No me presenté a la hora de comer, simplemente mi encuentro
con James había borrado todo rastro de apetito en mí. Subí a mi habitación y
pensé en darme un baño, ya que a pesar de que ya me había duchado, necesitaba
relajarme un poco.
Cuando vivía en Madrid apenas tenía tiempo de bañarme,
simplemente me daba duchas rápidas, ya que como éramos cinco en la casa no
había tiempo para darse un baño largo y relajante. Entré en el cuarto de baño y
abrí uno de los armarios blancos en busca de algún gel de ducha, pero encontré
algo mejor, sales de baño con olor a lavanda. En el fondo del estante vi unos
cuantos geles de diferentes olores y cogí uno que oliera igual que las sales de
baño.
A pesar de que iba en contra de gastar tanta agua, decidí
darme un pequeño lujo y llenar la bañera de un modo considerable. Dejé la ropa
a un lado del baño y me sumergí en la tibia agua mientras dejaba que las sales
hicieran su efecto. Recosté la cabeza en el borde de la bañera y miré embobada
al techo. Cerré los ojos y pensé en todo lo que había pasado en tan solo 4
días, sinceramente era superior a mis fuerzas. Pensé en el día que conocí a
James, me sentí atraída hacia él en el mismo momento en que lo presentaron,
pero supuse que sería porque me pareció guapo, al igual que todas las chicas de
mi clase; sin embargo, cuando hablé con él fue diferente, fue más fuerte, algo
que no sientes por cualquiera por el mero hecho de que sea atractivo. Cuando me
contó quiénes éramos realmente me asusté, pero la conexión seguía ahí y se me
ocurrió que podría significar que simplemente era porque pertenecíamos al
círculo. Pero cuando me besó por primera vez… fue como si todo hubiese
cambiado, como si nada importase realmente, como si se me olvidase todo lo que
me había contado, y me dije a mi misma que lo que realmente significaba esa
conexión era que me había enamorado.
En verdad cualquiera en mi situación hubiese pensado que
haberme enamorado era un gran error, pero para mí era imposible pensar eso; sé
que cuando hablé con la directora Soret en aquel hospital le dije que me
olvidaría de mi familia, de mi antigua vida y también de estar con James, pero
soy incapaz de hacerlo. Muchas chicas soñarían con estar en mi situación,
pertenecer a un grupo bastante importante, tener unos poderes increíbles, vivir
en un gran castillo… pero yo, sin embargo, daría lo que fuera por tener mi
antigua vida, mis amigos y mi familia.
Pensé durante un buen rato en la situación en la que estaba,
y decidí que ya bastaba tanta autocompasión, necesitaba ser fuerte y luchar por
lo que me importase…
Oí unos pasos en mi habitación, y me incorporé alarmada,
toda la tranquilidad se esfumó de un golpe.
-¿Táhmina?- dijo la voz de Rose.- ¿Estás aquí?
-Sí, estoy en el baño.- dije confundida.- Salgo en dos
minutos, espérame ahí.
No sabía que hacía Rose en mi habitación, pero me pareció
realmente extraño.
Me sequé rápidamente con el albornoz y me dispuse a coger mi
ropa cuando me di cuenta de que no había cogido nada.
-Mierda…-murmuré.
-¿Has dicho algo?- dijo Rose desde fuera.
-No, nada.
Salí envuelta en el albornoz y Rose me miró extrañada.
-Voy a por algo de ropa.- dije mientras andaba hacia la maleta.-
Humm… no te ofendas, pero ¿qué haces aquí?
-Para ver cómo estabas.- dijo sinceramente. Me quedé pasmada
y fruncí el ceño, pensé que le había
caído mal a Rose. Al ver mi expresión se apresuró a contestar.- No pienses lo
que no es, no he venido por voluntad propia, Yamir quería saber cómo estabas
pero no podía venir, así que me ha mandado a mí en su lugar. No es que me
importe mucho si estás bien o no…
-Claro.- dije pensativa, ya sabía yo que eso en Rose no
sería muy normal. Sonreí para mis adentros pensando en que al menos alguien se
preocupaba por mí.
Abrí la maleta para buscar algo de ropa, pero Rose frunció
el ceño.
-Aún no has entendido nada, ¿no?- dijo mordazmente.- No
entiendo porqué no te vistes con la ropa de tu vestidor.
-No…- dije confundida sin saber que responder exactamente,
mientras me sentaba en el chaise longue.- No es que no me guste la ropa, en
verdad, es perfecta. Pero me sentiría rara llevándola puesta, porque pienso que
así me olvidaría de mi antigua vida. Es como si aceptara que mi única vida es
el círculo.
-Es que es tu única vida.- dijo seriamente. No supe si había
hecho bien en ser tan sincera con Rose con respecto a lo que sentía.- No vas a
poder recuperar la vida que tenías.
-Tienes razón.- dije sin mucho convencimiento.- Pero…
-Pruébate algo, solo para ver cómo te ves.- Dijo sonando muy
ligeramente amable.- Si no te gusta, no me meteré más con la ropa que lleves,
aunque sea mediocre.
-No sé por qué te parece tan vulgar.- dije ofendida mientras
me dirigía al vestidor.- Sólo es ropa.
-Ahora la vida que llevas no te va a permitir que te vistas
como quieras.- dijo haciendo un pequeña pausa.- Vas a tener que asistir a
muchas reuniones importantes del CIEP, tu vida no va a girar en torno a los
entrenamientos y los estudios, también asistirás a galas muy importantes, así
que por eso debes aprender a vestirte como una adulta, porque que tengas 17
años recién cumplidos no les importa a los peces gordos de esta organización,
te tratarán como alguien muy importante.
Rose entró detrás de mí en el vestidor y yo me giré algo
extrañada.
-Déjame que te elija la ropa yo.- dijo firmemente.
No quería empezar ningún tipo de discusión ridícula, así que
accedí. Salí del vestidor y me acerqué a la cómoda para sacar la ropa interior,
también había sido comprada por el CIEP.
Esperé sentada encima del baúl a los pies de mi cama, Rose
salió a los pocos minutos con varias prendas de ropa en el brazo y unas botas
de pelo. Miré indecisa la ropa antes de cogerla, pero al final me decidí y fui
hacia el baño. Me vestí rápidamente ya que mi cuerpo estaba prácticamente seco
y salí enseguida sin mirarme al espejo del baño.
-Te dije que no estarías tan mal.- dijo ocultando su orgullo
en una tosca mirada.
Me acerqué al espejo de cuerpo que había en mi habitación y vi
que en el fondo tenía razón.
Rose me había elegido algo casual, era elegante, pero no
como para algo importante, sino como algo diario. Había escogido un suéter
beige grisáceo liso, a juego con unos vaqueros pitillo Dolce & Gabbana, un
pañuelo y unas botas que me llegaban por la mitad del gemelo, además de unos
complementos. Todo era de mi talla y me sentaba muy bien, quizá sí debería vestirme
con este tipo de ropa...
Rose se levantó sin decir nada y se acercó a la puerta
dispuesta a irse.
-Espera.- Dije sin saber muy bien porqué. Rose me miró
levantando una ceja.- Gracias.
-Que conste que solo lo he hecho por la imagen del CIEP y
por Yamir, no por ti.- dijo indiferente a la situación mientras salía por la
puerta.
<<Rose era así>> pensé, en el fondo sabía que
también lo había hecho por mí y que yo había hecho bien en darle las gracias.
Me dirigí hacia mi escritorio con la intención de coger mi
horario y ver si tenía algo que hacer esa tarde. Durante las primeras horas no
tenía nada importante que hacer, así que pensé en ponerme a hacer los trabajos
que me habían mandado en el instituto. Solo conseguí estar durante media hora
concentrada en el trabajo, luego no pude apartar mis pensamientos de todas las
preguntas que rondaban por mi cabeza. Cerré los libros harta de intentar
concentrarme sin éxito, y decidí darme una vuelta por el castillo, a sabiendas
de que podría encontrarme con James.
Tenía media hora antes de empezar mi clase con la profesora
Black, y aunque sabía que debería haber cogido el plano del castillo para no
perderme, no lo hice, simplemente quería dejarme llevar, y disfrutar de ese
jardín inmenso que tanto me gustaba.
Me adentré entre los árboles sin un rumbo fijo y paseé mi
mano por los robustos troncos. Todo estaba en armonía y sintonizaba conmigo de
una manera que no sabría explicar con exactitud.
-¡Táhmina!- alguien me llamó desde un punto cercano.- Estoy
aquí.
Oí el ruido de unos botines negros y enseguida pude ver a la
entrenadora Black.
-Te estaba buscando.- dijo tranquilamente.- Tenía que
avisarte de que ahora no tienes que ir a la clase de la profesora Black.
-¿Qué?- dije confusa.- ¿Por qué no? Pensaba que me tenía que
ir ahora a su clase.
-Sí, pero me ha llamado la directora Soret. Me ha dicho que
el tiempo corre en nuestra contra.- Hizo una pequeña pausa.- Venga corre a
cambiarte, ahora vas a empezar el entrenamiento físico. Ponte un chándal, y
baja rápida que te espero aquí.
Hice lo que me dijo y subí lo más rápido que pude a mi
habitación. De camino a ella no paraba de darle vueltas a la cabeza a lo que
acababa de decirme, ¿cómo que el tiempo corría en nuestra contra? No lo
entendía.
Entré en el vestidor y busqué algo de ropa de deporte en el
vestidor, encontré un chándal y unos deportivos negros en los que no me había
fijado hasta ahora. Me cambié en mitad de la habitación y dejé la ropa tirada
de malas maneras encima de la cama y salí de la habitación rápidamente mientras
me subía la cremallera de la chaqueta y me montaba en el ascensor.
Me recogí el pelo en una cola alta sin preocuparme de que
quedara perfecta, me miré al espejo mientras lo hacía y me fijé en el chándal.
Me había puesto una camiseta básica de manga corta blanca, y encima de ella la
chaqueta negra, pero no me había fijado en ella, ni en el pantalón. En el lado
izquierdo de la chaqueta, justo encima de donde estaba el corazón, había una
especie de insignia redonda, como la que había visto en las motos de James y
Rose, solo que en la mía estaba el número 11 en color dorado, también rodeado
de estrella negras. A cada lado del pantalón también estaban, solo que más
pequeñas y seguidas por dos finas líneas doradas hasta el final del pantalón.
En la espalda de la chaqueta también había un gran número once, pero no era tan
llamativo como el de la insignia.
El ascensor se abrió y yo salí rápidamente para encontrarme
con la entrenadora Black.
-Vamos.- dijo firmemente, mientras andaba con paso ligero.-
No hay tiempo que perder.
-Pero entrenadora Black.- dije siguiéndola lo más rápido que
podía.- ¿Qué quiere decir que el tiempo corre en nuestra contra? ¿Por qué no
estoy en la clase de la profesora Black?
-Te lo explico mientras vamos al gimnasio.- dijo parándose a
esperarme.
Conseguí ponerme a su altura, mientras ella reducía la
velocidad de sus pasos.
-Esta mañana, mientras estabais en el instituto ha llamado
la directora Soret, decía que vendría mañana por la mañana, pero que debías
empezar más temprano el entrenamiento físico. Algunos miembros del CIEP, han
descubierto actividad enemiga cerca de la posición del número 2.
-¿Actividad enemiga?- dije pensando a toda prisa.- Espera,
¿te refieres a la Alianza Yegobita?
-Sí, podrían ser ellos. Pero no estamos muy seguros.- dijo
pensativa.- El caso es que la directora Soret ha decidido que aumentar tus
horas de entrenamiento, piensa que será lo mejor.
-¿Cómo que no estáis seguros?- dije algo alarmada- ¿Quién
más podría ser?
-Táhmina, la Alianza Yegobita es solo una pequeña parte de
lo que en realidad es la OCC.- dijo seriamente.- La OCC es como el equivalente
al CIEP, pero está dividida en diferentes partes que se clasifican en la
Alianza del Anillo Dorado y la Alianza de los Cazadores de Nix, que juntos
forman la OCC.
-Pero…- dije sin saber bien si debería formular la
pregunta.- ¿Qué tienen contra nosotros?
-La respuesta más sencilla que te puedo dar,- dijo parándose
en seco ante dos grandes puertas.- es que quieres acabar con todo el CIEP,
especialmente con vosotros.
Tragué saliva con dificultad y entré tras ella al enorme
gimnasio.
Mi idea sobre aquel sitio había sido totalmente diferente a
como me lo había imaginado. En vez de estar hecho de paredes de ladrillo gris
como las del castillo eran totalmente lisas y blancas. La sala era realmente
gigante, de unas dimensiones enormes y con varias columnas redondas, también
blancas, distribuidas por la sala. Lo extraño era que no había nada en ella,
literalmente nada. Si era un gimnasio, no entendía por qué no había ni un solo
aparato de hacer deporte.
La entrenadora Black se movió rápida hacia el centro de la
extensa estancia y sacudió la cabeza en señal de que me acercara a ella. Anduve
indecisa hacia donde estaba.
-Ponte recta.- me dijo firmemente.- Ahora escúchame muy
atentamente.
Asentí insegura.
-En las próximas horas te vas a olvidar de dónde estás, de
quién soy yo, de quien eres tú.- dijo pausadamente.- Te vas a olvidar de por
qué haces esto y te vas a liberar de todos los pensamientos que tengas. Te vas
a concentrar solo en mi voz, es lo único que escucharás, no hablarás y aún
menos bajarás el ritmo.
Esta vez asentí lentamente. Su voz sonaba monocorde y hacía
que me sintiese inquieta, pero hice lo que me decía, enterré mis sentimientos
en el fondo de mi ser y me concentré en su voz.
De repente la entrenadora Black gritó una palabra, como si
fuera una orden y mi cuerpo sin que yo lo pensase se movió a pesar de que
mentalmente no había entendido la palabra. Fue como un espasmo, una descarga
eléctrica que se movía por todo mi cuerpo, haciendo que actuase sin pensarlo.
La entrenadora fue dando pasos hacia atrás alejándose lentamente de mí, yo
tenía puesta la vista al frente e intentaba controlar los latidos de mi
corazón, la entrenadora volvió a gritar otra palabra diferente y de repente una
especie de cuerpo oscuro se puso frente a mi e intentó atacarme. Esta vez la
entrenadora Black gritó dos palabras y yo contraataqué al extraño cuerpo.
La entrenadora se paseaba alrededor del campo de lucha imaginario
con las manos a la espalda mientras
gritaba órdenes como un militar. Yo me esforzaba al máximo, pero ni si quiera
lo hacía a propósito, sino que salía de mi como actos reflejos.
Al cabo de un largo rato la entrenadora Black dio una orden,
esta vez sin gritarla y el cuerpo extraño desapareció mientras que yo volvía a
una posición estándar, pero más relajada. Las gotas de sudor caían por mis
sienes y como no me había hecho bien la coleta muchos mechones habían quedado
sueltos y se me pegaban a las mejillas mientras yo intentaba controlar mi
respiración irregular. Todavía no me sentía realmente cansada, pero había realizado
movimientos demasiado nuevos para mi cuerpo que habían hecho que mis músculos
se entumecieran un poco.
Como la entrenadora me había dicho que durante el
entrenamiento no hablase tenía un montón de preguntas atropelladas en mi mente
que querían salir, pero pensé en que si hablaba quizás perdiese las fuerzas.
-Bien.- dijo con un pequeño atisbo de orgullo.- Vamos, aún
te queda un rato.
Se acercó a una de las paredes y posó la palma de la mano en
ella, a su vez apareció una pequeña luz azul que le iluminó el rostro, y al
momento una parte de la pared se abrió ampliamente dejando ver la explanada
verde y el acantilado que había detrás del castillo.
Seguí al exterior a la entrenadora Black que andaba
lentamente hasta que se paró en seco y se giró para mirarme, sus ojos color
avellana estaban tranquilos y aquello hacía que yo también me sintiese
tranquila.
-Quítate los zapatos, los calcetines y la chaqueta.- dijo
suave, pero firmemente.
Yo pensé en replicar, pero decidí que sería mejor acatar las
órdenes anteriores de no hablar ni perder la concentración así que hice lo que
me pedía. El frío de finales de Noviembre era terriblemente helado y más a esas
horas de la tarde en las que prácticamente era de noche. Sentía el frío como
cuchillas en la cara, los brazos y los pies, pero me concentré en no sentirlo,
en no pensar en nada.
-Por hoy esta va a ser la última parte de tu entrenamiento.-
dijo con voz monocorde de nuevo.- Ahora haz todo lo que yo haga.
La entrenadora Black se quitó también los botines y se puso
de rodillas en el suelo. Empezó a hacer lentos y extraños movimientos con el
cuerpo, yo la seguí pensando que sería incapaz de hacer tales cosas, pero mi
cuerpo volvió a moverse sin que yo pensase nada y realicé los mismos
movimientos flexibles que para mi sorpresa relajaron mis músculos bastante.
Luego la entrenadora se levantó y me miró seriamente.
Pronunció unas palabras en el extraño idioma de antes y mi cuerpo reaccionó a
ellas. La entrenadora Black me miró con algo de preocupación y articuló la
palabra <<Suerte>> sin emitir ningún sonido.
Mis piernas empezaron a moverse y le di la espalda a la
entrenadora, sin darme cuenta empecé a correr en dirección opuesta a donde
estaba ella y me interné en el bosque que comenzaba lejos de la explanada del
acantilado. Al principio noté algo de miedo, pero las palabras de la
entrenadora Black me tranquilizaba y hacían que supiese lo que tenía que hacer
en cada momento.
* * *
Las ramas afiladas de los árboles arañaban mis brazos
desnudos y las puntiagudas piedras del suelo me pinchaban los pies descalzos.
Desde que la entrenadora Black pronunció aquellas palabras había empezado a
notar el cambio que causaba en mí la polidipsia instintiva. Mi visión se había
desarrollado, y la agilidad y la velocidad con la que me movía era mayor de lo
normal. De repente a mí alrededor empezaron a aparecer sombras de todo tipo de
formas, todas me atacaban y hacían que a veces me tropezase y cayese al suelo
dolorosamente. En varias ocasiones tuve que pararme a luchar contra ellas.
En realidad no parecían totalmente sombras, eran seres
compactos en los que apenas podían distinguirse partes de cuerpo normales, eran
deformes y lo único que podía discernir en ellas era un gran agujero lleno de
dientes y unos ojos redondos, pequeños y blancos, en lo que parecía ser la
cabeza de aquel ser sin expresión.
Realmente aquellos bichos me causaban terror, pero la
polidipsia inhibía cualquier sentimiento que tuviese, incluso el miedo, solo me
movía por instintos, y en ese momento mi intuición me decía que debía
protegerme y encontrar algo, un objeto, o algo así.
Llegué a un punto del bosque en que los árboles no estaban
tan pegados, y decidí seguir avanzando hasta que encontré un claro donde ya
apenas había arboles. En el medio de la pequeña zona había una gran roca alta y
puntiaguda. En su pico más alto distinguí un objeto brillante, parecía un reloj
dorado. Aquello era lo que andaba buscando.
Di un paso al frente deseando acabar de una vez por todas,
pero de repente se produjo un leve temblor en la tierra que por un segundo me
hizo perder el equilibrio, y al instante una multitud inmensa de sombras surgió
del mismo suelo. Rápidamente me puse en posición de ataque, pero ellas eran más
rápidas que yo. Primero se acercaron con lentitud a mí, como si estuvieran
evaluándome y viendo de qué era capaz, pero yo no quería atacar si ellas no lo
hacían primero, así que pronto cogieron confianza y me atacaron. Me empujaban y
arañaban, incluso a veces llegaban a morderme con sus afilados dientes los
brazos; pegué patadas laterales para defenderme, pero me ganaban en número. Quizá
las sombras no fueran tan ágiles y rápidas como podían parecer, pero si eran
muy fuertes. Mis energías se agotaban y mi concentración poco a poco
desaparecía con cada golpe. Tres sombras me embistieron repentinamente y caí al
suelo dándome un fuerte golpe en la espalda, lo que me dejó unos instantes sin
aire. Intenté levantarme pero me era imposible, el simple hecho de intentarlo
me causaba dolor y mareo, las sombras se acercaban más y más a mí sin dejarme
escapatoria por ningún lado, se empezaron a amontonar y por alguna razón el
miedo había bloqueado la polidipsia y era incapaz de defenderme.
Justo en el momento en que pensaba que lo tenía todo perdido
varias sombras explotaron así sin más, con un sonido parecido al de un globo al
hacerlo, el montón de sombras se giró en busca de la fuente que había causado
aquellos estragos. A lo lejos pude ver una silueta moviéndose con agilidad,
esquivando las sombras y haciéndolas desaparecer; poco a poco la multitud de
sombras fue desvaneciéndose hasta que solo quedaron un par de ellas, giré la
cabeza para ver quién era pero cuanto más forzaba la vista más borroso veía, en
ese momento noté algo muy cerca de mí y volví a girar la cabeza para ver que
era, y vi horrorizada que era una sombra, pero no era como las demás, esta no
era flacucha ni parecía escurridiza, sino que era enorme y tenía la boca
abierta al máximo con sus dientes largos y amontonados que parecían navajas,
cuanto más se acercaba a mi más abría la boca, casi parecía imposible, grité
aterrorizada sin saber cómo salir de aquello. Al instante la figura apareció a
mi lado y empezó a forcejear con la sombra, esta cogió una pesada piedra del
suelo y la tiró con la intención de dar a quién me estaba ayudando, pero lo
único que hizo fue darme a mi en la cabeza, dejándome inconsciente del todo.
* * *
Noté como unos fuertes brazos me llevaban en peso, quise
abrir los ojos, pero me era imposible, los párpados me pesaban mucho por el
cansancio. La persona que me llevaba en peso me depositó suavemente en el
suelo, y apoyó mi espalda contra algo duro, quizá una roca o un árbol. Sentí un
objeto frío y duro en una de mis manos, mientras que percibía un leve toque en
mi mejilla, fue un ligero roce, una pequeña caricia, pero el simple contacto
fue como una corta descarga eléctrica en mí, y pestañeé varias veces para ver
quién era.
Puede ver a alguien alejarse con paso algo lento, pero sin
pausa. Me constó discernir quién era porque no estaba bajo los efectos de la
polidipsia, pero me pareció que la persona que se alejaba era James…
Apreté en un acto reflejo mi puño y noté algo frío, miré
hacia mi mano para ver que era y me di cuenta de que se trataba de un reloj de
pulsera de color dorado, lo giré mirándolo atentamente, no supe cómo, pero
estaba segura de que ese era el objeto que tenía que encontrar. En la parte
trasera del reloj había una inscripción, las iniciales A.B.
Me levanté costosamente y la hora que marcaba, eran las ocho
menos cuarto, ¿cómo podía ser tan temprano?, parecía que habían pasado una días.
Miré indecisa a mi alrededor, no sabía por dónde tenía que
ir, así que pensé que si recordaba por donde había venido sabría reconocer el
camino de vuelta, pero por mucho que lo intenté tenía algunos recuerdos
confusos y borrosos; me acordaba el entrenamiento, y también cuando me interné
en el bosque y estuve luchando con las sombras. Me entró un escalofrío al pensar
de ellas; después de aquello mis recuerdos eran una maraña de acciones sin
sentido, me venían vagas imágenes de mi luchando en el claro, luego la multitud
de sombras me rodeaba, y a partir de ahí casi todo era oscuridad y ruido, hasta
que me he despertado y he visto a alguien que parecía James, aunque no estaba
segura de si había sido real, o producto de mi mente.
Decidí andar recto todo el camino, seguramente atravesar el
bosque sería más sencillo de esa manera. Aumenté la velocidad de mi paso, ya
que me daba mala espina andar de noche por aquel denso pasaje.
No tardé mucho en llegar a la linde del bosque y vi a pocos
metros de mí a la entrenadora con cara de preocupación. Me acerqué a ella y con
una sonrisa cansada le entregué el reloj.
-Has tardado mucho.- dijo con voz intranquila.- ¿Ha pasado
algo?
-Esto… No, solo me he entretenido un poco.- Dije lo más
tranquila que pude mientras que en mi mente pasaban a toda velocidad imágenes
de lo ocurrido anteriormente.
-Pues no deberías haberte entretenido.- dijo firmemente.- Me
tenías preocupada.
-Lo siento entrenadora Black.- dije sinceramente.
-Bueno, cambiando de tema...- dijo mientras se dirigía de
vuelta al castillo.- En general el entrenamiento de hoy ha ido bien para ser la
primera vez, por cierto, no te olvides que después de cenar mi hermana irá a
buscarte para su clase.
-Claro.- Dije sonriendo forzadamente. No tenía ganas de
hacer nada, ni si quiera de cenar, pero si tenía clase tendría que comer algo…
* * *
Me cambié el chándal por una ropa
más cómoda, y bajé a cenar, durante todo el camino al comedor había estado
dándole vueltas a la cabeza sin parar en qué haría cuando viese a James durante
la cena, pero tuve la suerte de que no apareció, aunque realmente no sabía si
eso era bueno o no.
En general la cena no estuvo tan
mal, Rose seguía con sus comentarios mordaces, pero Yamir suavizaba la
situación con alguna broma. Justo al terminar la cena la profesora Black pasó a
por mí, tan puntual como un reloj suizo.
Pensé que me llevaría de nuevo al
gimnasio, pero en vez de eso, entramos en el jardín.
-¿Es aquí donde vamos a dar la
clase?- dije confundida.
-Sí.- dijo con una sonrisa
amable.- Lo normal es que la demos siempre aquí.
Se puso frente a mí y sacó de su
bolso una pequeña libreta negra que le cabía en la palma de la mano y empezó a
tomar notas.
La clase, por suerte, no duró
mucho, además lo que me pedía era bastante simple, quería que hiciese pequeñas
cosas con mis poderes mientras tomaba notas a toda prisa.
-Bueno, creo que ya está bien.-
dijo sonriéndome.- En realidad esta clase de hoy ha sido una prueba, las
siguientes clases serán a la hora de siempre, y con los demás miembros.
Asentí mientras ambas andábamos
hacia una de las entradas del jardín. Me despedí de la profesora Black mientras
me dirigía hacia mi habitación.
Cuando llegué no me dio tiempo a
ponerme el pijama; llegué, me metí en la cama y en el mismo momento en que mi
cabeza tocaba la almohada me dormí profundamente.
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