viernes, 28 de diciembre de 2012

Capítulo 7

Acostada en mi cama miraba hacia la ventana con cara de tonta, estaba recordando todo lo que había pasado antes. Después de besarme (aún no me creía que hubiera pasado) nos estuvimos mirando un buen rato, ni siquiera el silencio que había entre nosotros después de eso había sido incómodo, sino un espacio llenos de sentimientos.
-Sé que ha sido muy poco tiempo, pero lo que siento por ti...nunca lo había sentido antes. Te quiero.- dijo James haciendo que esa frase me acelerara el corazón, miré al cielo estrellado para disimular mi repentina emoción, yo también sentía algo por James, pero estaba tan nerviosa que era incapaz de decírselo como él había hecho conmigo. Observé como se movía lentamente y se ponía detrás mi, rodeándome la cintura con sus brazos; al principio con timidez apoyé ligeramente mi espalda en  su cuerpo, pero después estuve más relajada y apoyé mi cabeza en su hombro, los dos observábamos las estrellas absortos en nuestros pensamientos. Giré mi cabeza hacia él y mis labios rozaron su cuello, cerré los ojos y sentí cómo su olor me inundaba.
-James, yo...- Empecé a balbucear, sentí como mis mejillas volvían a arder, deseé que no lo notara.
-¿Si? - Respondió interesado.
-Qu-quería decirte que yo...te quiero.- casi no podía creer que lo hubiera dicho, era la primera vez que se lo decía a alguien enserio.
Vi que sus brazos se movían hasta despegarse de mi cuerpo, a la vez yo me incorporé preocupada, quizás no debería haberlo dicho en ese momento. Me giré para verle la cara y vi que una sonrisa empezaba a asomar en su semblante, me sentí más relajada. Acto seguido acunó mi rostro entre sus manos y su cara se acercaba poco a poco a la mía; noté su respiración nuevamente sobre mis labios, y mi anhelo por besarle era cada vez mayor. Tan solo quedaban unos pocos centímetros entre nuestros rostros, hasta que nos fundimos en un beso que me hizo sentir como si estuviera en una nube, cada beso que me daba me dejaba sin aliento, sus labios iban descendiendo por mi mandíbula lentamente, sus besos recorrieron mi cuello hasta llegar a la clavícula, con cada beso que me fue dando me estremecía más. No quería que parase nunca, pero para mi desgracia lo hizo, se separó lentamente de mi cuello dando paso a una pequeña brisa que recorrió todos los lugares donde él me había besado. James me miró expectante, y yo esbocé una sonrisa, mientras su mano se acercaba a mi mejilla y la acarició suavemente. Unos minutos después de estar uno junto al otro, James se fijó en la hora que era y para mi desgracia se separó de mí.
-Deberíamos irnos ya, son las dos de la madrugada y mañana seguramente tendremos poco tiempo para prepararnos.- dijo mientras se levantaba y me tendía una mano.
La cogí y me levanté a la vez que él me empujaba hacia su cuerpo y me rodeaba con sus brazos dándome un cálido abrazo. Nos dirigimos al interior del edificio.
                                                     
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Conseguí dormirme entre los dulces  recuerdos de esa noche.
A la mañana siguiente me desperté de muy buen humor, solo pensaba en que quería ver a James y estar junto a él. Cuando me levanté de la cama me dirigí hacia la puerta para salir al baño, pero justo cuando toqué el picaporte la puerta se abrió y vi que alguien entraba.
- Buenos dias Tami.- dijo James sonriendo.- ¿Has dormido bien?
- Si.- dije con una gran sonrisa.
Entro a la habitación y cerró la puerta tras de sí. Vino hacia mi y me abrazó, nos miramos sonriendo.
-Feliz cumpleaños- me susurró al oído. Un escalofrío de placer me recorrió el cuerpo solamente por tenerlo tal cerca.
-Gracias- musité. Una alegría explosiva crecía cada vez más en mi interior.
Me volvió a besar, esto cada vez me iba gustando más. Seguimos unos minutos abrazados, hasta que nos sorprendimos al ver que la puerta se abría de nuevo.
-Vaya...¿interrumpo algo?- dijo la directora Soret abriendo los ojos.
-N-no...- respondió James mientras se separaba rápidamente de mí.
Recé porque no se me notara como me ruborizaba, últimamente lo hacía con una facilidad impresionante.
-Bueno, en ese caso...- dijo la directora.- Táhmina, deberías desayunar algo, en un rato nos iremos a tu casa a recoger algunas de tus pertenencias, en unas horas saldrá vuestro vuelo a Londres.
James y yo asentimos lentamente, su repentina visita nos había pillado de sopetón.
-Ah y,Táhmina, después de desayunar pásate por la sala de reuniones de la segunda planta...James te llevará hasta ella.- dijo seriamente y se marchó con paso enérgico y ligero.
James y yo nos volvimos a quedar solos.
-¿Sabes tú porqué quiere volver a verme después?- dije mirando a James interrogativa.
-La verdad, no tengo ni idea...- dijo encogiéndose de hombros.
Salimos de la habitación y seguí a James a través de diferentes pasillos hasta llegar a los ascensores, el recorrido me recordó al que hicimos por la noche, sonreí mentalmente.
-¿Dónde vamos a desayunar?- pregunté a James.
- Aquí.- dijo James señalando la máquina expendedora que había en un rincón cerca de los ascensores.- Por desgracia no solemos venir por aquí, así que no hay nada más que esto, ¿qué te apetece?
Me encogí de hombros y señalé un kit-kat, mientras James introducía unas monedas y la clave para sacarlo. Él en cambio, se cogió una bolsa de galletas oreo. Caminamos hacia la parte izquierda de la sala de los ascensores y abrimos una puerta, no me esperaba que hubiese algo así detrás de una puerta tan simple como aquella. Salimos a una pequeña terraza exterior, desde allí se veía toda la explanada verde, el estanque  y el gran árbol que vimos por la noche. Era un paisaje realmente hermoso; mientras observaba el panorama abrí el kit-kat y empecé a comerlo con ganas, la verdad es que no me había dado cuenta del hambre que tenía hasta que comencé a comerlo.
Apoyé mis manos en la barandilla blanca de la terraza y cerré los ojos, los rayos de sol de aquella mañana me calentaban las mejillas y me hacían sentir libre, como si no estuviera allí. En seguida noté los brazos de James rodearme la cintura, y su barbilla encima de mi hombro, sentí  como pegaba su mejilla contra la mía. Abrí los ojos y noté sus labios pegados a mi oído.
-Creo que deberíamos bajar...-me susurró. Yo abrí la boca con intención de renegar, pero la volví a cerrar, quería saber que es lo que tenía que decirme la directora Soret.
                                                                   
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Entré en la sala con gran nerviosismo, James me había dicho que tenía que irse a hacer unas cosas, pero yo sabía que se quedaría rondando por el pasillo, esperando a que saliera.
La sala era algo pequeña y rectangular, las paredes estaban pintadas igual que la habitación dónde había dormido, solo que en este lugar había un gran mesa ovalada de madera oscura, como si fuera para reuniones como las de una empresa. En un rincón había una máquina de café y en la pared de la derecha una pantalla enorme de televisión , parecía bastante cara; en frente de la máquina de café había un armario algo más alto que yo, en una de sus puertas había una cerradura, quizá guardasen algo importante ahí dentro.
Encontré a la directora Soret dando vueltas por la habitación, seguramente esperándome.
-¿Directora Soret?- dije tímidamente, me sentí como si estuviera en el instituto de nuevo y me hubieran mandado al despacho de la directora.
- Ah, Táhmina, ya estás aquí.- dijo secamente, la noté extrañamente preocupada. Quizás fueran imaginaciones mías.- Siéntate por favor.
Cogí asiento en una silla negra giratoria, a simple vista parecía incómoda, pero realmente no lo era, pero por muy cómoda que fuera estaba demasiado nerviosa como para recostarme en la mullida silla.
Como no hablé porque temía que no me saliera la voz y quedase como una estúpida, la directora comenzó a hablar primero.
-Supongo que te estarás preguntando porqué quería verte.- Dijo mientras yo asentía a modo de respuesta.- Pues quería darte unas pequeñas advertencias antes de tu viaje, son importantes y lo más seguro es que yo no vaya a Londres hasta que arregle un par de cosas aquí.
Suspiré exhalando el aire contenido en mis pulmones, eran solo unas advertencias, seguro que serían del tipo <<No te separes de James, lleva cuidado con los hombres que os persiguen...>> Volví a asentir para que continuara hablando y, aunque yo no estaba tan nerviosa como antes, prefería dejar que hablase ella la mayoría del tiempo.
-Bien pues...cuando llegues a Londres irás a un piso franco, junto con James, allí es donde vivirás este mes, pero tendrás que ir todos los días a entrenarte, es muy duro Táhmina, pero confío en que podrás superarlo...- Tomó aire para hablar de nuevo.- Pero esto no es lo más importante que quería decirte.
Al decir esas palabras se sentó enfrente mía, yo aguanté la respiración nerviosa.
-No puedes estar con James, es peligroso...-calló esperando mi respuesta.
Se me paró el corazón, ¡¿porqué no podía?!
-P-pero...-tartamudeé
-¿Lo amas de verdad?- dijo seriamente; asentí.- Pues no puedes estar junto a él, vuestras misiones son muy duras y necesitáis el máximo de concentración, en cualquiera de vuestras misiones podríais morir por culpa de estar pendientes el uno del otro...
Las lágrimas empezaron a brotar de mis ojos y caían rápidas por mis mejillas.
-Si realmente quieres a James, no puedes acercarte a él...- paró un instante y me miró a los ojos.- No quiero hacerte daño Táhmina, pero es la verdad, ningún miembro del círculo puede estar enamorado entre ellos, sería vuestro pasaporte a la muerte. El amor es un punto débil, y las personas que quieren mataros no dudarán en usarlo contra vosotros, por eso se os separa de vuestra familia, amigos...y en un tiempo no podréis enamoraros de nadie, aunque no pertenezca al círculo.
Asentí lentamente, pero mi corazón no quería entenderlo, amaba a James, aunque nos hayamos conocido hace poco me sentía ligada a él y no sabía como lograría olvidarle...Pero si realmente su vida estaría en peligro por mi culpa ya encontraría la solución para sacármelo de mis pensamientos. Era la peor noticia que me habían dicho nunca: ni Celia, ni Kate, ni James...Personas que quería no podría tenerlas a mi lado.
La directora Soret puso una de sus manos sobre la mía, me miró y habló.
-Siento no habértelo dicho antes, pero no me di cuenta de lo tarde que había llegado hasta esta mañana...- cogió aire.- No sabemos cuando se arreglará, quizá en unos años, es posible que seáis la última generación de los doce, y en unos años podáis vivir una vida normal...
Lo dijo insegura, pero yo no la creí.Negué con la cabeza.
-No pasa nada...-mi voz sonaba rota.- Podré superarlo, olvidaré a James y a los demás para siempre.
-Táhmina, yo no te he pedido que te olvides para siempre, sino que no los tengas como una prioridad, lo que te debe importar es que el círculo se cierre y podamos completar la última misión.
-Pienso que es mejor que los olvide para siempre, sino no podré concentrarme...
Esas palabras salieron de mí, pero hicieron que mi corazón se rompiera en más trozos de los que ya estaba roto.Me levanté de la silla, un escalofrío recorrió mi cuerpo y me puse tensa.
-En tres horas nos vamos al aeropuerto, primero pasaremos por tu casa a que recojas unas cuantas cosas y te despidas de tu familia y amigos...- paró y miró a otro lado.- En media hora nos vemos abajo, ¿vale?
Me fui de la sala sin responderla, no sentía ganas de hablar, solo tenía nauseas y ganas de llorar más fuerte. Al salir de allí me encontré a James dando vueltas en el pasillo y mi corazón se encogió de dolor, verlo solo empeoraba las cosas; intenté secarme la cara pero no me dio tiempo y James me miró horrorizado.
-¡Tam!, ¿qué te pasa?¿estás bien?- dijo acercándose con la intención de abrazarme, yo lo esquivé.
-Solo hemos hablado de mis padres y del viaje, por favor, déjame.- Le hablé secamente y salí corriendo a la sala mas próxima de allí. Por suerte entré en un baño, estaba algo sucio, pero no me importó.
Cerré la puerta con el pestillo y apoyé mi espalda en ella, dejándome caer en el suelo.
-¡Tám, abre la puerta, quiero saber que te pasa!- oí como gritaba y aporreaba la puerta. De repente se calló, pero en mi cabeza sentí un contacto frío y supe lo que James intentaba.
-¡James Reeves, ni se te ocurra leerme la mente, lo que haya ocurrido antes es cosa mía, no tuya!- grité con todas mis fuerzas.
El contacto de mi mente con la suya se rompió en el mismo instante y oí como se alejaba, con mucha suerte no habría visto mis pensamientos, seguramente la puerta había impedido que lo intentara con más rapidez.
Doblé las piernas y las recogí con mis brazos, apoyando la frente en mis rodillas. Lloré como nunca lo había hecho.
Amaba a James, pero si moría por mi culpa en una de nuestras misiones nunca me lo perdonaría, la mejor forma de protegernos sería olvidarle. Miré mi móvil por suerte ya tenía batería y pude mirar la hora, solo faltaban diez minutos para ir a mi casa pero no tenía ganas de salir de allí, parecía como si moverme fuese el peor castigo que podían sufrir mis músculos, estaban entumecidos porque llevaba en la misma posición veinte minutos seguidos. Me miré al espejo, tenía ojeras profundas, estaba pálida; mis ojos estaban hinchados de tanto llorar, y mis mejillas enrojecidas. Una tristeza me ahogaba en mi propio interior pero la ignoré y me lavé la cara con agua fría. Volví a mirarme al espejo y me sequé la cara con mi jersey del instituto. Me juré a mi misma que sería fuerte y olvidaría a James para siempre.

2 comentarios:

  1. ola, me ha gustado mucho este capitulo, estoy deseando poder leer el siguiente:) bss y feliz navidad^^

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    1. Jajaja, graciias por leer y me alegro de q t haya gustado. Igualmentee :DD

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