hacia el lado de la ventana y vi a James, ya me acordaba. Súbitamente imágenes del sueño me vinieron a la mente una a una, quise incorporarme, pero mi cuerpo daba pequeños temblores que me impedían hacerlo.
-¿Cómo estás?- preguntó James viniendo hacia mí.
-B-bien...-respondí agotada.
Me sentía como si acabara de correr una maratón, tenía los músculos de mi cuerpo en tensión y la cabeza me daba vueltas como si estuviera en una noria.
Logré sentarme en la cama y lentamente me levanté, quería ir al baño, necesitaba echarme algo de agua en la cara.
-¿Dónde está el baño?- pregunté débilmente.
- Nada más salir al pasillo tienes la puerta a la izquierda.- dijo señalando la mano.
Asentí y caminé hacia la puerta. A cada paso que daba un pequeño temblor recorría mis manos, pero hice como que no me daba cuenta y seguí andando. Abrí la puerta y una pequeña corriente de aire frío me heló todo el cuerpo, giré dónde me había dicho James y abrí la puerta. Me encontré con un baño pequeño, las losas del suelo eran grises y las paredes blancas, había un olor a desinfectante que hacía que me mareara cada vez más.
Me miré al espejo y vi que tenía profundas ojeras, sin razón alguna me dio una gran arcada y me dirigí sin pensármelo hacia el váter. Me agaché y me dio otra arcada, y aun sin tener nada en el estómago vomité. Me levanté temblando y me eché agua fría por toda la cara, aunque acababa de vomitar me encontraba mejor porque ya no me daban mareos ni nauseas. Salí del baño y volví a la habitación dónde me encontré a James mirando por la ventana, ¿en qué pensaría?
-¿Te encuentras mejor?- preguntó sin mirarme.
-Ahora sí...pero, ¿ahora qué?- dije poniéndome a su lado.-¿Cómo se cuál es mi poder?
-Intenta primero relajarte, y después solo tienes que recordar que has visto mientras estabas inconsciente...-me cogió suavemente la mano mientras yo cerraba los ojos y hacía lo que él me decía.
Recordé la luz blanca y la voz suave de la mujer, no me acordaba con exactitud lo que dijo pero sé que era algo de las estrellas. Después me volvió a la mente el recuerdo de una mujer de cabellos y ojos negros, una lágrima caliente y salada surcó mi rostro y cayó en silencio al suelo. Aunque no la conocí supe que era mi madre y la echaba de menos. La imagen se borró y apareció un hombre con los mismos ojos que yo y la piel morena. Era mi padre, otra lágrima caía pero James la frenó suavemente con sus dedos, un escalofrío me erizó el vello de la nuca. Por último en lo más profundo de mi mente encontré la imagen de una estrella muy luminosa y brillante, y sin saber porqué las palabras de Celia resonaron en mi cabeza: <<La tuya, si no recuerdo mal es... Rigil Kentaurus, una estrella muy bonita por cierto.>> Abrí los ojos y miré a James, vi que me observaba con atención.
-¿Cómo estás?- preguntó James viniendo hacia mí.
-B-bien...-respondí agotada.
Me sentía como si acabara de correr una maratón, tenía los músculos de mi cuerpo en tensión y la cabeza me daba vueltas como si estuviera en una noria.
Logré sentarme en la cama y lentamente me levanté, quería ir al baño, necesitaba echarme algo de agua en la cara.
-¿Dónde está el baño?- pregunté débilmente.
- Nada más salir al pasillo tienes la puerta a la izquierda.- dijo señalando la mano.
Asentí y caminé hacia la puerta. A cada paso que daba un pequeño temblor recorría mis manos, pero hice como que no me daba cuenta y seguí andando. Abrí la puerta y una pequeña corriente de aire frío me heló todo el cuerpo, giré dónde me había dicho James y abrí la puerta. Me encontré con un baño pequeño, las losas del suelo eran grises y las paredes blancas, había un olor a desinfectante que hacía que me mareara cada vez más.
Me miré al espejo y vi que tenía profundas ojeras, sin razón alguna me dio una gran arcada y me dirigí sin pensármelo hacia el váter. Me agaché y me dio otra arcada, y aun sin tener nada en el estómago vomité. Me levanté temblando y me eché agua fría por toda la cara, aunque acababa de vomitar me encontraba mejor porque ya no me daban mareos ni nauseas. Salí del baño y volví a la habitación dónde me encontré a James mirando por la ventana, ¿en qué pensaría?
-¿Te encuentras mejor?- preguntó sin mirarme.
-Ahora sí...pero, ¿ahora qué?- dije poniéndome a su lado.-¿Cómo se cuál es mi poder?
-Intenta primero relajarte, y después solo tienes que recordar que has visto mientras estabas inconsciente...-me cogió suavemente la mano mientras yo cerraba los ojos y hacía lo que él me decía.
Recordé la luz blanca y la voz suave de la mujer, no me acordaba con exactitud lo que dijo pero sé que era algo de las estrellas. Después me volvió a la mente el recuerdo de una mujer de cabellos y ojos negros, una lágrima caliente y salada surcó mi rostro y cayó en silencio al suelo. Aunque no la conocí supe que era mi madre y la echaba de menos. La imagen se borró y apareció un hombre con los mismos ojos que yo y la piel morena. Era mi padre, otra lágrima caía pero James la frenó suavemente con sus dedos, un escalofrío me erizó el vello de la nuca. Por último en lo más profundo de mi mente encontré la imagen de una estrella muy luminosa y brillante, y sin saber porqué las palabras de Celia resonaron en mi cabeza: <<La tuya, si no recuerdo mal es... Rigil Kentaurus, una estrella muy bonita por cierto.>> Abrí los ojos y miré a James, vi que me observaba con atención.
-Creo que ya sé cuál es mi poder...-Sonreí mirando al cielo.- Por cierto James, ¿y mi ropa?
Me miró con cara de asombro por el repentino cambio de tema, pero yo sabía lo que me hacía.
-En el armario de allí.- dijo señalándome una esquina de la habitación.
Fui hacia él y abrí la pequeña puerta, dentro había tres lejas de madera pintadas del mismo tono gris que las puertas, reconocí mi ropa doblada en el fondo, la cogí y me llegó un olor a suavizante, ¿la habían lavado? Que, hum...atentos.
-Voy a cambiarme.- dije sin darle a James tiempo para contestar.
Me puse el horroroso uniforme del colegio, ¿qué les costaría cambiarle al menos los tristes tonos granate y gris?
Salí del baño con una idea estupenda, entré en la habitación casi corriendo.
-¡James!- intenté no alzar mucho la voz pero no podía.
-Shh...que se van a enterar de estamos despiertos.- me miró con extrañeza.-¿Qué pasa?
Me acerqué un poco más al centro de la habitación.
Me acerqué un poco más al centro de la habitación.
-¿Dónde está la salida del edificio?- dije sonriendo.- Se me ha ocurrido una idea.
-¿Estás loca?- dijo con cara de sorpresa.- Están todas las puertas bloqueadas por dos agentes, y en cada planta de este edificio hay un vigilante. ¿Qué es lo que pretendes?
- Lo que pretendo ya lo verás.- dije mientras mi emoción se hacía mayor por momentos.-Pero seguro que tú sabes perfectamente cómo burlar toda la seguridad, ¿verdad?
No me respondió, pero lo interpreté como un sí. Le cogí de la muñeca y lo arrastré hacia la puerta.
- Si nos pillan las culpas te las echaré todas a ti- dijo aguantándose una sonrisa.
- Oh, que maduro por tu parte. Bueno, no importa, asumiré las consecuencias.- Dije intentando no hacer ruido riéndome.
Seguí a James a través del pasillo, giramos unas cuantas veces y llegamos hasta un ascensor, cuando iba a tocar el botón para que se abriera James cogió mi mano.
-No lo pulses, el ascensor hará ruido al abrirse y nos pillarán.- dijo mientras yo asentía.
Abrió una puerta de salida de emergencia y bajamos con mucha cautela. Descendimos cinco pisos que se me hicieron eternos, pero al fin llegamos a la planta baja.
- Vale, ahora si que hay que llevar mucho cuidado, ¿entendido?
Asentí enérgicamente mientras James abría con mucho sigilo la puerta. Salimos al pasillo y y cuando nos disponíamos a salir vimos que una luz blanca de linterna se acercaba junto con unos pasos, James me cogió de la muñeca y me llevó detrás de un mostrador vacío ,allí estuvimos cinco minutos esperando a que se fuera.
Después salimos y nos dirigimos a la puerta de salida donde vimos a dos hombres parados de espaldas al edificio, uno de ellos fumaba sin prestar verdaderamente atención a lo que hacía.
-Escóndete aquí.-dijo llevándome detrás de una pared.
No me dio tiempo a responder porque al momento siguiente lo vi salir por la puerta. ¿Qué narices hacía, es que quería que nos pillasen?
Me acerqué al borde de la pared, para poder oír lo que decían
-Buenas noches señores.- dijo James.
- ¿Humm? Oh, señor George, ¿qué hace aquí?- dijo el hombre que fumaba, cuando se dio cuenta de lo que hacía tiró el cigarrillo y lo pisó.
- Señor George, pensábamos que estaba en la sala de arriba, ¿que hace aquí?- dijo el otro hombre. ¿Por qué lo llamarían señor George?.
- Si, estaba...Pero he salido a tomar el aire.- dijo James firmemente.
Me asomé un poco más y vi como James se ponía delante de ambos y los miraba fijamente a los ojos. Al segundo los dos agentes se desplomaron en el suelo.
Salí corriendo a fuera.
-¡James! ¿Los has matado?- dije casi como una afirmación.
-¡No!- dijo riéndose.- Solo los he dormido. Estarán así unas cuantas horas.
-¿Porqué te llamaban señor George?- dije enarcando una ceja.
-Ah...- dijo riéndose.- Porque es parte de mi poder, he creado una ilusión para parecer uno de los jefes del círculo y así poder dormirlos.
Suspiré y volví a sonreír, hice un gesto con la cabeza para que entendiera que quería que me siguiera. Estuvimos andando diez minutos por ese campo verde que vi antes desde la ventana. No lo conocía pero me gustaba caminar sin rumbo sobre la hierba. Sin darnos cuenta llegamos a un estanque, cerca de él había un gran árbol, era precioso sus pequeñas y caídas hojas brillaban en la noche. Parecía muy viejo pero fuerte. Miré a James y él me sonrió.
-Bueno, Tam, ¿y qué decías que es lo que quieres hacer aquí?
-Ah, ¿no estaba claro?- dije sonriendo y poniendo los brazos en jarras.- Pues he pensado que allí en Londres no me dejarán hacer lo que yo quiera con mis poderes, ¿verdad?
-Has pensado bien.- respondió James sonriendo.
-En cambio en este lugar si, ya que nadie, excepto tu y yo, sabe que estamos aquí...- dije mirando hacia atrás para asegurarme de que era cierto.- Bueno, juguemos un rato con nuestros poderes.
James soltó una carcajada.
-Bien, tu lo has querido.- dijo sonriendo.
Le quise responder, pero no pude, ya que me di cuenta de que mi cuerpo entero estaba paralizado.
-¿Por qué no puedo moverme?- dije mirando a James horrorizada.
-Estoy controlando tu mente, por eso no te puedes mover.- le miré y vi que en su rostro no había signo de esfuerzo por ningún lado.
-Mierda...-mascullé. No quería dejarle ganar. Tengo que reconocer que soy muy competitiva.- Eso no es justo tu ya has entrenado, me llevas todo un mes de ventaja. Se rió de mi y aproveche para contraatacar, pero... ¿cómo?
En ese momento sentí que las manos me quemaban, baje las vista y observé como una potente luz blanca salía de ellas. Conseguí mover las manos, las muñecas los brazos...el cuerpo entero. Levanté la mano derecha y miré a James sorprendida, noté como él también se sentía asombrado. Sin pensarlo hice un movimiento brusco con la mano y James salió despedido hacia atrás cayendo bruscamente en la hierba. Abrí los ojos como platos, no me esperaba lo que había hecho.
- ¡James!- dije, y sin poder evitarlo empecé a reír sin parar.-¿Est...est...estás bien?
La risa se apoderó de mí, no podía parar, en cambio James al principio tenía cara de pocos amigos, pero al final acabo riéndose.
-Vaya, vaya, la novata ha tenido un golpe de suerte. Todo un mes de preparación para nada, menos mal que estamos en el mismo bando...- Acabó con una suave carcajada mientras que yo me limpiaba las lágrimas.
-Lo siento.- dije sonriendo.
Vi que se tumbaba boca arriba y ponía la cabeza sobre sus manos, que guapo estaba.
Le imité y me puse junto a él, mirando las estrellas.
- Pero...aún no lo entiendo, ¿cuál es tu poder?- dijo sin despegar la vista del cielo.
- Lo estás viendo ahora mismo.- dije mirándolo de reojo.- En el sueño que tuve cuando me quedé inconsciente una voz me decía que mi poder está relacionado con las estrellas y... que guarda muchos secretos, tendré que aprender a usarlo bien...
Noté que James giraba la cabeza hacia mí para ver mi expresión, yo me incorporé y le miré.
- ¿Tú crees que las profecías se cumplirán?- dije suspirando sin saber muy bien porqué.
- No lo sé... quizás no se cumplan tal cual dicen.- dijo sentándose también.- A lo mejor significan otra cosa...
- A mí la profecía que recitó mi mad...digo Celia me dio un poco de no sé...miedo.- dije poniéndome con las piernas cruzadas frente a él.- Imagínate que ocurren, el número doce tiene que morir, o incluso nosotros doce...
Un escalofrío recorrió mi cuerpo, ojalá que no fueran ciertas las profecías.
- Las profecías fueron creadas más o menos durante las segunda generación del círculo, es decir, que lo más probable es que no sean ciertas, los pensamientos en esa época eran muy distintos.- después de decir eso me miró seriamente.- Pero...aunque fueran ciertas, no dejaría que te pasara nada Tam...
Me ruboricé y sentí un fuerte calor ascender por mis mejillas. James se acercaba lentamente a mí, tenía la vista puesta en sus labios. Los centímetros entre nuestras bocas eran casi inexistentes y...me besó.
Lo hizo con una dulzura impresionante, nunca me habían besado así, fue... mágico, incluso más que los poderes.
Se separó muy despacio de mí y me perdí en sus brillantes ojos verdes.
Tenía que aceptarlo, estaba enamorada de James.
-¿Porqué te llamaban señor George?- dije enarcando una ceja.
-Ah...- dijo riéndose.- Porque es parte de mi poder, he creado una ilusión para parecer uno de los jefes del círculo y así poder dormirlos.
Suspiré y volví a sonreír, hice un gesto con la cabeza para que entendiera que quería que me siguiera. Estuvimos andando diez minutos por ese campo verde que vi antes desde la ventana. No lo conocía pero me gustaba caminar sin rumbo sobre la hierba. Sin darnos cuenta llegamos a un estanque, cerca de él había un gran árbol, era precioso sus pequeñas y caídas hojas brillaban en la noche. Parecía muy viejo pero fuerte. Miré a James y él me sonrió.
-Bueno, Tam, ¿y qué decías que es lo que quieres hacer aquí?
-Ah, ¿no estaba claro?- dije sonriendo y poniendo los brazos en jarras.- Pues he pensado que allí en Londres no me dejarán hacer lo que yo quiera con mis poderes, ¿verdad?
-Has pensado bien.- respondió James sonriendo.
-En cambio en este lugar si, ya que nadie, excepto tu y yo, sabe que estamos aquí...- dije mirando hacia atrás para asegurarme de que era cierto.- Bueno, juguemos un rato con nuestros poderes.
James soltó una carcajada.
-Bien, tu lo has querido.- dijo sonriendo.
Le quise responder, pero no pude, ya que me di cuenta de que mi cuerpo entero estaba paralizado.
-¿Por qué no puedo moverme?- dije mirando a James horrorizada.
-Estoy controlando tu mente, por eso no te puedes mover.- le miré y vi que en su rostro no había signo de esfuerzo por ningún lado.
-Mierda...-mascullé. No quería dejarle ganar. Tengo que reconocer que soy muy competitiva.- Eso no es justo tu ya has entrenado, me llevas todo un mes de ventaja. Se rió de mi y aproveche para contraatacar, pero... ¿cómo?
En ese momento sentí que las manos me quemaban, baje las vista y observé como una potente luz blanca salía de ellas. Conseguí mover las manos, las muñecas los brazos...el cuerpo entero. Levanté la mano derecha y miré a James sorprendida, noté como él también se sentía asombrado. Sin pensarlo hice un movimiento brusco con la mano y James salió despedido hacia atrás cayendo bruscamente en la hierba. Abrí los ojos como platos, no me esperaba lo que había hecho.
- ¡James!- dije, y sin poder evitarlo empecé a reír sin parar.-¿Est...est...estás bien?
La risa se apoderó de mí, no podía parar, en cambio James al principio tenía cara de pocos amigos, pero al final acabo riéndose.
-Vaya, vaya, la novata ha tenido un golpe de suerte. Todo un mes de preparación para nada, menos mal que estamos en el mismo bando...- Acabó con una suave carcajada mientras que yo me limpiaba las lágrimas.
-Lo siento.- dije sonriendo.
Vi que se tumbaba boca arriba y ponía la cabeza sobre sus manos, que guapo estaba.
Le imité y me puse junto a él, mirando las estrellas.
- Pero...aún no lo entiendo, ¿cuál es tu poder?- dijo sin despegar la vista del cielo.
- Lo estás viendo ahora mismo.- dije mirándolo de reojo.- En el sueño que tuve cuando me quedé inconsciente una voz me decía que mi poder está relacionado con las estrellas y... que guarda muchos secretos, tendré que aprender a usarlo bien...
Noté que James giraba la cabeza hacia mí para ver mi expresión, yo me incorporé y le miré.
- ¿Tú crees que las profecías se cumplirán?- dije suspirando sin saber muy bien porqué.
- No lo sé... quizás no se cumplan tal cual dicen.- dijo sentándose también.- A lo mejor significan otra cosa...
- A mí la profecía que recitó mi mad...digo Celia me dio un poco de no sé...miedo.- dije poniéndome con las piernas cruzadas frente a él.- Imagínate que ocurren, el número doce tiene que morir, o incluso nosotros doce...
Un escalofrío recorrió mi cuerpo, ojalá que no fueran ciertas las profecías.
- Las profecías fueron creadas más o menos durante las segunda generación del círculo, es decir, que lo más probable es que no sean ciertas, los pensamientos en esa época eran muy distintos.- después de decir eso me miró seriamente.- Pero...aunque fueran ciertas, no dejaría que te pasara nada Tam...
Me ruboricé y sentí un fuerte calor ascender por mis mejillas. James se acercaba lentamente a mí, tenía la vista puesta en sus labios. Los centímetros entre nuestras bocas eran casi inexistentes y...me besó.
Lo hizo con una dulzura impresionante, nunca me habían besado así, fue... mágico, incluso más que los poderes.
Se separó muy despacio de mí y me perdí en sus brillantes ojos verdes.
Tenía que aceptarlo, estaba enamorada de James.
viernes, 7 de diciembre de 2012
Capítulo 5
Estaba tumbada sobre un colchón, algo rígido para mi gusto, lo que empeoraba el molesto dolor de espalda, aunque eso era lo de menos, ¿dónde estaría?
Me costaba mucho abrir los ojos y me daban pinchazos en las sienes; al menos podía mover las piernas, aunque lentamente. Conseguí parpadear un poco hasta que me acostumbré a la oscuridad, vi que en la mesita de noche estaba mi móvil, lo cogí y pulsé el botón para encenderlo.
-Mierda...-mascullé. No tenía batería.
Lo volví a dejar en la mesita, y me toqué la frente con la mano, aún me dolía la cabeza, aunque por suerte no tanto como antes. Me levanté de la cama y observé el paisaje a través de una ventana con marcos de aluminio plateado; era de noche y las estrellas, acompañadas de una gran y bonita luna llena, brillaban más que nunca en el firmamento. Abrí la ventana y miré hacia bajo, había una gran altura, como de unos 5 pisos y en el suelo se veía algo de asfalto, pero lo demás era un gran campo verde, ¿qué lugar era ese?
Estaba cansada, pero no lo suficiente como para salir y ver donde estaba.
Me miré los pies, iba descalza, además no llevaba puesto mi uniforme del instituto, sino un ridículo camisón de hospital; busqué algo que calzarme, y encontré debajo de la cama unas zapatillas de pelo blancas, al menos eran cómodas.
Antes de salir observé el lugar donde me encontraba; era una sala rectangular de paredes lisas y blancas, dentro de ella, a parte de mi cama, habían siete más, solo que estas estaban vacías; cada una estaba separada por una cortina blanca. Caminé lentamente hacia la puerta, al levantar la cabeza vi un reloj de pared, marcaba las once y media de la noche. ¡Oh Dios mío, mi cumpleaños iba a ser en media hora! Tengo que buscar a James...
Abrí la puerta con cautela y observé el oscuro pasillo. No sabía a dónde ir...Giré a la derecha y caminé al menos dos minutos en línea recta, sin saber por dónde ir. En un cruce de pasillos que había a 5 metros de mi se veía una tenue luz blanca. Decidí seguirla, seguramente habría alguien allí que me pudiera ayudar, giré a la izquierda y me encontré con un pasillo sin salida, pero con una puerta entornada. Me acerqué a ella con sigilo e intenté mirar por el pequeño hueco, solo podía entrever una mesa rectangular de hierro, y encima de ella montones de papeles y bolígrafos. Quise abrir más la puerta y entrar, pero cuando me disponía a hacerlo, oí la grave voz de un hombre, lo que me sobresaltó y di un paso hacia atrás, aun así seguí escuchando.
- No le debería haber pasado eso, en ninguna de las 12 anteriores generaciones ha pasado esto nunca...- dijo el hombre de la voz grave.
Oí pasos en la habitación.
-Ya sé que no debería haber ocurrido nada de esto, pero la chica podía simplemente haber tenido una bajada de azúcar o algo por el estilo. De todas formas los resultados de los análisis llegan mañana, George. Da gracias que el Dr. Doyle se ha dado prisa en analizar la sangre de Táhmina.- Dijo otra voz distinta. Espera, espera, espera. ¿Ha dicho mi nombre?
-Sí, tienes razón, pero...bueno, no importa. Cambiando de tema, mañana la chica ya tendrá sus poderes y podremos mandarla a Londres con James para hacer los entrenamientos. Los billetes ya están sacados para mañana a las ocho de la tarde.- Dijo el hombre de la voz grave, George.
-Estupendo, bueno, salgamos de aquí que ya es tarde.
<<Mierda>>, pensé. Salté hacia atrás y corrí lo mas rápido y en silencio que pude, pero...¿por dónde había venido?
Oía los pasos y voces de los hombres, el corazón me latía en la garganta. Giré a la derecha y corrí todo recto, las zapatillas me resbalaban peligrosamente y el pelo se me pegaba a la cara tapándome la vista. De pronto me choqué con algo duro y reboté hacia atrás. Me aparté el pelo de los ojos y vi con qué me había tropezado.
-¡James!- Susurré.- ¿Dónde estabas?
Los pasos se oían más cerca, un sudor frío estaba impregnado en todo mi cuerpo.
-Eso ahora no importa, ven.- dijo cogiéndome del brazo. Entramos en la habitación donde antes había despertado.
-Vamos, vamos.- Dijo James.- Acuéstate y no te muevas, parece que van a entrar...
Mientras me acurrucaba en la cama mirando hacia la ventana, vi por el rabillo del ojo como James se escondía detrás de una columna para evitar que lo vieran. La puerta se abría...
-¿Cómo crees que estará?- Susurró el hombre de la voz grave, George creo que se llamaba...
-Bien, por lo que parece, aún faltan 20 minutos para que reciba sus poderes, pero mejor esperemos hasta mañana...-dijo el otro hombre.
-Sí, tienes razón...
Oí que cerraban la puerta y se iban. Suspiré de alivio y me incorporé para mirar a James.
-¿Porqué no podían verme despierta?- Fue la primera pregunta que cruzó mi mente.
Vi como caminaba lentamente hacia donde yo estaba. Llevaba unos vaqueros negros, una camiseta blanca de manga corta y el pelo algo alborotado, sino fuera por todas las preguntas que tenía en la cabeza estaría embobada pensando en lo sexy que estaba. A parte de eso, se le veía cansado y algo preocupado.
-Si te hubieran visto despierta no hubieras podido obtener las respuestas a todas las preguntas que te rondan ahora.- supuse que sonreía a medias, pero no estaba segura, la única luz que había en la sala era la de la luna.
-¿Cómo sabías que tengo tantas preguntas?- Aunque conocía a James desde hace poco ya había cierta confianza, pero que supiera justamente lo que estaba pensando me asustaba un poco.
-Poco a poco, solo tenemos quince minutos, y antes de que me preguntes solo tenemos estos minutos porque después de que recibas tu poder, no vamos a tener mucho tiempo para resolver mas dudas.- Se sentó en los pies de la cama y me miró fijamente.
Asentí lentamente, aunque mi cerebro trabajaba a toda prisa por decidir cuál era la pregunta más importante.
-¿Por qué estás aquí?- dije pensando en lo estúpida que era esa pregunta.
-Porque no quería dejarte sola cuando llegase la hora.- dijo acercándose más a mí. No supe adivinar su expresión.
-¿Tan doloroso es?- dije con una mueca de extrañeza.
-No; es raro, durante diez minutos te sentirás confusa...-su rodilla rozó la mía. Me puse nerviosa al tenerle tan cerca y por si fuera poco recordé cuando estábamos en el armario de la limpieza agarrados el uno del otro. Noté como las mejillas se me calentaban, pero disimulé mirando a la ventana.
-Te aviso para que no te asustes, pero para cada uno es diferente, pero algo común es que estés inconsciente durante dos o tres minutos.
-Pero...-musité.
-No te preocupes, yo estaré aquí...-dijo levantando una mano. Con sus dedos rozó suavemente mi mejilla, dejó caer su mano sobre la mía. Tenía la sensación de que en cualquier momento me iba a dar un infarto; pero en ese instante una sensación de ligereza se apoderó de mí, y lentamente mi cuerpo se acercaba al de James. Sentía su aliento en mis labios; de lejos se oía el tic-tac del reloj, pero ya no recordaba que era tan importante como para fijarme en la hora que era, solo me importaban esos ojos verdes y brillantes que tenía ante mí. Sus labios se acercaban muy lentamente a los míos, deseaba besarle de una vez...
De repente sentí unos pinchazos horribles en las muñecas, parecía como si me las estuvieran perforando con una gran aguja. Reaccioné y me eché hacia atrás en un gran bote, James se sobresaltó y dijo algo, pero yo ya no lo escuchaba, en mi cabeza se oí un molesto zumbido y me volvía a sentir cansada. Veía borroso, pero logré observar como James me ayudaba a tumbarme en la cama y colocaba bien mi almohada, me dolía el cuello y me pesaban los párpados. James dijo antes que perdería el conocimiento unos cuantos minutos, pero...¿y si algo salía mal y no despertaba jamás?
Al cerrar los ojos un la luz blanca inundó mi mente,seguidamente oí una voz, era de mujer, hablaba con voz aterciopelada, y al principio me costó entender lo que decía.
<<Táhmina Arafat...Atiende a las palabras que en estos momentos vas a oír...>> Estaba confusa se oían pequeñas vibraciones dentro de mi cabeza. <<Naciste el 19 de noviembre de 1995, una noche muy fría en España, bajo las estrellas y la luna se unió a ti el poder infinito que dejó sellado en el firmamento que serías la número 11>> En mi mente se veían reflejadas imágenes de estrellas, como si fueran diapositivas se me apareció la imagen de una mujer, tenía los ojos marrones casi negros, su pelo era exacto al mío, negro, ondulado...llevaba un bebé en sus brazos con unos enormes ojos azules grisáceos, y a su lado un hombre con los mismos ojos, pelo castaño y piel dorada la abrazaba con cariño.¿Serían mis padres? <<Tu poder está ligado con las estrellas y guarda más secretos de los que te puedes imaginar, aprende a usarlo porque será muy importante para tí...>>La voz de la mujer acabó con un susurro, la imagen de una sola estrella muy brillante apareció.Todo se volvió oscuridad en mi mente y yo desperté.
Me costaba mucho abrir los ojos y me daban pinchazos en las sienes; al menos podía mover las piernas, aunque lentamente. Conseguí parpadear un poco hasta que me acostumbré a la oscuridad, vi que en la mesita de noche estaba mi móvil, lo cogí y pulsé el botón para encenderlo.
-Mierda...-mascullé. No tenía batería.
Lo volví a dejar en la mesita, y me toqué la frente con la mano, aún me dolía la cabeza, aunque por suerte no tanto como antes. Me levanté de la cama y observé el paisaje a través de una ventana con marcos de aluminio plateado; era de noche y las estrellas, acompañadas de una gran y bonita luna llena, brillaban más que nunca en el firmamento. Abrí la ventana y miré hacia bajo, había una gran altura, como de unos 5 pisos y en el suelo se veía algo de asfalto, pero lo demás era un gran campo verde, ¿qué lugar era ese?
Estaba cansada, pero no lo suficiente como para salir y ver donde estaba.
Me miré los pies, iba descalza, además no llevaba puesto mi uniforme del instituto, sino un ridículo camisón de hospital; busqué algo que calzarme, y encontré debajo de la cama unas zapatillas de pelo blancas, al menos eran cómodas.
Antes de salir observé el lugar donde me encontraba; era una sala rectangular de paredes lisas y blancas, dentro de ella, a parte de mi cama, habían siete más, solo que estas estaban vacías; cada una estaba separada por una cortina blanca. Caminé lentamente hacia la puerta, al levantar la cabeza vi un reloj de pared, marcaba las once y media de la noche. ¡Oh Dios mío, mi cumpleaños iba a ser en media hora! Tengo que buscar a James...
Abrí la puerta con cautela y observé el oscuro pasillo. No sabía a dónde ir...Giré a la derecha y caminé al menos dos minutos en línea recta, sin saber por dónde ir. En un cruce de pasillos que había a 5 metros de mi se veía una tenue luz blanca. Decidí seguirla, seguramente habría alguien allí que me pudiera ayudar, giré a la izquierda y me encontré con un pasillo sin salida, pero con una puerta entornada. Me acerqué a ella con sigilo e intenté mirar por el pequeño hueco, solo podía entrever una mesa rectangular de hierro, y encima de ella montones de papeles y bolígrafos. Quise abrir más la puerta y entrar, pero cuando me disponía a hacerlo, oí la grave voz de un hombre, lo que me sobresaltó y di un paso hacia atrás, aun así seguí escuchando.
- No le debería haber pasado eso, en ninguna de las 12 anteriores generaciones ha pasado esto nunca...- dijo el hombre de la voz grave.
Oí pasos en la habitación.
-Ya sé que no debería haber ocurrido nada de esto, pero la chica podía simplemente haber tenido una bajada de azúcar o algo por el estilo. De todas formas los resultados de los análisis llegan mañana, George. Da gracias que el Dr. Doyle se ha dado prisa en analizar la sangre de Táhmina.- Dijo otra voz distinta. Espera, espera, espera. ¿Ha dicho mi nombre?
-Sí, tienes razón, pero...bueno, no importa. Cambiando de tema, mañana la chica ya tendrá sus poderes y podremos mandarla a Londres con James para hacer los entrenamientos. Los billetes ya están sacados para mañana a las ocho de la tarde.- Dijo el hombre de la voz grave, George.
-Estupendo, bueno, salgamos de aquí que ya es tarde.
<<Mierda>>, pensé. Salté hacia atrás y corrí lo mas rápido y en silencio que pude, pero...¿por dónde había venido?
Oía los pasos y voces de los hombres, el corazón me latía en la garganta. Giré a la derecha y corrí todo recto, las zapatillas me resbalaban peligrosamente y el pelo se me pegaba a la cara tapándome la vista. De pronto me choqué con algo duro y reboté hacia atrás. Me aparté el pelo de los ojos y vi con qué me había tropezado.
-¡James!- Susurré.- ¿Dónde estabas?
Los pasos se oían más cerca, un sudor frío estaba impregnado en todo mi cuerpo.
-Eso ahora no importa, ven.- dijo cogiéndome del brazo. Entramos en la habitación donde antes había despertado.
-Vamos, vamos.- Dijo James.- Acuéstate y no te muevas, parece que van a entrar...
Mientras me acurrucaba en la cama mirando hacia la ventana, vi por el rabillo del ojo como James se escondía detrás de una columna para evitar que lo vieran. La puerta se abría...
-¿Cómo crees que estará?- Susurró el hombre de la voz grave, George creo que se llamaba...
-Bien, por lo que parece, aún faltan 20 minutos para que reciba sus poderes, pero mejor esperemos hasta mañana...-dijo el otro hombre.
-Sí, tienes razón...
Oí que cerraban la puerta y se iban. Suspiré de alivio y me incorporé para mirar a James.
-¿Porqué no podían verme despierta?- Fue la primera pregunta que cruzó mi mente.
Vi como caminaba lentamente hacia donde yo estaba. Llevaba unos vaqueros negros, una camiseta blanca de manga corta y el pelo algo alborotado, sino fuera por todas las preguntas que tenía en la cabeza estaría embobada pensando en lo sexy que estaba. A parte de eso, se le veía cansado y algo preocupado.
-Si te hubieran visto despierta no hubieras podido obtener las respuestas a todas las preguntas que te rondan ahora.- supuse que sonreía a medias, pero no estaba segura, la única luz que había en la sala era la de la luna.
-¿Cómo sabías que tengo tantas preguntas?- Aunque conocía a James desde hace poco ya había cierta confianza, pero que supiera justamente lo que estaba pensando me asustaba un poco.
-Poco a poco, solo tenemos quince minutos, y antes de que me preguntes solo tenemos estos minutos porque después de que recibas tu poder, no vamos a tener mucho tiempo para resolver mas dudas.- Se sentó en los pies de la cama y me miró fijamente.
Asentí lentamente, aunque mi cerebro trabajaba a toda prisa por decidir cuál era la pregunta más importante.
-¿Por qué estás aquí?- dije pensando en lo estúpida que era esa pregunta.
-Porque no quería dejarte sola cuando llegase la hora.- dijo acercándose más a mí. No supe adivinar su expresión.
-¿Tan doloroso es?- dije con una mueca de extrañeza.
-No; es raro, durante diez minutos te sentirás confusa...-su rodilla rozó la mía. Me puse nerviosa al tenerle tan cerca y por si fuera poco recordé cuando estábamos en el armario de la limpieza agarrados el uno del otro. Noté como las mejillas se me calentaban, pero disimulé mirando a la ventana.
-Te aviso para que no te asustes, pero para cada uno es diferente, pero algo común es que estés inconsciente durante dos o tres minutos.
-Pero...-musité.
-No te preocupes, yo estaré aquí...-dijo levantando una mano. Con sus dedos rozó suavemente mi mejilla, dejó caer su mano sobre la mía. Tenía la sensación de que en cualquier momento me iba a dar un infarto; pero en ese instante una sensación de ligereza se apoderó de mí, y lentamente mi cuerpo se acercaba al de James. Sentía su aliento en mis labios; de lejos se oía el tic-tac del reloj, pero ya no recordaba que era tan importante como para fijarme en la hora que era, solo me importaban esos ojos verdes y brillantes que tenía ante mí. Sus labios se acercaban muy lentamente a los míos, deseaba besarle de una vez...
De repente sentí unos pinchazos horribles en las muñecas, parecía como si me las estuvieran perforando con una gran aguja. Reaccioné y me eché hacia atrás en un gran bote, James se sobresaltó y dijo algo, pero yo ya no lo escuchaba, en mi cabeza se oí un molesto zumbido y me volvía a sentir cansada. Veía borroso, pero logré observar como James me ayudaba a tumbarme en la cama y colocaba bien mi almohada, me dolía el cuello y me pesaban los párpados. James dijo antes que perdería el conocimiento unos cuantos minutos, pero...¿y si algo salía mal y no despertaba jamás?
Al cerrar los ojos un la luz blanca inundó mi mente,seguidamente oí una voz, era de mujer, hablaba con voz aterciopelada, y al principio me costó entender lo que decía.
<<Táhmina Arafat...Atiende a las palabras que en estos momentos vas a oír...>> Estaba confusa se oían pequeñas vibraciones dentro de mi cabeza. <<Naciste el 19 de noviembre de 1995, una noche muy fría en España, bajo las estrellas y la luna se unió a ti el poder infinito que dejó sellado en el firmamento que serías la número 11>> En mi mente se veían reflejadas imágenes de estrellas, como si fueran diapositivas se me apareció la imagen de una mujer, tenía los ojos marrones casi negros, su pelo era exacto al mío, negro, ondulado...llevaba un bebé en sus brazos con unos enormes ojos azules grisáceos, y a su lado un hombre con los mismos ojos, pelo castaño y piel dorada la abrazaba con cariño.¿Serían mis padres? <<Tu poder está ligado con las estrellas y guarda más secretos de los que te puedes imaginar, aprende a usarlo porque será muy importante para tí...>>La voz de la mujer acabó con un susurro, la imagen de una sola estrella muy brillante apareció.Todo se volvió oscuridad en mi mente y yo desperté.
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