jueves, 30 de agosto de 2012

Prólogo

Todo a cambiado mucho desde aquel día... Tuve un presentimiento cuando lo conocí, aun no sabía si era bueno o malo, pero con certeza supe que sería algo importante, algo que dejaría marca en mi vida, y en eso si que no me equivocaba.
Me quité las converse negras, ya desgastadas por aquel año tan intenso  y caminé descalza por la hierba fria y seca que me rodeaba, llegué cerca de un pequeño estanque, donde los juncos crecían altos, me senté en la orilla y me puse a subirme los vaqueros hasta las rodillas; sabía que meter las piernas en el agua a mitad de noviembre era una locura, pero no llegaría a ser nada comparado con todo lo que ha pasado en el último año...
En ese instante tan tranquilo de la noche me vislumbró una luz cegadora que me asustó, pero en seguida reconocí el sonido de un coche y me tranquilicé; por instinto me toqué el colgante de plata y sentí una vibración, algo que no debería pasar desde hace semanas...
En ese momento noté el aliento de alguien en mi nuca y giré lentamente la cabeza.
-Sabía que estarías aquí...
Al instante se me paralizó el corazón, hubiera reconocido aquella voz en cualquier lugar del mundo.
-¿Q-qué haces aquí?- Mi voz salió entrecortada y torpe, porque mi corazón latía a toda prisa en mi garganta, después de tanto tiempo, y aún me ponía nerviosa delante de él.
-Con un <<¡Me alegro de verte!>> me hubiera bastado, pero no importa.-Le vi hacer lo mismo que yo hace un rato, y sumergió las piernas en el agua.-¡¿Cómo haces para no sentir frío?! El agua está congelada.
Me miró con cara de susto y soltó una carcajada mientras se bajaba de nuevo los vaqueros, y sin darme cuenta yo también reía y tiritaba.
-¿Te cuento cual es mi secreto?-Le dije con un pequeña sonrisa.
-Sorpréndeme.
-Pues antes de sumergir las piernas en el agua he pensado en el día que te conocí...-dije mostrando una pequeña sonrisa.
-Ah... Pues dudo mucho que a mí eso me funcione-dijo con una sonrisa.-Aunque se me ocurre otra cosa...
Esta vez metió las piernas rápidamente y los primeros cinco minutos estuvimos callados sin saber que decir.
-Te toca a ti.
-¿Qué?- Respondió sorprendido.
-Dime cual ha sido tu secreto-Dije levantando una ceja y sonriendo.
-Ah...Eso, pues he pensado en ti...
-¿Qué...?
No me dio tiempo a preguntar nada más porque en seguida rompió los escasos centímetros que habían entre nosotros, dándome un beso suave que me recorrió todo el cuerpo.
Se separó lentamente de mi lado y sonrió; seguramente puse cara de boba al estar perdiéndome en sus ojos verdes y en sus carnosos labios.
-Te he echado de menos estas últimas semanas...-dijo recorriéndome con la mirada.
-Yo también a ti, se me han echo eternas comparadas con este último año-dije nostálgica.
Me acarició suavemente la mano, y yo le miré directamente a los ojos.
-Te quiero -dijimos casi al unísono.
Sentí como me abrazaba y me envolvía el calor de su cuerpo, no sentí ni una pizca de frío.
-Hace un rato, cuando has llegado, me he tocado el colgante instintivamente, y ha vibrado- dije separándome lentamente de él.
-Pero eso es totalmente imposible, dejó de funcionar aquel día...-Dijo con el ceño fruncido.
-Creo que no es imposible...y también se cual es la respuesta a eso...
Me toqué el colgante y pasé lentamente la mano por la piedra transparente y luminosa.
Sabía que estaba pasando, y no significaba nada bueno...

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