Había corrido tanto que casi no podía respirar y el
corazón me latía tan fuerte que pensaba que se me iba a salir, todo había sido rápido
y doloroso, muy doloroso. Después de dejar atrás a James las lágrimas habían
salido rápidas y abundantes de mis ojos, había sido muy cruel con él, pero lo
había hecho para protegerlo, además las normas eran muy estrictas, debía
centrarme en mi trabajo como miembro del círculo, y debía encontrar a los que
faltaba, esa era mi prioridad, el círculo.
Antes de quedarme dormida la entrenadora Black me había
llamado para decirme que al día siguiente tendría que encontrarme con una tal
Rose, según la entrenadora se trataba del miembro número 6 del círculo, tendría
que ir con ella y con los demás miembros del círculo al instituto.
* * *
Di vueltas sin parar en la cama, eran las cinco y cuarto
de la madrugada y era incapaz de dormir. Había tenido pesadillas con James, con
los miembros del círculo, y con una chica, creo que también era miembro del
círculo, pero no estaba segura.
En mi pesadilla me torturaban y me hacían ver como
mataban a James; todos los demás miembros del círculo estaban desaparecidos o
muertos, sin embargo había una chica, de rasgos asiáticos que me miraba
tranquila y me susurraba una y otra vez: -Tú…tú eres la verdadera elegida…
Luego desaparecía y se oía un grito de terror.
Me desperté llorando y sudando a las cinco menos veinte
de la madrugada y desde entonces no había conseguido dormir. A las cinco y
media decidí que lo mejor era levantarse y distraerse con cualquier cosa.
Mi habitación era preciosa; era rectangular a pesar de
que el edificio dónde se encontraban las habitaciones de las chicas era un alto
torreón cilíndrico de tres pisos; la cama
era de matrimonio con cuatro palos de madera que sujetaban unas cortinas
doradas con bordados marrones de distintas tonalidades, a sus pies había un
gran baúl de madera oscura y de labrados impresionantes; en el lado izquierdo
de la cama había una mesita de noche de madera oscura con tres cajones a juego
con todo el mobiliario de la habitación junto con una lamparita; en el lado
derecho había un chaise longue de tapizado también dorado y de madera oscura
que daba a un gran ventanal por el que se salía a un pequeño balcón redondo. Al
lado del ventanal había dos ventanas más de tamaño normal dónde también se
encontraba un escritorio de madera robusta y oscura con dos cajones a los lados
y una silla de madera del mismo tapizado que el chaise longue. En la pared de
en frente a la cama había colgada una gran televisión, a su derecha había una
puerta que daba al baño y a la izquierda la puerta por la que se salía de la
habitación.
Di vueltas por la habitación sin saber qué hacer
realmente, hasta que se me ocurrió deshacer la maleta y poner la ropa en su
sitio, pero… ¿dónde estaba el armario?
Me fijé en que al lado de la mesita de noche había una
puerta, me acerqué a ella y toque el pomo redondo, frío y dorado, lo giré y
entré. <<Vaya…>>, pensé. Había entrado en otra habitación
rectangular que se trataba de un gran vestidor, pero lo que me sorprendió fue
que estaba lleno de ropa maravillosa y por la pinta que tenía parecía muy cara.
Fui caminando lentamente, rozando la ropa, en un lado había ropa de vestir
normal, pantalones pitillo, vaqueros, camisas, vestidos…, en el otro, sin
embargo, era ropa de gala, vestidos largos y elegantes, de distintos cortes y
colores. En la pared del fondo vi tres botones negros, pulsé el primero y vi,
para mi asombro, que una de las partes de la pared se abría, dejándome ver
infinidad de zapatos y sandalias, collares y pendientes, bolsos…todos iban a
juego con la ropa de vestir normal; lo mismo pasó con el segundo botón, solo
que para los trajes de gala, pero con el tercero fue diferente, lo pulsé y vi
como otro trozo de pared se abría y me mostraba algo totalmente diferente a lo
que había visto, observé que en vez de ropa cara y elegante o complementos
había un mono de licra negro con dos gruesas líneas doradas que iban desde la
zona del tobillo a la del cuello, en la zona del pecho, encima del corazón
había una especie de placa dorada y redonda donde estaban grabados en relieve
el número once rodeado de doce estrellas negras. Toqué el mono y me di cuenta
de que la tela parecía más rígida y flexible que la licra. Bajé la vista y vi
que unas botas de piel negra, alto tacón y punta redonda iban junto con el
mono, eran increíbles pero, ¿para que eran?
Volví a pulsar el botón para que se cerrase la pared y
salí del vestidor, vi mi maleta en mitad de la habitación, y no supe qué hacer
con ella, el vestidor estaba lleno de ropa y no cabía toda la que me había
traído, así que la dejé ahí, en mitad de la habitación, ya pensaría que hacer
con ella.
Me di una ducha bastante prolongada y al salir cogí uno
de los albornoces que había al lado de la ducha, salí al balcón a pesar de que
hacía mucho frío, observé el bonito paisaje que estaba ante mis ojos, una
prolongada explanada verde se extendía como un aterciopelado manto y acababa en
un alto acantilado, todo cubierto por un manto negro poblado de estrellas, me
preguntaba en que zona de Inglaterra estaríamos, porque eso no parecía Londres…
Vi el sol salir y me di cuenta de que ya llegaba la hora
de prepararme para el instituto, me vestí pero no con la ropa del vestidor,
sino con la ya muy usada ropa de mi maleta, no es que tuviese una razón exacta
para hacerlo, pero sentía que si me vestía con la ropa nueva que me habían
proporcionado estaría olvidando mi antigua vida, mi familia y todo lo que me
importaba. Cogí unos vaqueros desgastados, una sudadera rosa con letras blancas,
mis deportivas, unos guantes de lana blanca y mi desgastada cartera del
instituto que llevaba en Madrid; me recogí el pelo en una trenza de espiga
larga al lado y fui al escritorio para mirar mi horario, vi que junto a él
estaban los libros nuevos de mi instituto, los metí en mi mochila y miré el
despertador de mi mesita de noche, casi era la hora del desayuno, pero decidí
bajar antes, quería ver ese precioso jardín antes de empezar con mi nueva
rutina.
* * *
Me senté en uno de los bancos de piedra, estaba rodeado
de sauces llorones y arces japoneses que a pesar del frío estaban poblados de
preciosas hojas rosas y rojizas que caían en el lago. Todo estaba en paz y
tranquilidad, y me encantaba, entonces oí un ruido, como si fuese un crujido de
una rama, pero más leve. Divisé destellos rojizos y anaranjados en uno de los
árboles que separaban una mitad del jardín de la otra mitad y decidí levantarme
para ver de qué se trataba. Tras los árboles vi a un chico de pelo negro y piel
muy bronceada moviendo las manos en el aire lentamente, me quedé pasmada al ver
lo que hacía, estaba manejando fuego con las manos desnudas, hacía estelas de
llamaradas finas a su alrededor, el fuego salía directamente de sus manos,
quería ver más pero la densidad de algunos árboles me tapaba la vista, así que
decidí acercarme más, pero mi mala suerte me jugó una mala pasada haciéndome
pisar una fina rama que ni si quiera había visto, esta crujió lo que hizo que
el corazón me latiese muy fuerte y me quedase paralizada. El fuego desapareció
al instante y el chico se giró casi de inmediato.
-¿Quién está ahí?- Habló en ingles, pero por suerte lo
entendía perfectamente. Hizo una pausa y miró en mi dirección.- ¿Hola?
Salí lentamente de detrás de los árboles y me puse frente
al chico.
-Esto…hola.- Dije con un hilo de voz. Me daba un poco de
vergüenza que me hubiese pillado espiándolo incluso sin conocerlo.
-¿Tú quien eres?- Dijo sonriendo amablemente, al menos
era simpático.- Oh, espera, ¿tú eres la número once? ¿Táhmina Arafat?
-Vaya… Aquí todo el mundo parece saber quien soy…- Sonreí
a pesar de la vergüenza y le tendí la mano para presentarme, le hablé en ingles.-
Sí, soy Táhmina Arafat, pero puedes llamarme Tam, si quieres claro.
-Hablas muy bien el inglés, pero si quieres podemos
hablar en español, también se hablarlo.-Dijo pasándose al español para mi
alivio, la verdad es que el chico lo hablaba muy bien, aunque con un poco de
acento que no supe identificar.
Sus rasgos eran muy evidentes, parecía provenir de la
India, su pelo era tan negro como el mío, lo tenía corto y algo ondulado, su
piel era bastante morena, era poco más alto que yo y aunque llevaba una chaqueta
gruesa parecía ser bastante fuerte.
-Aún no es la hora de desayunar, podemos sentarnos si
quieres.- Dijo sonriéndome. Asentí aceptando su propuesta.
-Vaya, que despistado. Me llamo Yamir, Yamir Shuari.-
Hizo una pausa y me sonrió.- Como habrás visto yo también tengo un poder, es el
fuego.
-Sí, es increíble. ¿Cómo lo haces?- Hasta que lo dije no
me di cuenta de que había sonado bastante tonta.
-Pues igual que tu controlas tu poder, solo que yo ya
llevo muchos meses de práctica y entrenamiento. He leído que tu familia
transmite el poder del espacio, y aunque había muchas explicaciones no lo he
visto nunca con mis propios ojos, ¿me harías una demostración?
-Yo…esto…a penas se controlar mi poder…
-No importa, tú haz lo que te salga.
-Está bien…
Me concentré en la palma de mi mano, e intenté dejar
fluir la energía que recorría mi cuerpo proporcionada por el mágico ambiente
que me rodeaba, en realidad no sabía lo que hacía realmente, solo seguía mi
instinto. Noté que de mi mano salían pequeños destellos blancos, de repente del
centro de la palma de mi mano salió disparado un rayo de luz blanca que se
prolongó rápido casi hasta el cielo, del asombro que me causó perdí mi
concentración y el rayo desapareció, lentamente cayeron de uno de los árboles
unas cuantas hojas quemadas.
-Vaya… ¿Y dices que apenas sabes controlarlo? Pues no
quiero saber qué pasará cuando lo controles por completo.- Dijo entre risas.-
Ha sido alucinante.
- Si te digo la verdad, no tenía ni idea de cómo usar mi poder.-
Dije yo también entre risas.
Se oyeron pasos rápidos que se dirigían a nosotros y al
instante apareció la entrenadora Black, solo que estaba algo más cambiada que
ayer, esperaba que llevase ropa negra y discreta como ayer, pero esta vez
llevaba un vestido rosa palo de tela muy suave hasta las rodillas con un
cinturón marrón claro debajo del pecho. También llevaba unas botas de tacón
blancas y un abrigo de charol blanco con botones negros que le llegaba hasta
las rodillas, pero lo más extraño es que no recordaba que la entrenadora Black
llevase gafas; también llevaba una diadema doble de color dorada y unos
pendientes largos de color rosa a juego con un colgante dorado con forma de
clave de sol, parecía otra.
-¿Qué ha sido eso?- Preguntó en inglés la cambiada
entrenadora Black. Hasta su voz era diferente, parecía más aguda y alegre.
- He sido yo…- Dije mirando el suelo avergonzada.
-Oh, Táhmina, no sabía que ya habías llegado, mi hermana
no me ha dicho nada.-Dijo la entrenadora Black.- Buenos días Yamir.
-Buenos días profesora Black.-Dijo Yamir alegremente.
-¿Profesora?- Dije confusa, pero… ¿ella no era la
entrenadora?
-¡No me digas que mi hermana no te lo ha dicho!- Dijo la
entrenadora algo indignada.- Lo siento Táhmina, yo soy la hermana gemela de Annie,
bueno, de la entrenadora Black. Me llamo Kimberley Black, todos me llaman Kim o
profesora Black.
-Vaya… sois idénticas.-dije alucinada.
La profesora Black rió alegremente, su risa era como oír
cascabeles, era suave y algo aguda.
-Bueno, Yamir, Táhmina, creo que es hora del desayuno y
yo tengo que preparar algunas cosas, ya nos veremos en clase esta tarde. Un
placer Táhmina.-Dijo despidiéndose y sonriendo.
-Igualmente.-dije despidiéndola con la mano. Miré a
Yamir.-Vaya, físicamente son idénticas, pero en la forma de ser…
-No podría estar más de acuerdo contigo, ya verás cuando
empieces el entrenamiento con la entrenadora Black, es muy exigente, acabarás
agotada.
-Vaya, gracias por los ánimos.- Dije frunciendo el ceño.
Yamir rió y anduvimos juntos a través del jardín para
llegar hasta el comedor. Al llegar no había nadie excepto una cocinera a quién
Yamir llamó Gretta. Yamir y yo cogimos sitio en la gran mesa del centro del
comedor, realmente ahí podíamos caber doce personas perfectamente.
Al rato llegó una chica de pelo rubio oscuro muy corto en
la zona de la nuca y que se iba alargando en pico hasta la barbilla, sus ojos
eran marrones muy claros con el borde verde muy oscuro. Era muy guapa, su cara
era fina, sus labios eran gruesos y sus pestañas eran largas. Llevaba puestos
unos vaqueros azul oscuro ajustados, unos botines grises a juego con un bolso y
una chupa del mismo color, también llevaba una camisa ajustada de color blanco
con los tres primeros botones desabrochados, en la cabeza llevaba unas gafas de
aviador Ray-Ban y ya desde lejos se podía percibir su perfume de marca cara. Se
sentó a la mesa con su aire de pija estirada y se quitó con indiferencia unos guantes de piel gris que llevaba.
Fruncí el ceño, no sabía porqué pero notaba que me iba a
llevar mal con ella…
-¿Y tú que miras?- Me dijo con voz irritada en inglés.
-Nada que te importe guapa.-Le dije en español esperando
que no me hubiese entendido.
-Para tu información te entiendo perfectamente.- Dijo aún
más irritada.- Ah por cierto, ¿es que en tu casa no te enseñaban a vestirte?
Vas como una pobretona, al instituto que vamos está lleno de niños y niñas de
papá, ricachones que te mirarán mal, así que mona, más te vale vestirte
decentemente, es solo un consejo.
Apreté los puños e intenté calmarme, me centré en mi
cuenco de cereales y respiré lentamente para relajarme.
-Rose, ya vale- Dijo Yamir.
¡¿Esa era Rose?! ¡¿Ella tenía que acompañarme al
instituto?! O Dios mío…
Rose gruñó y empezó a comerse los trozos de una manzana;
por si fuera poco James entró por la puerta y al verme frunció el ceño.
-Vaya…Creo que se me ha quitado el apetito.- Dijo
gruñendo y se dio media vuelta.
-¡Hey, James!- Dijo Yamir.- Siéntate con nosotros,
¿conoces ya a Táhmina?
James dio media vuelta y sonrió a Yamir, sin embargo,
cuando me miró lo hizo con rabia. Se sentó al lado de Rose, esta le sonrió y le
tocó de un modo algo más que amistoso, lo que hizo que a mí me entrase un
ataque de celos que casi me tira de espaldas.
-Esto…sí, si la conozco, yo la encontré.- Dijo sin
mirarme.
Yamir sacó su móvil y me miró acercándose a mí.
-Todavía quedan quince minutos antes de que nos vayamos,
¿quieres ir a cambiarte?- Dijo susurrándome al oído.
Me separé rápidamente y arqueé una ceja algo enfadada.
-Vaya… eso es que no.- Dijo rascándose la nuca.
Los cuatro nos quedamos en un silencio incómodo,
exceptuando los irritantes sonidos del móvil de Rose y los comentarios que
Yamir hacía de vez en cuando para romper la incómoda situación.
Al terminar todos nos dirigimos fuera del comedor.
-Bueno, ¿qué os parece si hoy nos vamos por la
biblioteca?- Dijo Yamir.
Nadie dijo nada así que él se lo tomó como un sí, pero yo
no entendía a lo que se refería.
Llegamos a la biblioteca, pero en vez de entrar a ella,
Yamir se dirigió a la esquina que giraba a otro pasillo.
-Rose, ¿quieres hacer los honores?- Dijo Yamir.
-Claro.-Gruñó Rose.
Rose se acercó a la esquina y se agachó, apoyó el dedo
índice en el suelo de piedra y dibujó la forma de un gran cuadrado dónde al
menos cabrían cuatro personas, entonces apareció una luz brillante siguiendo la
línea imaginaria que había trazado Rose, de repente noté un fuerte viento que
me tiraba hacia dentro del cuadrado, Yamir me agarró la mano derecha y Rose la
izquierda mientras que los cuatro saltamos dentro del cuadrado.
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