sábado, 7 de diciembre de 2013

Capítulo 13

Me sonó el despertador y lo apagué cansadamente mientras los repetitivos pitidos se quedaban grabados en mi mente. El sol se colaba entre los huecos de las cortinas y me daba justo en los ojos, pero no quería abrirlos, solo quería quedarme ahí, quieta y seguir durmiendo.
Sin saber porqué, ese momento me recordó a los días que me quedaba durmiendo después de haber estado toda la noche estudiando y mi madre entraba a mi habitación llamándome suavemente mientras el olor del desayuno inundaba mi habitación y oía a mi padre irse al trabajo. Al pensar en ese nostálgico momento abrí los ojos inmediatamente, esperando ver a mi madre, mi habitación, mi vida de antes; pero lo único que conseguí fue que el sol me cegara momentáneamente y seguidamente observar tristemente que ese era mi nuevo hogar.
Me levanté lentamente mientras movía las suaves sábanas a un lado y pisé descalza el suelo frío dirigiéndome al baño, me miré al espejo y vi que al menos mi aspecto no era tan malo como los días anteriores, seguía teniendo ojeras, pero ya no eran tan profundas como antes. Salí del cuarto de baño decidida a seguir el consejo de Rose: vestirme con mi nueva ropa. Pero antes tendría que mover la maleta de en medio de la habitación; cerré la cremallera y cogí el asa de la gran maleta, pero cuando la desplacé tan solo unos centímetros sonó un ruido extraño, como si algo se hundiera ligeramente y volviese a su estado normal, volví a mover la maleta, pero más rápidamente, y volvió a oírse. La desplacé del todo y vi que una de las esquinas de la losa de debajo de la maleta estaba algo hundida por debajo de las otras losas. Me agaché y presioné con fuerza la losa, y esta tembló ligeramente de un lado a otro, haciendo el mismo ruido que antes, algo parecía desestabilizarla desde debajo. Me di cuenta que la losa no estaba ni si quiera pegada al suelo, y pude ver un pequeño hueco donde podría meter la mano y levantarla. Pesaba bastante, más de lo que pensaba, y tras varios intentos fallidos conseguí levantarla y moverla hacia un lado. No me sorprendí al ver que debajo de la losa había un hueco con algo en su interior que presionaba la losa, pero no me esperaba que se tratase de un libro. Lo cogí de ahí y lo contemplé intrigada, soplé encima de la tapa y una gran nube de polvo salió del libro haciéndome toser durante un buen rato.
El viejo libro era pesado y grueso, así que lo puse sobre mi regazo, observé que algunas esquinas de las amarillentas páginas sobresalían, pero lo que verdaderamente me llamó la atención fue la decoración del la tapa del libro, era preciosa. Estaba encuadernado en cuero negro y a pesar de que parecía ser muy viejo, estaba en buen estado, no tenía ni un solo arañazo; en las esquinas del libro eran de plata con diminutas piedrecitas blancas que hacían la forma de pequeñas estrellas que recorrían toda la tapa y el lomo del libro. En el centro del libro se podía leer ``Encantamientos para el número diez´´. Abrí el libro por una página al azar, era rugosa y parecía que iba a romperse en mil pedazos pero cuando la cogí para pasar de hoja, la noté consistente, como si se tratasen de hojas de un libro nuevo, solo que con un tacto un tanto extraño. Observé las inscripciones de las páginas, todo eran letras que no había visto en mi vida, sin embargo, había algo en ellas que me resultaba familiar. Antes de cerrar el libro completamente miré de nuevo la tapa, pero por el interior, y observé que había algo escrito en la misma tinta que el título de la parte exterior, un nombre y una fecha: Blanca, 1462.
Cerré el libro algo confusa, no sabía que hacía eso ahí, ni si quiera estaba segura de qué clase de libro se trataba, pero supuse que sería importante, de lo contrario no había estado escondido.
* * *
Después de dos horas desesperantes de clase llegó el descanso y pude escaparme al cuarto de baño para poder leer el viejo libro, la curiosidad había podido conmigo y me lo había llevado al instituto para ver si podía averiguar algo más sobre él. Me aseguré de que estaba sola y me encerré en uno de los cubículos, mi móvil vibró y lo saqué de mi bolsillo, en la pantalla vi un mensaje de Yamir: <<¿Dónde estás?>>, pensé que sería mejor no contestarle, así que puse en silencio el móvil. Confiaba en Yamir, pero aún no estaba segura de querer enseñárselo, de momento quería descubrir algo por mi cuenta.
Abrí la tapa y miré de nuevo la inscripción en una de las esquinas del interior de la tapa, era una letra muy bonita. Saqué de mi bolsillo un bolígrafo y una hoja doblada y apunté el nombre y la fecha. Seguramente el nombre sería de una persona, y la fecha, podía ser el día que se escribió el libro, 1 de abril de 1962. Ya era un comienzo, pero aún me faltaba mucho para descubrir de quién podía ser el libro. Tenía entendido que las habitaciones en las que dormíamos habían sido anteriormente de nuestros antepasados, quizá el libro podía haber sido de mi abuela, pero recordé que ella no se llamaba Blanca, sino Yeira, y no conocía ningún lugar que se llamase Blanca.
Pasé hojas incesablemente en busca de algún texto o frase que pudiese entender hasta que oí el sonido del timbre, que indicaba el final del descanso, seguidamente los pasillos se inundaron de alumnos hablando, riéndose y formando pequeños embotellamientos cuando se paraban frente a las taquillas, salí del baño mezclándome entre la gente y fui a mi taquilla para esconder el libro y coger los de la asignatura que me tocaba, cerré la puerta de la taquilla y me aseguré dos veces de que estaba bien cerrada. Me dirigí a la clase, donde solo había unos pocos alumnos charlando o con sus móviles, puse los libros sobre la mesa y seguidamente noté que alguien me tocaba el hombro.
-¿Dónde estabas?-preguntó Yamir levantado una ceja.-Te he enviado varios mensajes.
-Yo...-dije pensando una excusa rápidamente.- Estaba dando una vuelta, quería ver un poco todo esto, ya que ayer no pude. Lo siento, seguramente tenía el móvil en silencio.
Intenté sonar lo más creíble que pude, y al parecer funcionó, porque Yamir relajó un poco más su expresión y sonrió.
-Ah, bueno... Entonces ya habrás visto la biblioteca de esta planta, es enorme, ¿verdad?- dijo con voz extraña, parecía como si estuviese comprobando algo.
Abrí los ojos como platos y sonreí, dándome cuenta de que sin saberlo, Yamir había tenido una idea buenísima.
-¿Qué pasa?- dijo sonriendo algo confundido.
-¿Qué...?- dije olvidando que tenía que responder a su pregunta anterior.- Ah nada, nada...Sí, he visto la biblioteca, es genial.
-Bueno, nos vemos a la salida.- dijo cortante y con el ceño fruncido. Su expresión había cambiado por completo.- Ya sabes que te recojo en la puerta como ayer.
Me senté en mi sitio justo cuando el profesor entraba, y me preparé para las largas horas siguientes.
* * *
Hacía media hora que había empezado a llover, y yo miraba ansiosa el reloj de la pared, quedaban dos minutos para que sonase el timbre. Tenía claro lo que iba a hacer en cuanto sonase, saldría disparada a por el libro, iría al castillo, comería (para no levantar sospechas), y antes de que empezase el entrenamiento iría a la biblioteca en busca de información que me diese pistas sobre el libro.
Por fin sonó, y tan pronto como lo hizo salté de mi sitio. Cogí el libro de la taquilla junto con otros más y los apreté con fuerza. Pensaba a toda velocidad mientras me movía rápida entre la gente. Estaba a punto de bajar las escaleras de la entrada cuando de repente choqué con alguien.
-¡Ay!- dije mientras todo lo que llevaba en las manos caía al suelo.
-Vaya, lo siento.- dijo la persona con la que me había chocado mientras se agachaba a recoger los libros.
Miré aterrada como estaba apunto de coger el libro viejo, así que me agaché rápidamente, y lo cogí antes de que lo viera.
-Aquí tienes.- dijo devolviéndome el resto de libros.
-Gracias...-murmuré mientras la persona se ponía en pie de nuevo.
Fue una agradable sorpresa ver que era un chico guapísimo. Su pelo era de un rubio brillante, lo llevaba algo despeinado, pero le quedaba genial. Tenía unos ojos azules que me dejaron paralizada, sin embargo, me daba la impresión de que esa mirada ya la había visto antes...
Llevaba una cazadora negra, junto con unos vaqueros y una camiseta blanca, que marcaba su aparentemente trabajado abdomen.
-Max.- dijo sonriéndome amablemente y tendiéndome una mano.
-Tam.- dije estrechándole la mano con algo de vergüenza, su tacto era cálido y algo áspero.
-Encantado Tam.- dijo soltando mi mano.
-Igualmente.- dije sonriendo mientras me preguntaba qué edad tendría.-¿Estudias aquí?En seguida me di cuenta de que la respuesta era obvia.
-No- dijo sonriéndome mientras se rascaba la nuca distraídamente. Daba la sensación de que buscaba a alguien.- pero estudié aquí. Por cierto, eres nueva, ¿verdad?
-Sí.- dije asintiendo mientras me fijaba en que Yamir ya estaba delante de la puerta con el coche.-Bueno Max, ha sido un placer, pero tengo que irme, y gracias de nuevo.
Le sonreí a modo de despedida y empecé a andar.
-Ya nos veremos Tam.- dijo despiéndose con una mano.
Me monté en el coche sin decir nada, más bien ninguno de los dos hablábamos, Yamir estaba concentrado en llegar al callejón lo antes posible y yo pensaba con la frente pegada a la ventana.
Max...Como mínimo debía tener unos dieciocho años, además era muy guapo, y sus ojos... eran increíbles y me recordaban a los de alguien, pero no se me ocurría quién. Egoístamente pensé en que si me enamoraba de Max u otro chico que conociera fuera del círculo me olvidaría de James y así no pondría en peligro a nadie, pero  deseché rápidamente el pensamiento, era injusto y ni si quiera estaba segura de que fuese a funcionar...
El ambiente del coche sin saber exactamente porqué se había vuelto cada vez más incómodo, Yamir parecía molesto y de vez en cuando me miraba con el ceño fruncido y resoplaba ligeramente. Quería preguntarle qué le pasaba, pero prefería concentrarme en lo que iba a hacer una vez llegase al castillo.
Llegamos al callejón y nadie dijo nada, se notaba que ese día cada uno tenía cosas en las que pensar. Simplemente atravesamos los pasadizos rápidamente y subimos las escaleras que daban al castillo.
Rose y yo subimos juntas en el ascensor, pero ella se bajó en la segunda planta sin despedirse, mientras que yo esperé a subir a la tercera, la última.
Salí del ascensor mirando al suelo, y antes de abrir mi puerta me fijé en la puerta de enfrente, preguntándome quién sería mi compañera.
En ese momento empecé a prestar más atención a la sala, era rectangular, con las paredes lisas, dos columnas, suelo de mármol y grandes ventanales. En la pared donde estaban dos ventanales que daban al jardín, habían grandes espacios vacíos en los que deberían haber estado cuadros o algún tipo de decoración.
Me acerqué al ventanal que estaba más cerca de mi puerta y miré a través del cristal apoyándome en la repisa. Mientras lo hacía noté que con el pulgar tocaba algo muy pequeño y redondo, y me aparté para ver qué era. Se trataba de un diminuto botón negro, lo apreté para ver qué hacía, y al instante, el gran espacio vacío de la pared tembló, dando lugar a una vitrina de cristal.
En su interior había una especie de árbol dibujado en relieve, en el cuál desde la rama más baja hasta la más alta había fotos del tamaño de la palma de mi mano. En cada foto había una mujer, pero lo que me sorprendió es que en la rama más alta de todas estaba mi foto y debajo de ella, mi nombre y mi fecha de nacimiento.
Fui observando lentamente cada fotografía y cada fecha, al parecer todas esas mujeres eran mis antepasadas, ya que el parentesco era enormemente grande. Me paré en mi primera antepasada, se encontraba en la rama más baja de todas, y sin duda era la más guapa de las doce fotos. Su pelo era más ondulado que el mío, incluso unos rizos negros le caían sobre la frente, sus ojos eran todavía más grises que los míos, si cabía, y estaban enmarcadas por unas largas y negras pestañas, en el pómulo derecho tenía dos pequeños lunares, pero no se apreciaban bien, ya que la foto no había sido hecha directamente, sino a un retrato pintado. Bajé la vista un poco más para fijarme en su nombre, y casi me da un infarto cuando lo leí. Se llamaba Blanca Arafat, ella era la autora del extraño libro. Hacía nacido el 26 de noviembre de 1445, y si mis cálculos no fallaban, lo había escrito con la misma edad que yo tenía ahora.
Este hecho había sido un gran avance, ya que ahora si podía ir a la biblioteca para buscar a partir de un punto.
Apreté de nuevo el pequeño botón y la vitrina se cerró con un ruido seco.
* * *
Comí a toda velocidad mientras hacía una nota mental de las cosas que tenía que buscar, de mayor a menor prioridad. Bebí lo que me quedaba de agua en el vaso y prácticamente salté de la silla hacia la puerta. A mitad de camino por el pasillo oí a alguien llamarme a voces.
-¡Tam, espera!- era Yamir, y parecía bastante enfadado.
Me di la vuelta mientras ponía los brazos en jarras, si algo me molestaba mucho era que cuando tenía en mente una idea, alguien se pusiese en medio.
-¿Puedes escucharme un momento?- dijo mirándome con enfado.- ¿O ni si quiera eso?
-¿De qué hablas?- dije algo confusa.
-¿Dónde vas con tanta prisa?- dijo entre dientes, intentando ocultar lo irritado que estaba.- No se si te acordarás de que en un rato tenemos una reunión con la directora Soret.
Fruncí el ceño intentando recordar, y me vino a la mente que el día anterior la entrenadora lo había mencionado...
-Esto...si, si me acuerdo.- dije con poca convicción.- Es que iba a...a por mi móvil. Está en mi habitación y quería saber la hora que era.
-Ya, humm, ¿y no era más fácil preguntarnos a los demás?.- Cada vez se notaba más lo enfadado que estaba, no parecía el mismo Yamir que acababa de conocer hacía unos días. Abrí la boca con la intención de decir algo, pero me cortó rápidamente- ¡Ya basta Tam, deja de mentirme!
Me quedé muda por como gritaba, y no sabía qué decir, principalmente porque sabía que le había estado evitando y mintiendo.
-Sé que hoy no has estado dando una vuelta por el instituto, porque cuando te he preguntado si habías estado en la biblioteca y me has dicho que sí, sabía que mentías, ya que no hay ninguna biblioteca en ese edificio.
-Yo...
-Tú nada, me has estado esquivando y mintiendo, después de decir que podías confiar en mí, ¿qué es lo que llevas entre manos Tam?
-Te lo puedo explicar, pero tienes que bajar la voz, no quiero que los demás se enteren, y menos si anda cerca la directora Soret.
Comencé a andar en dirección a mi habitación, pero Yamir no me seguía, parecía dudar.
-Por favor, ven.- dije mirándolo con arrepentimiento.
Asintió levemente y también empezó a andar.
Subimos a mi habitación y cogió la silla de mi escritorio poniéndola frente al baúl a los pies de la cama, y se sentó mientras me observaba atentamente sin decir nada. Me agaché al lado de la cama y extendí el brazo todo lo que pude hasta alcanzar la mochila donde guardaba el libro. No era un sitio muy seguro, pero no me había dado tiempo a buscar uno mejor.
Me senté encima del baúl y puse el libro sobre mi regazo.
-Esta mañana, al mover la maleta de donde estaba, la losa había hecho un ruido raro.- dije señalando el lugar frente a la puerta del cuarto de baño.- Entonces me agaché, moví la losa y me encontré con este libro.
Le pasé el viejo libro y lo examinó con el mismo cuidado con el que yo se lo había pasado.
Asintió sin decir nada de nuevo.
-Me paré a leer algo de las páginas pero estaba escritas en un lenguaje que no había visto en mi vida, aún así seguía teniendo curiosidad y me lo llevé al instituto para ver si encontraba algo que me sirviese. No te contesté al mensaje porque no sabía qué decirte, ni cómo te tomarías este tema.- tomé aire y hablé con sinceridad.- Yamir, lo siento de verdad, no quería mentirte, pero quería descubrir algo más antes de decirte nada, y no estaba tampoco segura de que me quisieras ayudar...
Tardó varios segundos en contestar que me pusieron nerviosa.
-Está bien, te creo.- dijo mirándome directamente a los ojos.- Entonces, ¿no sabes nada sobre el libro?
-En realidad sí.- dije sonriendo.- En la parte interior de la tapa encontré escrito un nombre y una fecha, Blanca, 1462. Al principio no sabía bien qué podía significar, pero descubrí que era el nombre de una de mis antepasadas y que la fecha era de cuando tenían nuestra misma edad.
Yamir abrió el libro intrigado y pasó algunas páginas pero a medida que lo hacía su expresión iba cambiando, de intriga a confusión.
-¿Qué pasa?- pregunté confundida.-¿Has visto algo que te suene?
-Precisamente es eso, que no veo nada.- me miró y al ver la cara que ponía se explicó mejor.- Quiero decir que lo único que veo son páginas amarillentas, pero nada escrito en ellas.
-¿Cómo dices?- dije acercándome rápidamente, cogí el libro e inspeccioné las páginas.- Mira, está todo escrito, y hasta hay unos cuantos dibujos.
-Creo que ya sé lo que pasa...- dijo acercándose a mi escritorio y moviendo las cosas que había encima.- Durante el primer mes que pasé aquí me entró curiosidad por saber quiénes eran mis antepasados y de dónde venía todo el rollo de los poderes, así que me pasaba los días en la biblioteca en vez de entrenar. Descubrí cosas a las que no le di mucha importancia, pero ahora recuerdo que leí algo sobre libros en los que no parecía estar escrito nada.
-Al grano Yamir.- dije impaciente.
-Toma.- dijo dándome un bolígrafo y una hoja.- Escribe aquí las letras que ves en esa página.
Me apoyé en el escritorio y empecé a copiar las extrañas letras de la página, para mi sorpresa no me resultó difícil copiarlas, es más, parecía como si lo hubiese estado haciendo durante toda mi vida.
-Lo que yo pensaba...-dijo dejándome en vilo.
-Yamir, sigo aquí, ¿sabes?- dije mirándolo expectante.
-Verás, cuando estuve leyendo en la biblioteca leí que las generaciones anteriores a nosotros habían dejado escritos modos de utilizar nuestros poderes para defendernos, sirviéndonos así para entrenar, pero estaban escritos en un lenguaje que nadie entendía excepto nosotros y solamente sería visible para quién le correspondiese el mensaje. En este caso este libro lo dejó tu antepasada para sus descendientes.
-Pero te olvidas de algo, yo no entiendo el mensaje.
-En realidad si lo entiendes, también leí que en un principio la primera generación inventó su propio lenguaje para comunicarse, y que nadie del exterior los entendiera.
-Pero, si ellos crearon el lenguaje, como es que tu y yo podemos entenderlo.
-Nuestros antepasados pretendían crear descendientes iguales que ellos, así que convirtieron los poderes y el lenguaje en su herencia, y quizá otras cosas más que aún no hemos descubierto.- hizo una pausa y miró el libro.- Pero cuando yo leí todo eso no le di importancia porque lo contaban como si fuera una leyenda, algo que no existió en realidad, ya que no se habían encontrado pruebas de ello.
-Pero ahora esas pruebas existen.- dije pensativa.- Pero aún hay algo que se nos escapa, si los poderes y el extraño lenguaje fue su herencia, ¿porqué se va saltando una generación?
-Respecto a eso, tengo una teoría.- dijo sonriéndome.

sábado, 19 de octubre de 2013

Capítulo 12

No me presenté a la hora de comer, simplemente mi encuentro con James había borrado todo rastro de apetito en mí. Subí a mi habitación y pensé en darme un baño, ya que a pesar de que ya me había duchado, necesitaba relajarme un poco.
Cuando vivía en Madrid apenas tenía tiempo de bañarme, simplemente me daba duchas rápidas, ya que como éramos cinco en la casa no había tiempo para darse un baño largo y relajante. Entré en el cuarto de baño y abrí uno de los armarios blancos en busca de algún gel de ducha, pero encontré algo mejor, sales de baño con olor a lavanda. En el fondo del estante vi unos cuantos geles de diferentes olores y cogí uno que oliera igual que las sales de baño.
A pesar de que iba en contra de gastar tanta agua, decidí darme un pequeño lujo y llenar la bañera de un modo considerable. Dejé la ropa a un lado del baño y me sumergí en la tibia agua mientras dejaba que las sales hicieran su efecto. Recosté la cabeza en el borde de la bañera y miré embobada al techo. Cerré los ojos y pensé en todo lo que había pasado en tan solo 4 días, sinceramente era superior a mis fuerzas. Pensé en el día que conocí a James, me sentí atraída hacia él en el mismo momento en que lo presentaron, pero supuse que sería porque me pareció guapo, al igual que todas las chicas de mi clase; sin embargo, cuando hablé con él fue diferente, fue más fuerte, algo que no sientes por cualquiera por el mero hecho de que sea atractivo. Cuando me contó quiénes éramos realmente me asusté, pero la conexión seguía ahí y se me ocurrió que podría significar que simplemente era porque pertenecíamos al círculo. Pero cuando me besó por primera vez… fue como si todo hubiese cambiado, como si nada importase realmente, como si se me olvidase todo lo que me había contado, y me dije a mi misma que lo que realmente significaba esa conexión era que me había enamorado.
En verdad cualquiera en mi situación hubiese pensado que haberme enamorado era un gran error, pero para mí era imposible pensar eso; sé que cuando hablé con la directora Soret en aquel hospital le dije que me olvidaría de mi familia, de mi antigua vida y también de estar con James, pero soy incapaz de hacerlo. Muchas chicas soñarían con estar en mi situación, pertenecer a un grupo bastante importante, tener unos poderes increíbles, vivir en un gran castillo… pero yo, sin embargo, daría lo que fuera por tener mi antigua vida, mis amigos y mi familia.
Pensé durante un buen rato en la situación en la que estaba, y decidí que ya bastaba tanta autocompasión, necesitaba ser fuerte y luchar por lo que me importase…
Oí unos pasos en mi habitación, y me incorporé alarmada, toda la tranquilidad se esfumó de un golpe.
-¿Táhmina?- dijo la voz de Rose.- ¿Estás aquí?
-Sí, estoy en el baño.- dije confundida.- Salgo en dos minutos, espérame ahí.
No sabía que hacía Rose en mi habitación, pero me pareció realmente extraño.
Me sequé rápidamente con el albornoz y me dispuse a coger mi ropa cuando me di cuenta de que no había cogido nada.
-Mierda…-murmuré.
-¿Has dicho algo?- dijo Rose desde fuera.
-No, nada.
Salí envuelta en el albornoz y Rose me miró extrañada.
-Voy a por algo de ropa.- dije mientras andaba hacia la maleta.- Humm… no te ofendas, pero ¿qué haces aquí?
-Para ver cómo estabas.- dijo sinceramente. Me quedé pasmada y  fruncí el ceño, pensé que le había caído mal a Rose. Al ver mi expresión se apresuró a contestar.- No pienses lo que no es, no he venido por voluntad propia, Yamir quería saber cómo estabas pero no podía venir, así que me ha mandado a mí en su lugar. No es que me importe mucho si estás bien o no…
-Claro.- dije pensativa, ya sabía yo que eso en Rose no sería muy normal. Sonreí para mis adentros pensando en que al menos alguien se preocupaba por mí.
Abrí la maleta para buscar algo de ropa, pero Rose frunció el ceño.
-Aún no has entendido nada, ¿no?- dijo mordazmente.- No entiendo porqué no te vistes con la ropa de tu vestidor.
-No…- dije confundida sin saber que responder exactamente, mientras me sentaba en el chaise longue.- No es que no me guste la ropa, en verdad, es perfecta. Pero me sentiría rara llevándola puesta, porque pienso que así me olvidaría de mi antigua vida. Es como si aceptara que mi única vida es el círculo.
-Es que es tu única vida.- dijo seriamente. No supe si había hecho bien en ser tan sincera con Rose con respecto a lo que sentía.- No vas a poder recuperar la vida que tenías.
-Tienes razón.- dije sin mucho convencimiento.- Pero…
-Pruébate algo, solo para ver cómo te ves.- Dijo sonando muy ligeramente amable.- Si no te gusta, no me meteré más con la ropa que lleves, aunque sea mediocre.
-No sé por qué te parece tan vulgar.- dije ofendida mientras me dirigía al vestidor.- Sólo es ropa.
-Ahora la vida que llevas no te va a permitir que te vistas como quieras.- dijo haciendo un pequeña pausa.- Vas a tener que asistir a muchas reuniones importantes del CIEP, tu vida no va a girar en torno a los entrenamientos y los estudios, también asistirás a galas muy importantes, así que por eso debes aprender a vestirte como una adulta, porque que tengas 17 años recién cumplidos no les importa a los peces gordos de esta organización, te tratarán como alguien muy importante.
Rose entró detrás de mí en el vestidor y yo me giré algo extrañada.
-Déjame que te elija la ropa yo.- dijo firmemente.
No quería empezar ningún tipo de discusión ridícula, así que accedí. Salí del vestidor y me acerqué a la cómoda para sacar la ropa interior, también había sido comprada por el CIEP.
Esperé sentada encima del baúl a los pies de mi cama, Rose salió a los pocos minutos con varias prendas de ropa en el brazo y unas botas de pelo. Miré indecisa la ropa antes de cogerla, pero al final me decidí y fui hacia el baño. Me vestí rápidamente ya que mi cuerpo estaba prácticamente seco y salí enseguida sin mirarme al espejo del baño.
-Te dije que no estarías tan mal.- dijo ocultando su orgullo en una tosca mirada.
Me acerqué al espejo de cuerpo que había en mi habitación y vi que en el fondo tenía razón.
Rose me había elegido algo casual, era elegante, pero no como para algo importante, sino como algo diario. Había escogido un suéter beige grisáceo liso, a juego con unos vaqueros pitillo Dolce & Gabbana, un pañuelo y unas botas que me llegaban por la mitad del gemelo, además de unos complementos. Todo era de mi talla y me sentaba muy bien, quizá sí debería vestirme con este tipo de ropa...
Rose se levantó sin decir nada y se acercó a la puerta dispuesta a irse.
-Espera.- Dije sin saber muy bien porqué. Rose me miró levantando una ceja.- Gracias.
-Que conste que solo lo he hecho por la imagen del CIEP y por Yamir, no por ti.- dijo indiferente a la situación mientras salía por la puerta.
<<Rose era así>> pensé, en el fondo sabía que también lo había hecho por mí y que yo había hecho bien en darle las gracias.
Me dirigí hacia mi escritorio con la intención de coger mi horario y ver si tenía algo que hacer esa tarde. Durante las primeras horas no tenía nada importante que hacer, así que pensé en ponerme a hacer los trabajos que me habían mandado en el instituto. Solo conseguí estar durante media hora concentrada en el trabajo, luego no pude apartar mis pensamientos de todas las preguntas que rondaban por mi cabeza. Cerré los libros harta de intentar concentrarme sin éxito, y decidí darme una vuelta por el castillo, a sabiendas de que podría encontrarme con James.
Tenía media hora antes de empezar mi clase con la profesora Black, y aunque sabía que debería haber cogido el plano del castillo para no perderme, no lo hice, simplemente quería dejarme llevar, y disfrutar de ese jardín inmenso que tanto me gustaba.
Me adentré entre los árboles sin un rumbo fijo y paseé mi mano por los robustos troncos. Todo estaba en armonía y sintonizaba conmigo de una manera que no sabría explicar con exactitud.
-¡Táhmina!- alguien me llamó desde un punto cercano.- Estoy aquí.
Oí el ruido de unos botines negros y enseguida pude ver a la entrenadora Black.
-Te estaba buscando.- dijo tranquilamente.- Tenía que avisarte de que ahora no tienes que ir a la clase de la profesora Black.
-¿Qué?- dije confusa.- ¿Por qué no? Pensaba que me tenía que ir ahora a su clase.
-Sí, pero me ha llamado la directora Soret. Me ha dicho que el tiempo corre en nuestra contra.- Hizo una pequeña pausa.- Venga corre a cambiarte, ahora vas a empezar el entrenamiento físico. Ponte un chándal, y baja rápida que te espero aquí.
Hice lo que me dijo y subí lo más rápido que pude a mi habitación. De camino a ella no paraba de darle vueltas a la cabeza a lo que acababa de decirme, ¿cómo que el tiempo corría en nuestra contra? No lo entendía.
Entré en el vestidor y busqué algo de ropa de deporte en el vestidor, encontré un chándal y unos deportivos negros en los que no me había fijado hasta ahora. Me cambié en mitad de la habitación y dejé la ropa tirada de malas maneras encima de la cama y salí de la habitación rápidamente mientras me subía la cremallera de la chaqueta y me montaba en el ascensor.
Me recogí el pelo en una cola alta sin preocuparme de que quedara perfecta, me miré al espejo mientras lo hacía y me fijé en el chándal. Me había puesto una camiseta básica de manga corta blanca, y encima de ella la chaqueta negra, pero no me había fijado en ella, ni en el pantalón. En el lado izquierdo de la chaqueta, justo encima de donde estaba el corazón, había una especie de insignia redonda, como la que había visto en las motos de James y Rose, solo que en la mía estaba el número 11 en color dorado, también rodeado de estrella negras. A cada lado del pantalón también estaban, solo que más pequeñas y seguidas por dos finas líneas doradas hasta el final del pantalón. En la espalda de la chaqueta también había un gran número once, pero no era tan llamativo como el de la insignia.
El ascensor se abrió y yo salí rápidamente para encontrarme con la entrenadora Black.
-Vamos.- dijo firmemente, mientras andaba con paso ligero.- No hay tiempo que perder.
-Pero entrenadora Black.- dije siguiéndola lo más rápido que podía.- ¿Qué quiere decir que el tiempo corre en nuestra contra? ¿Por qué no estoy en la clase de la profesora Black?
-Te lo explico mientras vamos al gimnasio.- dijo parándose a esperarme.
Conseguí ponerme a su altura, mientras ella reducía la velocidad de sus pasos.
-Esta mañana, mientras estabais en el instituto ha llamado la directora Soret, decía que vendría mañana por la mañana, pero que debías empezar más temprano el entrenamiento físico. Algunos miembros del CIEP, han descubierto actividad enemiga cerca de la posición del número 2.
-¿Actividad enemiga?- dije pensando a toda prisa.- Espera, ¿te refieres a la Alianza Yegobita?
-Sí, podrían ser ellos. Pero no estamos muy seguros.- dijo pensativa.- El caso es que la directora Soret ha decidido que aumentar tus horas de entrenamiento, piensa que será lo mejor.
-¿Cómo que no estáis seguros?- dije algo alarmada- ¿Quién más podría ser?
-Táhmina, la Alianza Yegobita es solo una pequeña parte de lo que en realidad es la OCC.- dijo seriamente.- La OCC es como el equivalente al CIEP, pero está dividida en diferentes partes que se clasifican en la Alianza del Anillo Dorado y la Alianza de los Cazadores de Nix, que juntos forman la OCC.
-Pero…- dije sin saber bien si debería formular la pregunta.- ¿Qué tienen contra nosotros?
-La respuesta más sencilla que te puedo dar,- dijo parándose en seco ante dos grandes puertas.- es que quieres acabar con todo el CIEP, especialmente con vosotros.
Tragué saliva con dificultad y entré tras ella al enorme gimnasio.
Mi idea sobre aquel sitio había sido totalmente diferente a como me lo había imaginado. En vez de estar hecho de paredes de ladrillo gris como las del castillo eran totalmente lisas y blancas. La sala era realmente gigante, de unas dimensiones enormes y con varias columnas redondas, también blancas, distribuidas por la sala. Lo extraño era que no había nada en ella, literalmente nada. Si era un gimnasio, no entendía por qué no había ni un solo aparato de hacer deporte.
La entrenadora Black se movió rápida hacia el centro de la extensa estancia y sacudió la cabeza en señal de que me acercara a ella. Anduve indecisa hacia donde estaba.
-Ponte recta.- me dijo firmemente.- Ahora escúchame muy atentamente.
Asentí insegura.
-En las próximas horas te vas a olvidar de dónde estás, de quién soy yo, de quien eres tú.- dijo pausadamente.- Te vas a olvidar de por qué haces esto y te vas a liberar de todos los pensamientos que tengas. Te vas a concentrar solo en mi voz, es lo único que escucharás, no hablarás y aún menos bajarás el ritmo.
Esta vez asentí lentamente. Su voz sonaba monocorde y hacía que me sintiese inquieta, pero hice lo que me decía, enterré mis sentimientos en el fondo de mi ser y me concentré en su voz.
De repente la entrenadora Black gritó una palabra, como si fuera una orden y mi cuerpo sin que yo lo pensase se movió a pesar de que mentalmente no había entendido la palabra. Fue como un espasmo, una descarga eléctrica que se movía por todo mi cuerpo, haciendo que actuase sin pensarlo. La entrenadora fue dando pasos hacia atrás alejándose lentamente de mí, yo tenía puesta la vista al frente e intentaba controlar los latidos de mi corazón, la entrenadora volvió a gritar otra palabra diferente y de repente una especie de cuerpo oscuro se puso frente a mi e intentó atacarme. Esta vez la entrenadora Black gritó dos palabras y yo contraataqué al extraño cuerpo.
La entrenadora se paseaba alrededor del campo de lucha imaginario con las manos a la espalda  mientras gritaba órdenes como un militar. Yo me esforzaba al máximo, pero ni si quiera lo hacía a propósito, sino que salía de mi como actos reflejos.
Al cabo de un largo rato la entrenadora Black dio una orden, esta vez sin gritarla y el cuerpo extraño desapareció mientras que yo volvía a una posición estándar, pero más relajada. Las gotas de sudor caían por mis sienes y como no me había hecho bien la coleta muchos mechones habían quedado sueltos y se me pegaban a las mejillas mientras yo intentaba controlar mi respiración irregular. Todavía no me sentía realmente cansada, pero había realizado movimientos demasiado nuevos para mi cuerpo que habían hecho que mis músculos se entumecieran un poco.
Como la entrenadora me había dicho que durante el entrenamiento no hablase tenía un montón de preguntas atropelladas en mi mente que querían salir, pero pensé en que si hablaba quizás perdiese las fuerzas.
-Bien.- dijo con un pequeño atisbo de orgullo.- Vamos, aún te queda un rato.
Se acercó a una de las paredes y posó la palma de la mano en ella, a su vez apareció una pequeña luz azul que le iluminó el rostro, y al momento una parte de la pared se abrió ampliamente dejando ver la explanada verde y el acantilado que había detrás del castillo.
Seguí al exterior a la entrenadora Black que andaba lentamente hasta que se paró en seco y se giró para mirarme, sus ojos color avellana estaban tranquilos y aquello hacía que yo también me sintiese tranquila.
-Quítate los zapatos, los calcetines y la chaqueta.- dijo suave, pero firmemente.
Yo pensé en replicar, pero decidí que sería mejor acatar las órdenes anteriores de no hablar ni perder la concentración así que hice lo que me pedía. El frío de finales de Noviembre era terriblemente helado y más a esas horas de la tarde en las que prácticamente era de noche. Sentía el frío como cuchillas en la cara, los brazos y los pies, pero me concentré en no sentirlo, en no pensar en nada.
-Por hoy esta va a ser la última parte de tu entrenamiento.- dijo con voz monocorde de nuevo.- Ahora haz todo lo que yo haga.
La entrenadora Black se quitó también los botines y se puso de rodillas en el suelo. Empezó a hacer lentos y extraños movimientos con el cuerpo, yo la seguí pensando que sería incapaz de hacer tales cosas, pero mi cuerpo volvió a moverse sin que yo pensase nada y realicé los mismos movimientos flexibles que para mi sorpresa relajaron mis músculos bastante.
Luego la entrenadora se levantó y me miró seriamente. Pronunció unas palabras en el extraño idioma de antes y mi cuerpo reaccionó a ellas. La entrenadora Black me miró con algo de preocupación y articuló la palabra <<Suerte>> sin emitir ningún sonido.
Mis piernas empezaron a moverse y le di la espalda a la entrenadora, sin darme cuenta empecé a correr en dirección opuesta a donde estaba ella y me interné en el bosque que comenzaba lejos de la explanada del acantilado. Al principio noté algo de miedo, pero las palabras de la entrenadora Black me tranquilizaba y hacían que supiese lo que tenía que hacer en cada momento.
* * *
Las ramas afiladas de los árboles arañaban mis brazos desnudos y las puntiagudas piedras del suelo me pinchaban los pies descalzos. Desde que la entrenadora Black pronunció aquellas palabras había empezado a notar el cambio que causaba en mí la polidipsia instintiva. Mi visión se había desarrollado, y la agilidad y la velocidad con la que me movía era mayor de lo normal. De repente a mí alrededor empezaron a aparecer sombras de todo tipo de formas, todas me atacaban y hacían que a veces me tropezase y cayese al suelo dolorosamente. En varias ocasiones tuve que pararme a luchar contra ellas.
En realidad no parecían totalmente sombras, eran seres compactos en los que apenas podían distinguirse partes de cuerpo normales, eran deformes y lo único que podía discernir en ellas era un gran agujero lleno de dientes y unos ojos redondos, pequeños y blancos, en lo que parecía ser la cabeza de aquel ser sin expresión.
Realmente aquellos bichos me causaban terror, pero la polidipsia inhibía cualquier sentimiento que tuviese, incluso el miedo, solo me movía por instintos, y en ese momento mi intuición me decía que debía protegerme y encontrar algo, un objeto, o algo así.
Llegué a un punto del bosque en que los árboles no estaban tan pegados, y decidí seguir avanzando hasta que encontré un claro donde ya apenas había arboles. En el medio de la pequeña zona había una gran roca alta y puntiaguda. En su pico más alto distinguí un objeto brillante, parecía un reloj dorado. Aquello era lo que andaba buscando.
Di un paso al frente deseando acabar de una vez por todas, pero de repente se produjo un leve temblor en la tierra que por un segundo me hizo perder el equilibrio, y al instante una multitud inmensa de sombras surgió del mismo suelo. Rápidamente me puse en posición de ataque, pero ellas eran más rápidas que yo. Primero se acercaron con lentitud a mí, como si estuvieran evaluándome y viendo de qué era capaz, pero yo no quería atacar si ellas no lo hacían primero, así que pronto cogieron confianza y me atacaron. Me empujaban y arañaban, incluso a veces llegaban a morderme con sus afilados dientes los brazos; pegué patadas laterales para defenderme, pero me ganaban en número. Quizá las sombras no fueran tan ágiles y rápidas como podían parecer, pero si eran muy fuertes. Mis energías se agotaban y mi concentración poco a poco desaparecía con cada golpe. Tres sombras me embistieron repentinamente y caí al suelo dándome un fuerte golpe en la espalda, lo que me dejó unos instantes sin aire. Intenté levantarme pero me era imposible, el simple hecho de intentarlo me causaba dolor y mareo, las sombras se acercaban más y más a mí sin dejarme escapatoria por ningún lado, se empezaron a amontonar y por alguna razón el miedo había bloqueado la polidipsia y era incapaz de defenderme.
Justo en el momento en que pensaba que lo tenía todo perdido varias sombras explotaron así sin más, con un sonido parecido al de un globo al hacerlo, el montón de sombras se giró en busca de la fuente que había causado aquellos estragos. A lo lejos pude ver una silueta moviéndose con agilidad, esquivando las sombras y haciéndolas desaparecer; poco a poco la multitud de sombras fue desvaneciéndose hasta que solo quedaron un par de ellas, giré la cabeza para ver quién era pero cuanto más forzaba la vista más borroso veía, en ese momento noté algo muy cerca de mí y volví a girar la cabeza para ver que era, y vi horrorizada que era una sombra, pero no era como las demás, esta no era flacucha ni parecía escurridiza, sino que era enorme y tenía la boca abierta al máximo con sus dientes largos y amontonados que parecían navajas, cuanto más se acercaba a mi más abría la boca, casi parecía imposible, grité aterrorizada sin saber cómo salir de aquello. Al instante la figura apareció a mi lado y empezó a forcejear con la sombra, esta cogió una pesada piedra del suelo y la tiró con la intención de dar a quién me estaba ayudando, pero lo único que hizo fue darme a mi en la cabeza, dejándome inconsciente del todo.
* * *
Noté como unos fuertes brazos me llevaban en peso, quise abrir los ojos, pero me era imposible, los párpados me pesaban mucho por el cansancio. La persona que me llevaba en peso me depositó suavemente en el suelo, y apoyó mi espalda contra algo duro, quizá una roca o un árbol. Sentí un objeto frío y duro en una de mis manos, mientras que percibía un leve toque en mi mejilla, fue un ligero roce, una pequeña caricia, pero el simple contacto fue como una corta descarga eléctrica en mí, y pestañeé varias veces para ver quién era.
Puede ver a alguien alejarse con paso algo lento, pero sin pausa. Me constó discernir quién era porque no estaba bajo los efectos de la polidipsia, pero me pareció que la persona que se alejaba era James…
Apreté en un acto reflejo mi puño y noté algo frío, miré hacia mi mano para ver que era y me di cuenta de que se trataba de un reloj de pulsera de color dorado, lo giré mirándolo atentamente, no supe cómo, pero estaba segura de que ese era el objeto que tenía que encontrar. En la parte trasera del reloj había una inscripción, las iniciales A.B.
Me levanté costosamente y la hora que marcaba, eran las ocho menos cuarto, ¿cómo podía ser tan temprano?, parecía que habían pasado una días.
Miré indecisa a mi alrededor, no sabía por dónde tenía que ir, así que pensé que si recordaba por donde había venido sabría reconocer el camino de vuelta, pero por mucho que lo intenté tenía algunos recuerdos confusos y borrosos; me acordaba el entrenamiento, y también cuando me interné en el bosque y estuve luchando con las sombras. Me entró un escalofrío al pensar de ellas; después de aquello mis recuerdos eran una maraña de acciones sin sentido, me venían vagas imágenes de mi luchando en el claro, luego la multitud de sombras me rodeaba, y a partir de ahí casi todo era oscuridad y ruido, hasta que me he despertado y he visto a alguien que parecía James, aunque no estaba segura de si había sido real, o producto de mi mente.
Decidí andar recto todo el camino, seguramente atravesar el bosque sería más sencillo de esa manera. Aumenté la velocidad de mi paso, ya que me daba mala espina andar de noche por aquel denso pasaje.
No tardé mucho en llegar a la linde del bosque y vi a pocos metros de mí a la entrenadora con cara de preocupación. Me acerqué a ella y con una sonrisa cansada le entregué el reloj.
-Has tardado mucho.- dijo con voz intranquila.- ¿Ha pasado algo?
-Esto… No, solo me he entretenido un poco.- Dije lo más tranquila que pude mientras que en mi mente pasaban a toda velocidad imágenes de lo ocurrido anteriormente.
-Pues no deberías haberte entretenido.- dijo firmemente.- Me tenías preocupada.
-Lo siento entrenadora Black.- dije sinceramente.
-Bueno, cambiando de tema...- dijo mientras se dirigía de vuelta al castillo.- En general el entrenamiento de hoy ha ido bien para ser la primera vez, por cierto, no te olvides que después de cenar mi hermana irá a buscarte para su clase.
-Claro.- Dije sonriendo forzadamente. No tenía ganas de hacer nada, ni si quiera de cenar, pero si tenía clase tendría que comer algo…
* * *
Me cambié el chándal por una ropa más cómoda, y bajé a cenar, durante todo el camino al comedor había estado dándole vueltas a la cabeza sin parar en qué haría cuando viese a James durante la cena, pero tuve la suerte de que no apareció, aunque realmente no sabía si eso era bueno o no.
En general la cena no estuvo tan mal, Rose seguía con sus comentarios mordaces, pero Yamir suavizaba la situación con alguna broma. Justo al terminar la cena la profesora Black pasó a por mí, tan puntual como un reloj suizo.
Pensé que me llevaría de nuevo al gimnasio, pero en vez de eso, entramos en el jardín.
-¿Es aquí donde vamos a dar la clase?- dije confundida.
-Sí.- dijo con una sonrisa amable.- Lo normal es que la demos siempre aquí.
Se puso frente a mí y sacó de su bolso una pequeña libreta negra que le cabía en la palma de la mano y empezó a tomar notas.
La clase, por suerte, no duró mucho, además lo que me pedía era bastante simple, quería que hiciese pequeñas cosas con mis poderes mientras tomaba notas a toda prisa.
-Bueno, creo que ya está bien.- dijo sonriéndome.- En realidad esta clase de hoy ha sido una prueba, las siguientes clases serán a la hora de siempre, y con los demás miembros.
Asentí mientras ambas andábamos hacia una de las entradas del jardín. Me despedí de la profesora Black mientras me dirigía hacia mi habitación.

Cuando llegué no me dio tiempo a ponerme el pijama; llegué, me metí en la cama y en el mismo momento en que mi cabeza tocaba la almohada me dormí profundamente.

martes, 17 de septiembre de 2013

Capítulo 11

Caí de rodillas al suelo frío, ya no estaba sujeta ni a Yamir ni a Rose, veía algo borroso, pero conseguí divisar una mano tendida frente a mí, la cogí para poder levantarme y sacudirme los vaqueros.
-La primera vez siempre es difícil mantenerse en pie, pero verás cómo te acostumbras.- Dijo una voz cerca de mí, parecía que era Yamir.
Pestañeé un par de veces hasta que mi vista se centró, me fijé en que había entrado en una especie de túnel estrecho dónde las paredes eran de piedra con antorchas encendidas y el suelo estaba terroso y polvoriento.
-¿Dónde estamos?-Dije aún confundida.- ¿Cómo hemos entrado aquí? ¿Y dónde están Rose y James?
-Ven, te lo explicaré de camino, ellos ya se nos han adelantado.
Lo seguí mientras se metía por distintos pasadizos, parecía que sabía con seguridad el camino que tenía que coger.
-Hemos llegado hasta aquí saltando por un portal que solo nosotros podemos crear con nuestros poderes. Nosotros lo llamamos los pasadizos secretos, aunque ya no son tan secretos, todos los miembros del C.I.E.P. conocen su existencia, aunque solo nosotros podemos usarlos, ya que para entrar en los pasadizos se necesita abrir un portal y para eso se usa nuestra magia.
-Vaya...- Dije alucinada.- Pero, ¿porqué usar estos pasadizos si podemos salir del internado e ir en coche al instituto?
-Buena pregunta.-dijo sonriendo.- Usamos estos pasadizos principalmente por dos razones, la primera es por nuestra seguridad, en estos momentos vivimos a las afueras de Dover, es decir, estamos a muchos kilómetros de nuestro instituto, que se encuentra en Londres, si fuésemos en cualquier medio de transporte podríamos alertar a la Alianza Yegobita y nos podrían seguir la pista hasta aquí, por eso estudiamos en Londres para despistarlos y que crean que residimos en Londres y no aquí.
-Humm... ¿Quiénes son la Alianza Yegobita?-dije pensativa.- Espera… ¿Pero no era la O.C.C.?
-Sí, la Alianza Yegobita es el nombre con el que se hacen llamar los cazadores de la O.C.C.,  ya que la organización no solo está formada por cazadores, sino que los ayudan muchos científicos e investigadores de todas partes del mundo, ya que están en contra de lo que somos, su único propósito es matarnos a los doce elegidos y así evitar que se cierre el círculo. Ellos son nuestros mayores enemigos, pero eso ya te lo explicará la profesora Black.- Hizo una pausa para coger aire y siguió.- Y la segunda razón es porque por aquí se llega antes a Londres.
-Pero tú mismo has dicho que estamos a kilómetros, ¿cómo es posible que por aquí se llegue antes?- Dije confundida.
-Es simple, estos pasadizos fueron creados poco después que el castillo, en esa época servían para que nuestros antepasados se desplazasen por tierras enemigas sin ser vistos, ya que los consideraba brujos por usar ''magia prohibida'', además los doce miembros del círculo de la primera generación crearon una especie de conjuro que hace que por aquí el tiempo pase de forma diferente, es decir, en 10 minutos o así estaremos en Londres, justo al lado de nuestro instituto, mientras que si fuésemos en coche tardaríamos una hora y media o más.
Giramos unas cuantas veces más hasta llegar al final de un pasadizo sin salida, en la pared vi apoyados a James y a Rose esperándonos con algo de impaciencia. James subió el primero por unas escaleras de hierro pegadas a la pared, dibujó el mismo cuadrado luminoso que había hecho Rose antes, solo que este no succionaba a nadie, simplemente dejaba escapar un viento helado que provenía del exterior. Subimos uno a uno, yo fui la última en salir y me quedé impresionada al ver Londres con mis propios ojos, estábamos en un callejón algo oscuro, pero ya desde ahí se podía ver todo, el ensordecedor ruido de un motor me despertó de mi ensoñación y giré la vista hacia el lugar del ruido justo a tiempo para ver a Rose y a James, cada uno subido en una Ducati 848 negra. Eran preciosas y en el lateral de cada una había un número grabado rodeado de doce estrellas negras; en la de Rose era un 6 y en la de James un 10, aquellas doce estrellas me recordaron a algo, pero no supe a qué...
Yamir chasqueó los dedos delante de mi cara para llamar mi atención.
-¿Nos vamos?- Dijo señalando con el pulgar un todoterreno Chevrolet negro.- Como aún no te han dado a elegir entre conducir una moto o un coche te llevaré yo.
Asentí y me monté en el asiento del copiloto mientras Yamir arrancaba el coche.
-No sabía que con 17 años ya tuvieses el carnet.- Dije arqueando una ceja desconfiadamente.
-En realidad no se puede decir que tenga el carnet de conducir oficialmente, pero sé conducir.- Dijo mientras se ponía el cinturón.
-¿Rose y James tampoco tienen el carnet de conducir?- Dije mientras me abrochaba el cinturón.- Eso es bastante irresponsable por parte del C.I.E.P., tanto decir que estamos en peligro por esa tal Alianza Yegobita y luego nos dejan conducir sin carnet a nuestras anchas.
-En realidad no es del todo así.- Hizo una pausa mientras que giraba en una calle.- Rose tiene bastante experiencia, lleva robando coches y motos desde... los 13 años creo y a los 16 se sacó el carnet de conducir en Estados Unidos, aquí se lo dieron por válido así que ella si tiene carnet de conducir; James es más como yo, los dos sabemos conducir pero no tenemos el carnet, nuestras responsabilidades como miembros del Círculo nos mantienen lo suficientemente ocupados como para preocuparnos por sacárnoslo.
Se paró en un semáforo en rojo y me miró.
-Espera, espera, espera.-dije mirando atónita a Yamir.- ¿Rose robaba coches?
-Sí.-dijo frunciendo el ceño.-No sé de qué te extrañas.
-Pues es de lo más evidente- Dije arqueando una ceja.-Va vestida como una pija, y además es creída hasta las cejas.
Resoplé acordándome de nuestro desafortunado encuentro en el desayuno.
-Tam, no tienes ni idea.-dijo suspirando.- Rose no es tal cuál la ves, ella al igual que tú y que todos no ha tenido un pasado fácil. Sé que no me corresponde a mí contártelo, pero es para que mires a Rose con otros ojos. Hace 5 meses más o menos fui a Texas para recoger a Rose, era totalmente diferente de cómo es ahora. Ella vivía de la calle, su madre murió asesinada por su padre alcohólico cuando tan solo tenía 6 años, además lo presenció, su padre se escapó y todavía siguen buscándolo por lo que hizo; luego servicios sociales se ocupó de Rose y de su hermana pequeña Melanie, pero ambas ya de muy pequeñas se escapaban de sus casas de acogida y vivían solas por las calles, a los 16 años Rose se metió a trabajar para pagar un apartamento, pero el sueldo no le daba para mucho así que también vivía de pasar drogas, por suerte ella no se enganchó a ninguna. Cuando fui a recogerla para traerla aquí se negó rotundamente, decía que no podía dejar sola a su hermana y sin dinero, pero el C.I.E.P. le propuso que le pagarían a Melanie mensualmente una buena suma de dinero, y aunque me costó convencerla vino conmigo.
-Vaya…-dije sin saber exactamente qué decir.-No tenía ni idea…Pero si tú mismo dices que el aire pijo no va con Rose, ¿por qué se viste así?
-Ella ya te lo ha respondido en el desayuno, en este instituto van todos vestidos de marcas muy caras, por eso te pregunté si querías volver a cambiarte, aquí todos te miraran por no ir vestida como ellos, es discriminatorio sí, pero es lo que hay.
Miré mi desgastada ropa y enseguida me arrepentí de no haberme cambiado, pero ya no había vuelta a atrás.
Para distraernos un rato Yamir puso la música a un volumen altísimo mientras que se reía y cantaba desafinando un poco en los tonos agudos; hasta ahora Yamir era quien mejor me había tratado sin juzgarme, me caía muy bien y esperaba que nos convirtiésemos en grandes amigos, era guapo y me atraía de la manera que atrae cualquier chico guapo como él, sin embargo, para mí sería como un hermano, mi compañero y amigo, no como James...Mi conciencia me estaba matando, le había hecho tanto daño, y... le había mentido, sí que me importaba, más que nadie en el mundo, pero era imposible estar juntos, nos distraeríamos en los entrenamientos, no me concentraría en los estudios, además de decir que iba contra las normas. No, eso no podía pasar, quería a James, sí, pero por su seguridad tendría que estar lejos de él, porque si algo le pasara por mi culpa, yo... no me lo perdonaría nunca.
Yamir aparcó por fin el coche, mi primer día en un nuevo instituto empezaba.

                                                          * * *
En realidad... pensé que el día me iría mejor de lo que había sido, pero no, ni por asomo había sido bueno, conforme habían pasado las horas estaba de peor humor. 
Para empezar las clases eran muy aburridas y si me despistaba un segundo perdía el hilo y no me enteraba de nada. Ese día había compartido una clase con Rose, que se había encargado de molestarme como fuera posible; y dos con Yamir; a James no lo había visto en todo el día, ni si quiera en el descanso. A partir de la tercera hora decidí que por el momento atender a la clase era una pérdida de tiempo, así que decidí hacerme una lista con todas las preguntas que tenía y que nadie me había respondido aún e intenté encontrarles mi propia respuesta, pero ninguna tenía sentido realmente…
Por si fuera poco en los pasillos todo el mundo me miraba, unos con irritación y asco, otros con vergüenza, y otros con desdén, y todo se resumía en algo sencillo, mi ropa. Rose no se había equivocado, el instituto estaba lleno de pijos estirados y pedantes que miraban mi sudadera como si fuese algo sucio y repugnante, las niñatas ricachonas iban vestidas enteras de marca, pero encima tenían la pinta de ser todas unas golfas ya que sus camisas entalladas transparentaban sus sujetadores de encaje caros y además las llevaban con tres botones bien abiertos.
Una de las muchas alumnas de por allí tuvo el valor de chocar conmigo. Era de pelo rizado rubio muy claro, y a pesar de que muchas chicas de allí eran rubias de bote, su pelo era totalmente natural, lo llevaba recogido suavemente con horquillas hacia un lado, sus ojos eran de un azul tan eléctrico que te cortaba la respiración, y sus labios eran rosados y carnosos; si no fuera por la mueca de desprecio que puso habría pensado que era igual de inocente que su rostro.
-Lleva cuidado por dónde vas.- dijo mordazmente.- Y a ver si el director aprende ya a traer alumnas que puedan permitirse comprarse algo de ropa decente para venir.  
Chocó con mi hombro aposta y empezó a andar con aires de superioridad. Apreté los puños harta ya de todo en general y me volví hacia ella
-¡Tú niñata engreída!- Le espeté, y se giró sorprendida señalándose a sí misma con aires de inocencia.-Has sido tú la que has chocado conmigo, deberías disculparte.
Se acercó desafiante hacia a mí, mientras los demás alumnos se acercaban y hacían un corro al rededor nuestra sacando los móviles en vista de una posible pelea. Mi mal humor cada vez iba creciendo más.
-¿Perdona?- dijo con voz envenenada en odio.- Aquí la gente que no tiene dinero se está calladita en un rincón sin hacer ruido, y tú no eres más que un bicho insignificante que no tiene ni para comer. Seguro que tus papis no te han podido pagar el curso y estás aquí con una beca.
Sonrió mientras todo el mundo gritaba a coro <<¡Uoo!>>,  lo único que yo quería en ese momento era reventarle a golpes su estúpida y vacía cabeza, pero entonces oí algo que me dejó petrificada. James me hablaba, pero no estaba entre la gente, sólo vi a Rose sonriendo divertida por la situación, sin embargo, en mi cabeza oí la voz de James, por lo que comprendí que estaría usando sus poderes, <<Tam, no lo hagas, déjala en paz o te meterás en líos con el director, él no es del C.I.E.P., si te metes en una pelea te expulsará y eso será malo para todos. >>
No quería hacer caso a James, pero tenía razón.
-¿Es que te has quedado sin palabras mona?- dijo sonriendo maliciosamente.
-Que va, pero como no soy una zorra como tú me voy a callar.-Dije sonriendo irónicamente.
Me di media vuelta y la rubia pija se quedó en mitad del pasillo con sus tacones altos y su ropa ajustada mientras el corro de gente se disipaba.
Vi a James a lo lejos, me miró de reojo y metió las manos en los bolsillos de sus pantalones mientras daba media vuelta y giraba en otro pasillo. Me dirigí sofocada al cuarto de baño que por suerte estaba vacío; me eché un poco de agua en la cara y respiré lentamente un par de veces hasta que pude relajarme un poco; me miré al espejo y vi el mal aspecto de mi cara, tenía profundas ojeras, las mejillas estaban enrojecidas por la rabia contenida anteriormente y la cabeza me dolía bastante. La falta de sueño y el estrés de los acontecimientos de los últimos días se me estaban acumulando, eso no podía ser bueno.
Salí al pasillo y me dirigí a mi taquilla, quedaban 10 minutos para que empezase la última clase así que abrí rápidamente la estrecha puerta metálica y cambié los libros, luego vi que tenía aspirinas así que me tomé una para aliviar el dolor de cabeza. Cerré la puerta de mi taquilla con fuerza y me sobresalté, pero no fue por el ruido sino porque Yamir estaba ahí apoyado en la taquilla del al lado mirándome con el ceño fruncido.
-Eso que estabas haciendo era una estupidez.- dijo algo enfadado.-Estamos en este instituto para no llamar la atención y pasar desapercibidos, y tú vas y en tu primer día te metes en una pelea plantándole cara a Jessica Laroche, una de las alumnas más importantes de este instituto.
-No me he metido en ninguna pelea.- dije cortante y le di la espalda para dirigirme a la siguiente clase.
Yamir me tocó el hombro y me hizo retroceder y dar la vuelta para mirarle.
-No, no te has metido, pero has estado a punto de usar tus poderes, y podías haber causado una catástrofe. Nos hubiesen descubierto, o peor, nos habrías puesto en grave peligro.
-Eso no es cierto, yo no he usado mis poderes, ni si quiera lo he pensado.- dije enfadada.
-Ahí está el problema, que no lo piensas. No lo sabes controlar y es peligroso.- Dijo alzando un poco la voz un poco irritado.
-¡Pero tú ni si quiera lo sabes!- grité harta de que me riñese por algo que ni si quiera he hecho.- ¿Cómo puedes explicarme que sabías que iba a utilizar mis poderes?
-Ven.- dijo agarrándome de la muñeca y llevándome lejos de dónde estábamos.
Me arrastró contra mi voluntad a una clase vacía, y cerró la puerta tras de sí.
-¿Qué haces?- dije confundida.- Voy a llegar tarde a clase.
-No importa, no se enterarán. Voy a enseñarte como he sabido que ibas a utilizar tus poderes.
Cogió una silla de un rincón de la clase y la puso entre él y yo, entonces Yamir me miró fijamente y sentí que algo salía de mi interior, como si me estuviesen arrancando parte de mí, era muy extraño y molesto, pero no doloroso, la garganta me quemaba y el corazón cada vez me latía más fuerte, volví a sentir esa sed que había sentido al tocar la puerta del castillo, pero esta vez más fuerte y abundante, parecía algo más que una sensación de sed, por un momento mis sentidos se agudizaron, oía cosas que antes no percibía, veía con detalle objetos lejanos que una persona normal no podría ver, incluso percibía olores que no estaban allí conmigo; no sabría cómo explicarlo, pero sentía la ansiedad de Yamir, observé sus ojos, tenía las pupilas dilatadas y brillaban mucho, de repente se oyó un ruido, como el crepitar del fuego, solo que muy cerca de mí, entonces vi la silla, había comenzado a arder súbitamente en un poderoso llamarada anaranjada.
-Lo sientes, ¿verdad?- dijo frunciendo el ceño.
-Sí.-dije con voz ronca.
Yamir bajó la vista, y durante unos instantes estuvo mirando fascinado como crepitaban las llamas y hacían cenizas lo que antes había sido una silla, luego, como si se despertara de un sueño, parpadeó varias veces y agitó la mano derecha, lo que hizo que de repente el fuego desapareciese y solo quedasen restos de cenizas y finas columnas de humo gris.
Yamir se sentó encima de la mesa del profesor mientras que yo cogía otra silla y me sentaba algo agotada por las sensaciones de antes.
-Y… ¿Esto ocurre siempre?- dije sin saber bien cómo explicarme.- Es decir, esta sensación tan extraña surge siempre, ¿o solo de vez en cuando?
-Se llama polidipsia instintiva, y sí, surge siempre.- dijo suspirando.- Al principio no afecta demasiado, solo la encuentras extraña y fascinante a la vez, tus sentidos mejoran, te sientes más poderosa e incluso percibes cosas de las que antes no podías darte cuenta, como por ejemplo, notas el miedo o la alegría de una persona cercana a ti.
-¿Y siempre es en la misma intensidad?- dije a la misma vez que miles de dudas me llenaban la cabeza.
-No, eso es lo malo. Cada vez que uno de nosotros utilizamos los poderes, los demás lo notan, da igual la distancia que haya, siempre lo notas, cuánto más cerca estés más sentirás esa sensación, y es peor, porque la polidipsia instintiva tiene efectos secundarios, por decirlo así. Cuanto más cerca estés la sensación es más fuerte, tu mente se compenetra con tus poderes, te haces más fuerte, pero eres como un animal, apenas puedes pensar con claridad, y tienes ganas de usar los poderes de forma descontrolada, dejándolos salir sin rumbo y eso, es muy peligroso ya que aunque no lo parezca nuestros poderes no tienen límite.
-Vaya…- dije fascinada a la vez que aterrada.- Y cuando usamos los poderes, ¿no lo notamos?
-No exactamente.- Miró a la ventana meditabundo.- Nosotros usamos los poderes conscientemente, por eso la polidipsia no nos afecta, porque controlamos lo que hacemos, sin embargo, en nuestro interior siempre notamos algo, un nudo en la garganta, el corazón se nos acelera, o si usamos nuestros poderes con mucha potencia sentimos pinchazos en las sienes o en las muñecas...
En ese mismo instante sonó el timbre que indicaba que las clases habían acabado, Yamir se sobresaltó levemente y se bajó de la mesa del profesor mientras que yo dejaba la silla en su sitio, miré a las cenizas algo dudosa.
-Esto… Yamir, ¿qué hacemos con las cenizas?- dije mordiéndome el labio inferior.
-Bah, no importa, ya las recogerá el conserje.- dijo sonriéndome. Luego se acercó a mí y me puso una mano en la espalda para indicarme que fuese hasta la puerta.
Puse la mano en el picaporte, pero cuando fui a abrir Yamir puso una mano en la puerta e impidió que abriese.
-Espera.- dijo mirándome directamente a los ojos.- Me tienes que prometer que no vas a usar tus poderes, a no ser que sea estrictamente necesario, si nos descubren puede ser muy peligroso.
-Te lo prometo.-dije seriamente.
Apartó la mano de la puerta y pasamos al pasillo, donde la muchedumbre cada vez crecía más.
-Escucha Tam.- dijo Yamir intentando hablar por encima del ruido de los alumnos.- Ha empezado a llover, así que voy a traer el coche a la entrada, tu mientras fíjate en si Rose y James van a sus motos, tenemos que ir todos juntos a los pasadizos, ¿vale?
Asentí y me dirigí a mi taquilla para coger la mochila, de camino vi a Rose con el casco de la moto en un brazo y el bolso en otro, seguramente iría directa a su moto.
Me dirigí a la entrada y me puse la capucha de la sudadera dispuesta a salir, pero al no ver aún a Yamir decidí quedarme bajo el techo. A unos metros de mí pude ver a James montado en su moto a punto de ponerse el casco, pero en ese momento la chica rubia con la que casi me peleaba antes se le acercaba con un paraguas, esto…¿Cómo se llamaba? Hummm… ¡Jessica! Eso era, Jessica Laroche.
Jessica se le acercó sonriendo adorablemente, cualquier chico hubiese querido estar con ella, sin embargo James miraba a otro lado, aunque de vez en cuando sonreía a lo que le decía, parecía que se conocían bastante. En ese instante James me miró por el rabillo del ojo, pero solo fueron unos segundos, después miró a los ojos a Jessica y pude leer lo que le decía en sus labios: <<Te echado mucho de menos. >>, Jessica enrojeció levemente, su aspecto era encantador, James le pasó un mechón suelto de la trenza por detrás de la oreja y ella sonrió tímidamente mientras le pasaba las manos por el cuello. Sentía un tremendo nudo en la garganta que casi me impedía respirar, Jessica y James cada vez estaban más cerca, hasta que se besaron.
Mi corazón se hizo en mil pedazos, mientras que las lágrimas salían de mis ojos sin que pudiese hacer nada. James le pasó una mano por la cintura, mientras que ella le rodeaba el cuello. Luego se separaron y James arrancó la moto haciendo que el motor resonara tan fuerte que el sonido rebotó en mi pecho, Jessica le despedía alegremente con la mano mientras que volvía con su grupo de amigas.
Vi a Yamir poniéndose justo en frente de la entrada, y salí corriendo al coche mientras que las gotas de lluvia se mezclaban con mis lágrimas, abrí la puerta y entré en el coche estrepitosamente.
Durante el trayecto nadie dijo nada, ni si quiera pusimos la radio, Yamir conducía concentrado en la carretera, mientras que yo tenía la frente pegada en el frío cristal e intentaba concentrarme en el ruido de las gotas que caían incesablemente y no en el hecho de me que mi corazón estaba hecho trizas; paramos en un semáforo en rojo antes de llegar al callejón por donde habíamos salido antes.
-Estás muy callada.- Dijo Yamir con una media sonrisa.- ¿No tienes ninguna pregunta que hacerme?
-No.- dije tosiendo falsamente para disimular la voz ronca y el disgusto.
Yamir se giró para mirarme, pero yo seguía de espaldas a él con la cabeza pegada a la ventana.
-¿Te pasa algo?- Dijo cautelosamente.
-Nada.- dije secamente.
-Humm… está bien.- dijo mientras se movía en su asiento algo incómodo por la situación.
Llegamos al callejón y Yamir apagó el coche, pero antes de abrir la puerta me miró seriamente.
-Tam.- dijo mirándome con perturbadora sinceridad.- Sea lo que sea lo que te pase, sabes que puedes confiar en mí, estaré a tu lado para lo que necesites, no lo dudes, ¿vale?
Asentí a punto de echarme a llorar, lo único que necesitaba era mi casa, mi familia, mi antigua vida.
                                                  * * *
Al entrar de nuevo en los pasadizos la temperatura había bajado, hacía más frío que antes y por desgracia mi sudadera no era tan gruesa como para protegerme del frío, además estaba un poco húmeda.
Poco a poco me quedé atrás, iba lenta por el frío que hacía, pero no era eso lo que me ralentizaba, sino la imagen que veía una y otra vez en mi cabeza de James besando a Jessica.
Al principio Yamir quiso esperarme, pero le dije que se adelantara que yo lo seguiría sin problema, Rose también se adelantó y se puso al lado de Yamir mientras al parecer mantenían una divertida conversación. James iba unos pasos por detrás de ellos, y detrás de él iba yo a bastantes pasos de distancia.
En diez minutos llegamos de nuevo por donde habíamos entrado a los pasadizos y Yamir y Rose subieron los primeros. Me dispuse a subir yo también cuando James me cogió de la muñeca y me arrastró hacia atrás poniéndome frente a él.
-¿Pero a ti que te pasa?- Le dije fríamente. Estaba furiosa con él, ya que me había besado hacía un par de días teniendo novia; pero aún estaba más furiosa conmigo misma por ser tan estúpida.
-No, que te pasa a ti.- Dijo aún más cortante que yo.- Primero me tratas como una mierda, luego sales corriendo; y hoy has estado a punto de utilizar tus poderes para atacar a Jessica.
-¡Ha sido inconscientemente!- Dije alzando la voz.
-Ya seguro…- Dijo haciendo una pausa.- ¿Y conmigo que te pasa?
-No sé a lo que te refieres.- dije mirando hacia otro lado.
-Desde que hablaste con la directora Soret en aquella sala estas distinta y…
-No, no estoy distinta.- Dije cortándole antes de acabar la frase.- James, déjame de una vez, tú y yo no podemos estar juntos, ya te lo expliqué ayer.
-Sí, pero no me creo ni una sola palabra de lo que me dijiste.- Dijo acercándose cada vez más a mí.
A cada paso que daba, yo retrocedía resistiéndome a aquella atracción permanente que ejercía sobre mí, hasta que me topé con una de las paredes.
-Sé que lo que dijiste no es verdad.- dijo susurrando.- Me fijo en cómo me miras.
-Yo…- mi corazón se aceleraba cada vez más, James se acercó  aún más y puso su brazos a cada lado de mi cabeza, dejándome sin ningún lado por el que salir.
-Sé que está mal, pero…- dijo haciendo una pequeña pausa.- he estado intentando leerte la mente, para ver si lo que me decías era realmente cierto, pero no sé por qué no podía.
Fruncí el ceño disgustada por lo que estaba oyendo, pero casi no podía centrarme en lo que decía, ya que estaba intentando controlar los latidos de mi corazón y mis ganas de besarle.
Nos quedamos callados sin decir nada, su respiración chocaba con la mía, sus labios estaban a punto de rozar los míos, casi estaba dejándome por vencida.
-James…- dije susurrando ya que un gran nudo se apoderaba de mi garganta.- Lo siento, esto no puede ser.
Lo empujé suavemente y me separé todo lo que pude de él.
-No lo entiendo.- dijo bastante irritado.- No entiendo qué te pasa.
-James…- dije entrecortadamente.- Las normas son las normas.
-No te tenía por alguien que siguiera las normas cuando me arrastraste fuera de aquel hospital en Madrid y me decías que me querías.- dijo bastante enfadado.- Además, no creo que te importen mucho la normas cuando haces novillos en la última clase con Yamir, seguro que con él no te importaba saltarte las normas. A saber que estabais haciendo juntos…
-¡Oh, por Dios!- Dije aún más enfadada con él.- Yo no estaba haciendo nada con nadie, Yamir  y yo solo… Espera, yo no te tengo que dar explicaciones de lo que hago o dejo de hacer.
Me lanzó una mirada asesina y yo le lancé otra para contrarrestar.
-.Además, no deberías ir detrás de mí y pedirme explicaciones cuando ya tienes a tu querida novia. – Dije mientras me disponía a subir las escaleras.- Seguro que no le hace ninguna gracia lo que haces.
-Yo no…

-No, James.- Le corté.- Yo no quiero darte explicaciones, así que tú tampoco me las des.

lunes, 26 de agosto de 2013

Capítulo 10

Había corrido tanto que casi no podía respirar y el corazón me latía tan fuerte que pensaba que se me iba a salir, todo había sido rápido y doloroso, muy doloroso. Después de dejar atrás a James las lágrimas habían salido rápidas y abundantes de mis ojos, había sido muy cruel con él, pero lo había hecho para protegerlo, además las normas eran muy estrictas, debía centrarme en mi trabajo como miembro del círculo, y debía encontrar a los que faltaba, esa era mi prioridad, el círculo.
Antes de quedarme dormida la entrenadora Black me había llamado para decirme que al día siguiente tendría que encontrarme con una tal Rose, según la entrenadora se trataba del miembro número 6 del círculo, tendría que ir con ella y con los demás miembros del círculo al instituto.     
                                                                 * * *
Di vueltas sin parar en la cama, eran las cinco y cuarto de la madrugada y era incapaz de dormir. Había tenido pesadillas con James, con los miembros del círculo, y con una chica, creo que también era miembro del círculo, pero no estaba segura.
En mi pesadilla me torturaban y me hacían ver como mataban a James; todos los demás miembros del círculo estaban desaparecidos o muertos, sin embargo había una chica, de rasgos asiáticos que me miraba tranquila y me susurraba una y otra vez: -Tú…tú eres la verdadera elegida…
Luego desaparecía y se oía un grito de terror.
Me desperté llorando y sudando a las cinco menos veinte de la madrugada y desde entonces no había conseguido dormir. A las cinco y media decidí que lo mejor era levantarse y distraerse con cualquier cosa.
Mi habitación era preciosa; era rectangular a pesar de que el edificio dónde se encontraban las habitaciones de las chicas era un alto torreón cilíndrico de tres pisos;  la cama era de matrimonio con cuatro palos de madera que sujetaban unas cortinas doradas con bordados marrones de distintas tonalidades, a sus pies había un gran baúl de madera oscura y de labrados impresionantes; en el lado izquierdo de la cama había una mesita de noche de madera oscura con tres cajones a juego con todo el mobiliario de la habitación junto con una lamparita; en el lado derecho había un chaise longue de tapizado también dorado y de madera oscura que daba a un gran ventanal por el que se salía a un pequeño balcón redondo. Al lado del ventanal había dos ventanas más de tamaño normal dónde también se encontraba un escritorio de madera robusta y oscura con dos cajones a los lados y una silla de madera del mismo tapizado que el chaise longue. En la pared de en frente a la cama había colgada una gran televisión, a su derecha había una puerta que daba al baño y a la izquierda la puerta por la que se salía de la habitación.
Di vueltas por la habitación sin saber qué hacer realmente, hasta que se me ocurrió deshacer la maleta y poner la ropa en su sitio, pero… ¿dónde estaba el armario?
Me fijé en que al lado de la mesita de noche había una puerta, me acerqué a ella y toque el pomo redondo, frío y dorado, lo giré y entré. <<Vaya…>>, pensé. Había entrado en otra habitación rectangular que se trataba de un gran vestidor, pero lo que me sorprendió fue que estaba lleno de ropa maravillosa y por la pinta que tenía parecía muy cara. Fui caminando lentamente, rozando la ropa, en un lado había ropa de vestir normal, pantalones pitillo, vaqueros, camisas, vestidos…, en el otro, sin embargo, era ropa de gala, vestidos largos y elegantes, de distintos cortes y colores. En la pared del fondo vi tres botones negros, pulsé el primero y vi, para mi asombro, que una de las partes de la pared se abría, dejándome ver infinidad de zapatos y sandalias, collares y pendientes, bolsos…todos iban a juego con la ropa de vestir normal; lo mismo pasó con el segundo botón, solo que para los trajes de gala, pero con el tercero fue diferente, lo pulsé y vi como otro trozo de pared se abría y me mostraba algo totalmente diferente a lo que había visto, observé que en vez de ropa cara y elegante o complementos había un mono de licra negro con dos gruesas líneas doradas que iban desde la zona del tobillo a la del cuello, en la zona del pecho, encima del corazón había una especie de placa dorada y redonda donde estaban grabados en relieve el número once rodeado de doce estrellas negras. Toqué el mono y me di cuenta de que la tela parecía más rígida y flexible que la licra. Bajé la vista y vi que unas botas de piel negra, alto tacón y punta redonda iban junto con el mono, eran increíbles pero, ¿para que eran?
Volví a pulsar el botón para que se cerrase la pared y salí del vestidor, vi mi maleta en mitad de la habitación, y no supe qué hacer con ella, el vestidor estaba lleno de ropa y no cabía toda la que me había traído, así que la dejé ahí, en mitad de la habitación, ya pensaría que hacer con ella.
Me di una ducha bastante prolongada y al salir cogí uno de los albornoces que había al lado de la ducha, salí al balcón a pesar de que hacía mucho frío, observé el bonito paisaje que estaba ante mis ojos, una prolongada explanada verde se extendía como un aterciopelado manto y acababa en un alto acantilado, todo cubierto por un manto negro poblado de estrellas, me preguntaba en que zona de Inglaterra estaríamos, porque eso no parecía Londres…
Vi el sol salir y me di cuenta de que ya llegaba la hora de prepararme para el instituto, me vestí pero no con la ropa del vestidor, sino con la ya muy usada ropa de mi maleta, no es que tuviese una razón exacta para hacerlo, pero sentía que si me vestía con la ropa nueva que me habían proporcionado estaría olvidando mi antigua vida, mi familia y todo lo que me importaba. Cogí unos vaqueros desgastados, una sudadera rosa con letras blancas, mis deportivas, unos guantes de lana blanca y mi desgastada cartera del instituto que llevaba en Madrid; me recogí el pelo en una trenza de espiga larga al lado y fui al escritorio para mirar mi horario, vi que junto a él estaban los libros nuevos de mi instituto, los metí en mi mochila y miré el despertador de mi mesita de noche, casi era la hora del desayuno, pero decidí bajar antes, quería ver ese precioso jardín antes de empezar con mi nueva rutina.
                                                                    * * *
Me senté en uno de los bancos de piedra, estaba rodeado de sauces llorones y arces japoneses que a pesar del frío estaban poblados de preciosas hojas rosas y rojizas que caían en el lago. Todo estaba en paz y tranquilidad, y me encantaba, entonces oí un ruido, como si fuese un crujido de una rama, pero más leve. Divisé destellos rojizos y anaranjados en uno de los árboles que separaban una mitad del jardín de la otra mitad y decidí levantarme para ver de qué se trataba. Tras los árboles vi a un chico de pelo negro y piel muy bronceada moviendo las manos en el aire lentamente, me quedé pasmada al ver lo que hacía, estaba manejando fuego con las manos desnudas, hacía estelas de llamaradas finas a su alrededor, el fuego salía directamente de sus manos, quería ver más pero la densidad de algunos árboles me tapaba la vista, así que decidí acercarme más, pero mi mala suerte me jugó una mala pasada haciéndome pisar una fina rama que ni si quiera había visto, esta crujió lo que hizo que el corazón me latiese muy fuerte y me quedase paralizada. El fuego desapareció al instante y el chico se giró casi de inmediato.
-¿Quién está ahí?- Habló en ingles, pero por suerte lo entendía perfectamente. Hizo una pausa y miró en mi dirección.- ¿Hola?
Salí lentamente de detrás de los árboles y me puse frente al chico.
-Esto…hola.- Dije con un hilo de voz. Me daba un poco de vergüenza que me hubiese pillado espiándolo incluso sin conocerlo.
-¿Tú quien eres?- Dijo sonriendo amablemente, al menos era simpático.- Oh, espera, ¿tú eres la número once? ¿Táhmina Arafat?
-Vaya… Aquí todo el mundo parece saber quien soy…- Sonreí a pesar de la vergüenza y le tendí la mano para presentarme, le hablé en ingles.- Sí, soy Táhmina Arafat, pero puedes llamarme Tam, si quieres claro.
-Hablas muy bien el inglés, pero si quieres podemos hablar en español, también se hablarlo.-Dijo pasándose al español para mi alivio, la verdad es que el chico lo hablaba muy bien, aunque con un poco de acento que no supe identificar.
Sus rasgos eran muy evidentes, parecía provenir de la India, su pelo era tan negro como el mío, lo tenía corto y algo ondulado, su piel era bastante morena, era poco más alto que yo y aunque llevaba una chaqueta gruesa parecía ser bastante fuerte.
-Aún no es la hora de desayunar, podemos sentarnos si quieres.- Dijo sonriéndome. Asentí aceptando su propuesta.
-Vaya, que despistado. Me llamo Yamir, Yamir Shuari.- Hizo una pausa y me sonrió.- Como habrás visto yo también tengo un poder, es el fuego.
-Sí, es increíble. ¿Cómo lo haces?- Hasta que lo dije no me di cuenta de que había sonado bastante tonta.
-Pues igual que tu controlas tu poder, solo que yo ya llevo muchos meses de práctica y entrenamiento. He leído que tu familia transmite el poder del espacio, y aunque había muchas explicaciones no lo he visto nunca con mis propios ojos, ¿me harías una demostración?
-Yo…esto…a penas se controlar mi poder…
-No importa, tú haz lo que te salga.
-Está bien…
Me concentré en la palma de mi mano, e intenté dejar fluir la energía que recorría mi cuerpo proporcionada por el mágico ambiente que me rodeaba, en realidad no sabía lo que hacía realmente, solo seguía mi instinto. Noté que de mi mano salían pequeños destellos blancos, de repente del centro de la palma de mi mano salió disparado un rayo de luz blanca que se prolongó rápido casi hasta el cielo, del asombro que me causó perdí mi concentración y el rayo desapareció, lentamente cayeron de uno de los árboles unas cuantas hojas quemadas.
-Vaya… ¿Y dices que apenas sabes controlarlo? Pues no quiero saber qué pasará cuando lo controles por completo.- Dijo entre risas.- Ha sido alucinante.
- Si te digo la verdad, no tenía ni idea de cómo usar mi poder.- Dije yo también entre risas.
Se oyeron pasos rápidos que se dirigían a nosotros y al instante apareció la entrenadora Black, solo que estaba algo más cambiada que ayer, esperaba que llevase ropa negra y discreta como ayer, pero esta vez llevaba un vestido rosa palo de tela muy suave hasta las rodillas con un cinturón marrón claro debajo del pecho. También llevaba unas botas de tacón blancas y un abrigo de charol blanco con botones negros que le llegaba hasta las rodillas, pero lo más extraño es que no recordaba que la entrenadora Black llevase gafas; también llevaba una diadema doble de color dorada y unos pendientes largos de color rosa a juego con un colgante dorado con forma de clave de sol, parecía otra.
-¿Qué ha sido eso?- Preguntó en inglés la cambiada entrenadora Black. Hasta su voz era diferente, parecía más aguda y alegre.
- He sido yo…- Dije mirando el suelo avergonzada.
-Oh, Táhmina, no sabía que ya habías llegado, mi hermana no me ha dicho nada.-Dijo la entrenadora Black.- Buenos días Yamir.
-Buenos días profesora Black.-Dijo Yamir alegremente.
-¿Profesora?- Dije confusa, pero… ¿ella no era la entrenadora?
-¡No me digas que mi hermana no te lo ha dicho!- Dijo la entrenadora algo indignada.- Lo siento Táhmina, yo soy la hermana gemela de Annie, bueno, de la entrenadora Black. Me llamo Kimberley Black, todos me llaman Kim o profesora Black.
-Vaya… sois idénticas.-dije alucinada.
La profesora Black rió alegremente, su risa era como oír cascabeles, era suave y algo aguda.
-Bueno, Yamir, Táhmina, creo que es hora del desayuno y yo tengo que preparar algunas cosas, ya nos veremos en clase esta tarde. Un placer Táhmina.-Dijo despidiéndose y sonriendo.
-Igualmente.-dije despidiéndola con la mano. Miré a Yamir.-Vaya, físicamente son idénticas, pero en la forma de ser…
-No podría estar más de acuerdo contigo, ya verás cuando empieces el entrenamiento con la entrenadora Black, es muy exigente, acabarás agotada.
-Vaya, gracias por los ánimos.- Dije frunciendo el ceño.
Yamir rió y anduvimos juntos a través del jardín para llegar hasta el comedor. Al llegar no había nadie excepto una cocinera a quién Yamir llamó Gretta. Yamir y yo cogimos sitio en la gran mesa del centro del comedor, realmente ahí podíamos caber doce personas perfectamente.
Al rato llegó una chica de pelo rubio oscuro muy corto en la zona de la nuca y que se iba alargando en pico hasta la barbilla, sus ojos eran marrones muy claros con el borde verde muy oscuro. Era muy guapa, su cara era fina, sus labios eran gruesos y sus pestañas eran largas. Llevaba puestos unos vaqueros azul oscuro ajustados, unos botines grises a juego con un bolso y una chupa del mismo color, también llevaba una camisa ajustada de color blanco con los tres primeros botones desabrochados, en la cabeza llevaba unas gafas de aviador Ray-Ban y ya desde lejos se podía percibir su perfume de marca cara. Se sentó a la mesa con su aire de pija estirada y se quitó con indiferencia  unos guantes de piel gris que llevaba.
Fruncí el ceño, no sabía porqué pero notaba que me iba a llevar mal con ella…
-¿Y tú que miras?- Me dijo con voz irritada en inglés.
-Nada que te importe guapa.-Le dije en español esperando que no me hubiese entendido.
-Para tu información te entiendo perfectamente.- Dijo aún más irritada.- Ah por cierto, ¿es que en tu casa no te enseñaban a vestirte? Vas como una pobretona, al instituto que vamos está lleno de niños y niñas de papá, ricachones que te mirarán mal, así que mona, más te vale vestirte decentemente, es solo un consejo.
Apreté los puños e intenté calmarme, me centré en mi cuenco de cereales y respiré lentamente para relajarme.
-Rose, ya vale- Dijo Yamir.
¡¿Esa era Rose?! ¡¿Ella tenía que acompañarme al instituto?! O Dios mío…
Rose gruñó y empezó a comerse los trozos de una manzana; por si fuera poco James entró por la puerta y al verme frunció el ceño.
-Vaya…Creo que se me ha quitado el apetito.- Dijo gruñendo y se dio media vuelta.
-¡Hey, James!- Dijo Yamir.- Siéntate con nosotros, ¿conoces ya a Táhmina?
James dio media vuelta y sonrió a Yamir, sin embargo, cuando me miró lo hizo con rabia. Se sentó al lado de Rose, esta le sonrió y le tocó de un modo algo más que amistoso, lo que hizo que a mí me entrase un ataque de celos que casi me tira de espaldas.
-Esto…sí, si la conozco, yo la encontré.- Dijo sin mirarme.
Yamir sacó su móvil y me miró acercándose a mí.
-Todavía quedan quince minutos antes de que nos vayamos, ¿quieres ir a cambiarte?- Dijo susurrándome al oído.
Me separé rápidamente y arqueé una ceja algo enfadada.
-Vaya… eso es que no.- Dijo rascándose la nuca.
Los cuatro nos quedamos en un silencio incómodo, exceptuando los irritantes sonidos del móvil de Rose y los comentarios que Yamir hacía de vez en cuando para romper la incómoda situación.
Al terminar todos nos dirigimos fuera del comedor.
-Bueno, ¿qué os parece si hoy nos vamos por la biblioteca?- Dijo Yamir.
Nadie dijo nada así que él se lo tomó como un sí, pero yo no entendía a lo que se refería.
Llegamos a la biblioteca, pero en vez de entrar a ella, Yamir se dirigió a la esquina que giraba a otro pasillo.
-Rose, ¿quieres hacer los honores?- Dijo Yamir.
-Claro.-Gruñó Rose.
Rose se acercó a la esquina y se agachó, apoyó el dedo índice en el suelo de piedra y dibujó la forma de un gran cuadrado dónde al menos cabrían cuatro personas, entonces apareció una luz brillante siguiendo la línea imaginaria que había trazado Rose, de repente noté un fuerte viento que me tiraba hacia dentro del cuadrado, Yamir me agarró la mano derecha y Rose la izquierda mientras que los cuatro saltamos dentro del cuadrado.